<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335</id><updated>2012-02-17T04:29:01.773+01:00</updated><category term='Escritos'/><title type='text'>La encina gitana</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>25</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-8311832998813412585</id><published>2010-03-22T13:16:00.003+01:00</published><updated>2010-03-22T13:22:12.293+01:00</updated><title type='text'>Raimundita</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S6dg69if4nI/AAAAAAAAAFo/Lgre8CoQvZ4/s1600-h/raimundita2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 222px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S6dg69if4nI/AAAAAAAAAFo/Lgre8CoQvZ4/s320/raimundita2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5451432440023212658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una noche muy larga. En la mesa hay aparatos que no entiendo. Ellos sabrán lo que hacen, yo sigo en silencio para no estorbar. ─¡En el espejo!─ dicen. Sus miradas y los cables no tardan en localizar el lugar. No hay nada. Antes estaba tranquila, ahora tengo miedo. Me levanto y miro a través de mis manos el recuerdo azul de los zapatos de baile. Busco los ojos del que tengo al lado y él atraviesa mi mirada sin hacerme caso. Estoy nerviosa. Observo que más allá del balcón entreabierto aún es noche cerrada, no quiero verlo, no me gusta la noche. Cierro los postigos. ─¡En la ventana!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-8311832998813412585?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/8311832998813412585/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/03/raimundita.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/8311832998813412585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/8311832998813412585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/03/raimundita.html' title='Raimundita'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S6dg69if4nI/AAAAAAAAAFo/Lgre8CoQvZ4/s72-c/raimundita2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-4582368886358829964</id><published>2010-03-06T11:28:00.003+01:00</published><updated>2010-03-06T11:41:08.934+01:00</updated><title type='text'>Rafael tiene cara de gitana vieja</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S5IxOMT-zuI/AAAAAAAAAFY/EBV1MFzRbuY/s1600-h/rafael+tiene+cara+de+gitana+vieja.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 237px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S5IxOMT-zuI/AAAAAAAAAFY/EBV1MFzRbuY/s320/rafael+tiene+cara+de+gitana+vieja.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5445469019337314018" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Triana, 15 de marzo de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi querido Rafael:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, justo hoy, cuando se cumple un año desde que volví a tenerte cerca y habíamos planeado pasarlo juntos, me han llamado del hospital. Por fin hay hueco, ya sabes, lo que te conté. El riñón. Meses llevo esperando y tenía que ser precisamente hoy.&lt;br /&gt;Como no quiero dejarte sin aviso, le voy a dar esta carta a la gitana y cuando llegues la lees. Me ha prometido dar contigo aunque yo no esté, que le diera una foto y algo que hubieras disfrutado en vida. Con las prisas no se me ha ocurrido otra que darle el taladro, y es que nada te gustaba más que hacer agujeros en las paredes. Y la gitana, con la guasa que tiene, dice que no sabe si podrá concentrarse agarrada al mango, ¡anda que...! Aunque yo sé que sí. &lt;br /&gt;Un año ya, Rafael. Parece mentira. Y yo como una tonta desde que te fuiste sin creer en estas cosas del otro mundo, con la de veces que me insistió Julita. Desde el accidente estaba detrás de mí y fíjate si hace años. Que si en la calle Betis todos confiaban en ella, que si era muy milagrosa, que si sólo cobraba la voluntad. “Desde emplastes de hierbas para los males de barriga hasta oficios para desaojar y contactos con el más allá, de todo hace la mujer”, me decía, pero yo ni caso de puro miedo, la verdad, que ya sabes el susto que me dieron siempre las almas en pena. Hasta que una noche le vino un aire a la pobre gitana y se quedó parada de medio cuerpo, entonces Julita me dijo que o corría o no la pillaba. Y es que los años no perdonan a nadie, por muy bruja que se sea. Si yo ya voy para los ochenta a ella no le faltará mucho, que poco más nueva que yo parece y encima con el paralís. A estas edades, Rafael, lo que tanto importaba ya no importa. Tú, como te has quedado en los cuarenta quizá no me entiendas, pero qué más me daba a mí, hace un año, ocho que ochenta; ni los miedos importaban ya. Los hijos hacía tiempo que se me habían ido, y tú para qué contar. Por eso fui, por probar y, lo que son las cosas, te encontré. Un año ya Rafael, cómo pasa el tiempo. &lt;br /&gt;Me acuerdo ahora de aquella primera vez. Julita me acompañó, como ella es cliente de toda la vida nos hizo hueco un sábado, porque era sábado. Creía yo que la casa sería oscura y empolvada, pero no, buen patio con montera tiene la gitana, con unos geranios reventones que ya me gustarían a mí para mi balcón. La mujer nos recibió en una salita del primer piso, sentada porque el ataque la había dejado en silla de ruedas. Se rió al verme y me dijo que si por fin me había decidido, y es que toda la vida me conoció huyéndole siendo vecinas como somos. Me hizo preguntas, muchas. Tu nombre, tus gustos, cómo nos conocimos, la vida, los hijos, los apuros y los contentos, el accidente, sobre todo el accidente. Luego cerró los ojos y agarró mis manos, respiró hondo tres veces, y cuando volvió a abrirlos ya no era ella, sino tú. No eran sus ojos, sino los tuyos, ni su voz, sino la tuya, como si la gitana no fuera más que una máscara de carnaval. De la impresión creí que me desmayaba, solté tus manos, que tuyas eran, y casi me caigo de la silla antes de oírte decir: “Pero Amparito, ¿que has hecho con tu rodete? ¿Dónde vas a pinchar ahora la moña de jazmines?”. Me dejaste tan asombrada que se me fue el susto y sentí que no había pasado el tiempo. “Me lo corté, Rafael. Los niños me convencieron ya de vieja”, te contesté. ¡Cuántas cosas nos contamos aquella primera vez! ¿Te acuerdas? Supe que nunca te habías ido, que seguías pegado a mí desde aquel maldito día. Y supe de dónde vinieron tantas cosas raras que me tocó vivir, que siempre fuiste tú, tan guasón en vida y así seguías, para quedarte conmigo y reírte un rato a mi costa ¡Mira que el entretenimiento! Ni limbo ni porras, igualito que siempre. Anda que no prendiste luces a las tres de la mañana, que hasta la hora tenías cogida, loco tenías al electricista. ¿Y los muebles que aparecían en medio del pasillo? También te divertía esconderme las cosas; que si la radio, que si el bolso, que si la cabeza, eso es lo que llegué a creer muchas veces, que había perdido la cabeza. ¡Y siempre fuiste tú!, ¿será posible? Luego pensándolo bien recordé el principio, reciente el accidente cuando no podía dormir de pura soledad, que aparecías a mi lado en la cama, tumbado boca arriba igual que siempre habías estado y yo quería tocarte, pero al alargar mi mano te disolvías como si fueras humo. Después no quise más rozarte, sólo te miraba queriéndote igual que siempre, porque mira que te quise ¡Qué guapo eras, Rafael! Con la piel tan suave y ese pelo negro, y tu sonrisa zumbona que me volvía loca, ¿te acuerdas? Así te veía a mi lado, aunque parecías como de aire y humo, cada noche más transparente, hasta que un día no te vi más. Luego me olvidé de aquello. Es ahora cuando recuerdo aquellas noches de soledad mirando tu sombra. Pero te prefiero así como hoy, aunque tengas la cara fea de una gitana vieja y tullida, porque te escucho y me escuchas y hasta te toco, aunque sea con otra piel. Sí, ya sé que piensas que estoy rancia, con esa manía tuya de no callarte nada me lo has largado más de una vez en estos últimos tiempos. Pero ten paciencia, parece ser que cuando estemos juntos al otro lado volveré a tener pocos años, menos mal, no quisiera parecer tu abuela allí donde sea.&lt;br /&gt;Pienso ahora en mi suerte por tenerte, no disfrutaron la misma las otras viudas del accidente cuando aquella grúa os arrancó de cuajo la vida. En Astilleros dijeron que fue vuestra culpa, un descuido, no cumplir las normas, y eso nos dejó una pensión que no daba ni para pipas con tantos hijos como se tenían entonces. Por eso a unas más que a otras, nos tocó sacar las castañas del fuego. Yo me coloqué en un piso de la Plaza de Cuba, de aquellos grandes que construían cuando te fuiste, ¿te acuerdas?, y allí crié a unos hijos que no eran los míos. Ahora, casi más me quieren que los nuestros Rafael. Yo creo que los pobres míos aguantaron mucha rabia, tú sabes, que gracia no podía hacerles quedarse solos mientras su madre hacía de madre de otros. Pero qué iba a hacer yo. Ahora sé que no me lo perdonan, que me tienen guardada aquella rabia, sobre todo los mayores. Vienen poco a verme. Rafaelín se casó con una sobrina del estanquero y viven cerca, pero ni así. A sus dos hijos, mayores ya, hace tiempo que ni los veo. Esperancita se fue lejos, heredó tu fuerza y desde jovencilla sólo quiso conocer mundo, en América vive, sola. Por mucho que le insisto ella no quiere venirse, cuando la vi hace dos años me pareció otra, Rafael, que hasta el habla lo tenía distinto. Me da miedo morirme y no verla más. Mariano es distinto. Es el que más se ocupa de mí, viene cada semana a ver cómo sigo, qué necesito. Tiene una niña chica que se llama Amparito, como yo, y que es mi alegría Rafael. Siempre le digo que se parece a ti, que tiene tus ojos negros, y entonces ella coge tu foto con sus manitas gordas y te da mil besos. Luego tengo que limpiar el marco con cristasol porque lo deja todo pringado. Mi corazón.&lt;br /&gt;Bueno, Rafael. Ya termino. Tengo que dejar la carta a la gitana y el niño está al llegar para llevarme al hospital, quiere estar conmigo cuando salga del quirófano, ya te digo que Mariano es distinto. No puedo contarle de  ti, pensaría que me he vuelto loca y me llevaría a una residencia, con lo bien que me manejo todavía. Espero que cuando leas esta carta vengas corriendo conmigo y me cojas de la mano, aunque yo no lo note. Si sé que te tengo cerca cualquier dolor será menos, y si Dios quisiera llevarme, espero que seas tú quien me reciba, que si no a ver cómo te encuentro luego. Tengo miedo Rafael. No me dejes sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre, siempre tuya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amparo&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-4582368886358829964?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/4582368886358829964/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/03/rafael-tiene-cara-de-gitana-vieja.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/4582368886358829964'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/4582368886358829964'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/03/rafael-tiene-cara-de-gitana-vieja.html' title='Rafael tiene cara de gitana vieja'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S5IxOMT-zuI/AAAAAAAAAFY/EBV1MFzRbuY/s72-c/rafael+tiene+cara+de+gitana+vieja.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-3530607007570801895</id><published>2010-02-23T22:57:00.002+01:00</published><updated>2010-02-23T22:59:37.586+01:00</updated><title type='text'>Representación</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S4RPtE4MhOI/AAAAAAAAAFQ/Hiy4bFhGcHs/s1600-h/representaci%C3%B3n.gif"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 90px; height: 99px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S4RPtE4MhOI/AAAAAAAAAFQ/Hiy4bFhGcHs/s320/representaci%C3%B3n.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5441561885592552674" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Era ridículo el temblor del último minuto, no podía vencer éste a tantas horas de trabajo. Las luces aún no la iluminaban y en la sala se oían voces que se preparaban para el silencio, papeles de caramelos estrujados,… Al salir, los aplausos. Sus primeros aplausos que en vez de animarla la envolvieron en una nube de sensaciones extrañas. Comenzó a interpretar maquinalmente dentro de ese ensueño de focos y silencio roto por los progresivos sonidos que salían del piano; luego, al fin logró formar un solo cuerpo con la música. &lt;br /&gt; Era una mano larga, pálida y delgada, con cinco ligeros bailarines que en el teclado hacían su primera representación. Al principio tímidamente, pero su juventud acabó imponiéndose y a lo estético de su movimiento de academia se unió una energía vitalizante. Era maravilloso ver, y oír, y sentir con todo el cuerpo la perfecta armonía de los cinco dedos con el teclado. A veces uno saltaba y los demás esperaban su vuelta y otras, cuando la composición llegaba a su cima, estaban los cinco, con sus cinco movimientos, acordes. El hechizo llegaba a Todos, la nube cubría la sala.&lt;br /&gt; Así, cuando uno de los dedos cayó y los demás abandonaron la obra para levantarlo, esa nube, el encanto que rodeaba a Todos se fue dejando un vacío que nadie se atrevía a llenar. Sólo la mano entendía, la iba invadiendo un nerviosismo que ella transformó en excitados, magníficos movimientos sobre las teclas. Improvisaba una danza extraña, del piano salían voces cautivadas. Todos los sentidos daban desordenados sus cortos informes por la excitación de querer pertenecer a aquel momento único.&lt;br /&gt; Después, una paz serena se apoderó de la mano. Los frenéticos aplausos de Todos llenaban el espacio, pero tras una tranquila barrera ella permanecía en el recuerdo de la ilusión pasada. Para Todos era una gran artista, ella se sentía renacer viendo claro el motivo de su existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivía para el piano porque sólo ella podía hacerle sentir. No tenía derecho a callar la voz de un ser hasta entonces mudo y que ahora quería expresar todo su silencio en un instante. No podía ocultar la música que salía de la perfecta unión de los cinco dedos en el teclado y tenía poco tiempo; las manos envejecen y pierden su fuerza pronto. &lt;br /&gt; Para Todos se equivocaba, había elegido una vida vacía, una pérdida de tiempo y de talento, pero ella se sentía completa. Palabra a palabra su unión con el piano fue mayor; ella prestaba la fuerza y la expresión, él daba su voz. Había días en que uno frente al otro se decían simplezas, hablaban de la lluvia, de una nota desafinada,…A veces entablaban fenomenales conversaciones sinfónicas sobre filosofía, política, religión, la armonía de un acorde, el sonido de una nota.&lt;br /&gt; Recuerdo una mañana en que la mano, muy inspirada, hablaba con el piano recién afinado. El baile empezó suavemente, pero con la sucesión de sonidos, de minutos, fue cobrando intensidad. La música subía, bajaba, se paraba de pronto para empezar siempre suavemente y acabar en la mayor culminación del poema. El espectáculo visual era tan bello e insólito como lo que se escuchaba, una completa armonía de movimientos entre los cinco, expertos ya.&lt;br /&gt; Pocos tuvimos la suerte de asistir a aquel concierto que, interpretado en un famoso teatro, habría sido un hito por su alta calidad. Digo pocos porque sólo estábamos en la habitación los de siempre: el armario que guardaba las obras, obras de la mano que yo copiaba en la oscuridad y que estaban siempre calladas, el polvo del piano, la luz de la ventana, la sombra de los rincones más apartados y la estufa que, luchando con el frío, nunca conseguía vencer. También las paredes escuchaban, y las grandes cortinas de la ventana cuando no dormían plegadas en una esquina. Hace poco supe que más allá de nuestras paredes también había oídos intentando escuchar algo de lo que ocurría en nuestro cuarto. Finalmente, las duras e indiferentes herramientas que alguna vez afinaban las cuerdas del piano y yo, la escritora siempre sentada junto al armario donde guardaba las obras copiadas ilegalmente con la ayuda del piano. Éste me ayudaba por amor, decía, y sé que por vanidad. Le gustaba pensar que Todos descubrirían alguna vez la música creada con sus sonidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida había pasado tranquila. Íbamos envejeciendo. La mano, más encerrada en sí misma, veía cerca su muerte y pensaba mucho en su vida pasada. Menos impulsiva, tendía constantemente hacia las teclas izquierdas del ya no tan blanco teclado. El piano también estaba más viejo, su agilidad era un recuerdo, los dedos necesitaban una fuerza perdida para empujar penosamente las teclas.&lt;br /&gt; El armario estaba lleno y los papeles se amontonaban en algunos rincones, las obras más antiguas estaban amarillentas y olían fuertemente al polvo que no cabía en la tapa del piano. La luz era débil y la sombra aumentaba invadiéndolo todo; ya rozaba la madera negra provocando una extraña visión, el piano era un manto que cubría gran parte de nuestro cuarto. Las herramientas, por ser fuertes y prácticas, conservaban su juventud. Yo sí estaba más vieja, cansada de escribir, de observar un mundo tan cerrado. Demasiado cansada para salir y añadirme a Todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ahora ya todo ha terminado. La mano ha muerto cerrando el piano. El polvo ha aumentado y los papeles apilados por los rincones están más amarillentos aún. Las cortinas son, desde hace tiempo, un montón de trapos en la sombra y las paredes no se distinguen bien. Los oídos siguen intentando escuchar desesperanzados lo que no van a volver a oír. Y yo, puedo por fin cerrar la ventana, los ojos, y descansar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-3530607007570801895?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/3530607007570801895/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/02/representacion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/3530607007570801895'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/3530607007570801895'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/02/representacion.html' title='Representación'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S4RPtE4MhOI/AAAAAAAAAFQ/Hiy4bFhGcHs/s72-c/representaci%C3%B3n.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-6848411909181631804</id><published>2010-02-01T22:00:00.002+01:00</published><updated>2010-02-01T22:17:24.760+01:00</updated><title type='text'>Pateras</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S2dE0USCBuI/AAAAAAAAAFI/EeFDtHFc7BE/s1600-h/pateras2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 209px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S2dE0USCBuI/AAAAAAAAAFI/EeFDtHFc7BE/s320/pateras2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5433387141034018530" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Aquél iba a ser el último viaje para Hamid Soudad y tenía miedo. Aún no sabía cómo, pero abandonaría aquello. Quizá muriendo. &lt;br /&gt; Después de una semana de espera, parecía que la noche sería propicia al paso del estrecho. El viento de levante había cambiado al fin en la tarde; una brisa suave venía desde el noroeste cuando Hamid se acercó al mar para ver su movimiento. Olas suaves llegaban a la orilla con esa respiración tranquila que, antes, tanto le habría gustado. El agua arrastraba las conchas que se amontonaban en el borde de la tierra seca, las algas mecían dulcemente sus tentáculos con el vaivén de la marea. Pero aquella tarde el muchacho sabía que el mar no era dulce, había visto morir a muchos. Aquél sería su último viaje, aunque no supiera cómo hacerlo. Quizá muriendo.&lt;br /&gt; Se dirigió al punto de encuentro, era un grupo de negros, de Nigeria, o quizá de Sierra Leona, para Hamid era lo mismo; esperaba que sólo hubiera hombres, no soportaba ver mujeres y niños amontonados en la barcaza. Llegó al almacén cuando el sol iluminaba apenas la calle sin asfaltar. Del cafetín de la esquina salía música española, era la televisión que unos viejos oscuros miraban callados, la luz amarillenta de una bombilla daba algo de luz a Hamid cuando abrió la puerta del almacén. No sabía cuanto tiempo llevaban allí, quizá una semana, puede que más. Olía a desechos y restos podridos; un ventanuco era la única entrada de aire fresco del almacén, un grifo goteando, un retrete oculto tras una cortina costrosa. Eran treinta y dos, entre ellos dos mujeres embarazadas, ningún niño. Él les dio instrucciones por señas, saldrían cuando el cafetín hubiera cerrado, cuando la luna nueva no pudiera delatar sus pasos hasta la playa.&lt;br /&gt; Hamid había llegado a Tetuán desde Alhucemas después de la muerte de su padre. Tras del accidente, la Societé d´Explotation des Mines du Rif no se hizo responsable más que del entierro y una pequeña cantidad a la madre, y él soñaba con ver salir el sol por el otro lado del mar. En Tetuán no era fácil sobrevivir, sí lo era encontrar patrones que llevaran gente a Europa, patrones que contrataran a muchachos acostumbrados al mar, y Hamid conocía el mar, de tanto mirar el horizonte, de tanto soñar con cruzarlo. &lt;br /&gt; A pesar de la aglomeración, el silencio era casi total en el almacén. Al llegar el momento, Hamid los dirigió a la playa, la barcaza estaba oculta entre las rocas y tendrían que llevarla al mar. Después de tanto levante, esa noche encontrarían más embarcaciones cruzando el Estrecho, no sería raro que los detuvieran las lanchas españolas. Subieron a la barca en orden, como si hubieran ensayado previamente sus pasos, y no se volvieron para mirar la tierra de la que se alejaban quizá para siempre. Ya separados de la costa marroquí, Hamid supo que la travesía sería fácil, el viento era suave y el motor de la barcaza la hacía avanzar a buen ritmo. Recordó otras veces de mala mar, en las que las olas subían por encima de los cuerpos ateridos, y el zarandeo los hacía vomitar por la borda, en que las madres abrazaban tan fuerte a sus hijos que ahogaban sus llantos dentro de sus vientres, en que tardaban diez horas en  divisar el resplandor del faro de Trafalgar. Pensó en su madre, en las cartas que un amigo le enviaba por él desde Huelva y que contaban mentiras sobre vergeles freseros y playas de arenas finas, sobre dinero honesto y felicidad. &lt;br /&gt; Un golpe de mar desvió ligeramente el rumbo y Hamid tuvo que girar el timón;  un hombre gritó de dolor por las quemaduras que le produjo la gasolina derramada junto al agua salada, fue su compañero de asiento quien lo calmó hasta quedar de nuevo en silencio. Hamid no se movió, hacía mucho que no atendía ninguna mirada, así era más fácil olvidar. Porque aún soñaba cada noche con la mar dura, y las lanchas acosándolos desde Tarifa, con los ahogados de aquella primera travesía. Hombres y mujeres que al caer al mar no pudieron mover los brazos, los tenían endurecidos por el frío y el miedo y se hundieron sin luchar. Los lamentos de los que permanecían en la barcaza resonaban aún en los oídos de Hamid  y las miradas de los ahogados aún las sentía clavadas en él.&lt;br /&gt; Cerca del amanecer divisó el relumbre del faro. Abandonaría la barcaza en la orilla y huiría con los demás por los montes de Meca. Sí, aquella sería su Meca, su peregrinación al sitio del profeta. Si lograba escapar iría a Huelva en busca del amigo y  de trabajo en las fresas, si no, se mataría antes de ser devuelto al patrón. Le habían dicho que la policía llevaba a los marroquíes a un lugar llamado Isla Paloma mientras organizaban la repatriación, y que los heridos acababan en un hospital del que era fácil escapar en un descuido. Faltaba poco, pronto divisarían la costa de Trafalgar, algunas motoras más potentes ya habían dejado su carga y desandaban el camino. Una pasó tan cerca que el tripulante avisó a Hamid de que había patrulleras, que no hicieran ruido, que sólo escaparían si por suerte las lanchas se ocupaban de otras embarcaciones que iban delante de ellos.&lt;br /&gt; - Son lo menos diez. Nos esperaban – se le oyó decir.&lt;br /&gt; - ¿Cerca del cabo?&lt;br /&gt; - Sí, y también en los Caños y en Barbate. Mejor navega hacia Tarifa. – y antes de alejarse – Mal día para cruzar.&lt;br /&gt;  Los hombres estaban nerviosos, se levantaban en sus asientos mirando con ansia el horizonte, algunos decidieron llegar a nado y Hamid supo que no lo lograrían. Una luz potente lo sorprendió de pronto acercándose a gran velocidad. Él cambió ligeramente el rumbo, buscaría un lugar más seguro en la costa. Pero la luz seguía acercándose. Los negros no tenían miedo a la deportación, sabían  que si tiraban sus papeles por la borda no tendrían que aclarar su procedencia, a ellos los dejaban deambular por las ciudades esperando una oportunidad. Pero Hamid no tendría la misma suerte y los montes de la costa, desde aquel mar, ya con la luz del amanecer, no parecían tan lejanos. Casi se podían tocar extendiendo los brazos, y oler los pinos desde allí.&lt;br /&gt; Cuando la patrullera llegó hasta ellos, Hamid Soudad se lanzó al agua;  no pudo moverse, tenía los brazos endurecidos por el frío y se hundió sin luchar. Pero él no buscó ninguna mirada a la que agarrarse. Antes de desaparecer bajo las olas sólo quiso contemplar el sol que ya salía por el otro lado del mar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-6848411909181631804?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/6848411909181631804/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/02/pateras.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/6848411909181631804'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/6848411909181631804'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/02/pateras.html' title='Pateras'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S2dE0USCBuI/AAAAAAAAAFI/EeFDtHFc7BE/s72-c/pateras2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-7827314212124648165</id><published>2010-01-24T21:22:00.005+01:00</published><updated>2010-01-27T14:16:14.169+01:00</updated><title type='text'>Misa de ocho (final)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S1yvfy52T3I/AAAAAAAAAE4/vEiqe2Kephk/s1600-h/misa+de+ocho+final+dos.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S1yvfy52T3I/AAAAAAAAAE4/vEiqe2Kephk/s320/misa+de+ocho+final+dos.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5430408211477188466" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;- Ya hay varias ofertas. Una, que me parece la mejor, es de Andrés Mejías. Quiere el huerto para hacerse una casa con piscina y todo. Las otras son un poco más bajas, pero aseguran que pagan en cuanto se firme la escritura.&lt;br /&gt;-¿Otra vez lo mismo, Ramiro?- Evelina aparece tras la cortina de damasco.  Ya está arreglada para irse a la iglesia. Un traje azul bien planchado, el bolso en el codo, los labios pintados y su perfume - ¡Parece mentira! ¡Tantos años para esto! Y tú Ignacio, anímalo que es lo que falta ¿Ya no te acuerdas de lo bien que te ha tratado la familia? &lt;br /&gt;El hermano parece cansado y no va a tolerar otra injusticia.&lt;br /&gt;-¡A Ignacio lo dejas en paz, que bastante tiene con aguantarte!- Ramiro se dirige hacia su hermana amenazador.&lt;br /&gt;- ¿Aguantarme? No sé yo quién aguanta a quien en esta casa – dijo como reproche.&lt;br /&gt; -Egoísta hasta la muerte ¿eh, hermana? Tanta tradición, tanto recuerdo,…&lt;br /&gt;-¿Egoísta yo? ¿Y tú, que te fuiste para no volver? Pero los Padres no te extrañaron, tenían bastante conmigo.&lt;br /&gt;-¡Falsa! Me enfrentaste a Padre desde que naciste, pobre hombre manejado por dos arpías. &lt;br /&gt;- ¡No te atrevas a decir siquiera su nombre! Mal hijo. Aquél día te fuiste para siempre. Ya Madre me lo advirtió.&lt;br /&gt;- Madre. Madre te envenenó desde la cuna- caminando frente a ella la hace retroceder hacia la cancela- Espíritu retorcido. Aquél día viste pecado donde sólo había amor y él huyó por tu culpa. Sí, él. Quitemos las caretas. Me enamoré de tu novio, mucho más lo quise que tú. Cuando lo llevabas al olor de las rosas y los jazmines él pensaba en mí. Cuando le decías cursiladas él recordaba mis poemas, cuando le rozabas la mano él añoraba mi piel.&lt;br /&gt;-¡Bárbaro! ¡Demonio!- Evelina tropieza nerviosa con los tacones en las juntas del suelo- ¡él me quiso siempre, pero nuestro amor era imposible! Se fue para no sufrir sin poder tenerme.&lt;br /&gt; Ramiro ríe sincero&lt;br /&gt;- ¡Estaba conmigo, ilusa! Aunque tú ya lo sabes, sabes que vivimos juntos hasta su muerte, sabes que nos quisimos sin…&lt;br /&gt;-¡Calla! ¡No mientas más! ¿Qué has venido, a amargarme la vida que me queda?- Evelina  recobra la fuerza- No lo conseguirás. Yo sé que eres malo, que eres el demonio. No debí dejarte entrar en mi casa. &lt;br /&gt;-Nos quisimos sin reservas, y cuando murió su última mirada fue mía, sólo mía.&lt;br /&gt;Ella lo golpea con un puño cerrado en la solapa de la chaqueta, en la cara. La rabia le arruga la boca y la voz se le afina ridícula. Es Ignacio quien sujeta su brazo, quien les pide que se calmen. Ramiro entonces da la vuelta y se dirige a la escalera, ella estira su vestido y se coloca bien el bolso y, como si nada hubiera ocurrido,ensaya una sonrisa. Abre el manubrio de la cancela y sale a la calle. A pesar de la rabia sus pasos son firmes. Con un movimiento algo lánguido va saludando a la gente que encuentra a su paso, apenas inclina la cabeza, como las señoras, porque ella es una señora. Luego, al fondo, en el pórtico de la iglesia destaca su figura altiva entre las otras mujeres que, como ella, llegan a tiempo para la misa de ocho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-7827314212124648165?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/7827314212124648165/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/01/misa-de-ocho-final.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7827314212124648165'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7827314212124648165'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/01/misa-de-ocho-final.html' title='Misa de ocho (final)'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S1yvfy52T3I/AAAAAAAAAE4/vEiqe2Kephk/s72-c/misa+de+ocho+final+dos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-7466852584640251835</id><published>2010-01-15T18:33:00.006+01:00</published><updated>2010-01-25T16:02:08.806+01:00</updated><title type='text'>Misa de ocho (tercera parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S1yu1nH9XaI/AAAAAAAAAEw/jhT7qfqdGcE/s1600-h/misa+de+ocho+final.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S1yu1nH9XaI/AAAAAAAAAEw/jhT7qfqdGcE/s320/misa+de+ocho+final.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5430407486760639906" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Evelina, refunfuñando, recoge la bandeja y la lleva a la cocina. Después enciende la televisión de la salita, hay una película. Seguro que es una película fea y mañana se tendrá que confesar con D. Joaquín. Pero la verá entera, siempre las ve. Así, al terminar, adormecida, se va a la cama sin pensar en nada. Sin pensar en aquellos días. Ni en lo que pasó.&lt;br /&gt; La mañana entra con fuerza por el balcón abierto del cuarto de huéspedes. Ramiro, despierto desde hace rato, decide levantarse temprano y visitar el pueblo. Quizá aún conozca a alguien, puede que haya quien se acuerde de él. Se asea en el cuarto de baño de arriba, con humedades y olor a moho. Cuando baja la escalera nota movimiento en la cocina y olor a café. Es Manuela que se ofrece para llevarle el desayuno a la salita.&lt;br /&gt;Después sale a la calle. No hay mucha gente, pero no quiere encontrarse con su hermana y prefiere ir él mismo a casa de Ignacio para que le informe.&lt;br /&gt; Evelina nunca se levanta temprano. Le gusta dormir hasta bien tarde, porque si no el día se hace largo, y más ahora que es casi verano. Ni siquiera la presencia de su hermano le hace perder el sueño. A mediodía se levanta con el pelo revuelto y los labios secos. Manuela le ha preparado el baño. Casi no se acuerda de la visita cuando la criada le dice que, por ser un día especial, ha hecho esa menestra que le sale tan bien y unos boquerones fresquísimos que compró en el mercado. De postre brevas y melocotones que Beltrán ha cogido esa misma mañana en el huerto. El huerto.&lt;br /&gt; -¿Y mi hermano?&lt;br /&gt;-Salió temprano.&lt;br /&gt;A eso de las dos de la tarde suena la esquila. Es él.&lt;br /&gt;-Avíseme cuando esté la comida, Manuela, por favor.&lt;br /&gt;-Descuide D. Ramiro. Su hermana me preguntó por usted hace rato. Está en el jardín mirando las rosas, Beltrán dice que hay pulgón.&lt;br /&gt;Pero él no la escucha. No quiere entrar en charlas con nadie, prefiere estar sólo. Desde la habitación observa a Evelina que habla con un hombre en el jardín; la misma escena de entonces. Debe ser Beltrán. Se acuesta sobre la cama, encima de la colcha de hilo, para ver si se le pasa el dolor. Sabe que a partir de ahora los dolores serán más y más fuertes, prefiere reservar los analgésicos para más adelante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando Evelina entra de nuevo en la casa, la mesa ya está preparada.&lt;br /&gt;-Manuela, sube al cuarto de huéspedes y llama a mi hermano. Vaya horas de llegar. Dile que no tarde, que la comida se enfría.&lt;br /&gt;El comedor es una habitación aún más solemne que el resto de la casa. Una mesa&lt;br /&gt;enorme, rodeada de sillas isabelinas, y varios aparadores y vitrinas, no son suficientes para agobiar el espacio. Dos manteles individuales, uno en la cabecera de la mesa y el otro a su derecha, hacen ver que los únicos comensales serán los dos hermanos. Evelina se coloca a la derecha; a pesar de los pesares, su hermano es el varón de la casa y debe sentarse a la cabecera. Espera con impaciencia que aparezca él.&lt;br /&gt; -Buenas tardes, Ramiro. ¿Has dormido bien?  &lt;br /&gt; - Bien, gracias. He salido temprano a v er el pueblo. &lt;br /&gt; -Manuela ha hecho un plato especial para ti. La menestra le sale riquísima, ya verás.&lt;br /&gt; Los dos comen tranquilos, casi sin hablar. Saben que si no es así, los fantasmas del pasado los alterarían.&lt;br /&gt; -Comes poco, Ramiro. &lt;br /&gt; -Ya no soy un chaval. Los viejos debemos comer poco, las digestiones se nos atraviesan.&lt;br /&gt; -Padre tomaba bicarbonato.&lt;br /&gt; -Sí, ya sé.&lt;br /&gt; -¿Quieres café? &lt;br /&gt; -No gracias. Voy a dormir un rato. Si viene Ignacio me llamas, si no te importa.&lt;br /&gt; Ramiro se levanta de la mesa. Evelina lo mira con indignación, pero no dice nada. ¡Cómo se le ocurre no esperar que ella termine el postre! ¡Su madre lo educó igual que a ella! Pero no parecen hermanos, no señor.&lt;br /&gt; Al terminar, Manuela recoge los platos. Ella se sienta en un sillón de la salita para mirar la tele. A esas horas hay un programa que le gusta, de mujeres que cuentan cosas. Enterarse de la vida de los otros le divierte, quizá es lo único que le divierte si no se cuentan los rezos y el jardín. Pero en el pueblo no quiere chismorrear, ella es una señora y no debe dar tanta confianza a la gente. En tiempos de su madre tenían amigas y familiares que alegraban las tardes de la casa, hoy ella se conforma con la televisión.&lt;br /&gt; A eso de las siete de la tarde aparece Ignacio. Manuela, antes de marcharse, avisa a Ramiro.&lt;br /&gt; -Señorita, que ya me voy. Mañana es sábado y traeré churros para el desayuno; seguro que a su hermano le gustan. Adiós Ignacio.&lt;br /&gt; Evelina tiene prisa, ayer faltó a misa por la venida de su hermano, pero hoy se irá un rato antes para rezar el rosario. No quiere dejar a Ignacio y Ramiro solos en la casa, a saber lo que harán si ella no está, que ya vio ayer lo poco que podía confiar en el encargado, tan amiguitos los dos. ¡Y si les da por enredar en los papeles del abuelo! Mejor cerrar con llave el despacho. ¡Y las joyas! La necesidad de dinero del hermano la preocupa, no vaya a ser…Mejor guardarlas en el despacho mientras no está. Falta media hora. &lt;br /&gt; Las voces de los hombres resuenan en la galería.&lt;br /&gt; -Ignacio, buenas tardes. ¿Hablaste con el corredor? Cuanto antes pongamos en venta la finca, antes saldrán las ofertas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-7466852584640251835?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/7466852584640251835/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/01/cuando-evelina-entra-de-nuevo-en-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7466852584640251835'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7466852584640251835'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/01/cuando-evelina-entra-de-nuevo-en-la.html' title='Misa de ocho (tercera parte)'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S1yu1nH9XaI/AAAAAAAAAEw/jhT7qfqdGcE/s72-c/misa+de+ocho+final.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-7839348307419029725</id><published>2010-01-13T15:39:00.003+01:00</published><updated>2010-01-13T15:54:17.764+01:00</updated><title type='text'>Misa de ocho (segunda parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S03ejiGElWI/AAAAAAAAAEY/iSfsTeZmcJk/s1600-h/misa+de+ocho+2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 100px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S03ejiGElWI/AAAAAAAAAEY/iSfsTeZmcJk/s320/misa+de+ocho+2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5426237828080375138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Evelina ya ha preparado la bandeja con las tazas de porcelana fina, platitos para los dulces y servilletas de hilo. Ya ha colocado en la camilla de la salita de estar un mantel con olor a naftalina. Sólo falta que suba el café, y que la leche se caliente. También falta que llegue Ignacio.&lt;br /&gt; Es el encargado de la casa, hijo del antiguo encargado y nieto del anterior. A Evelina le lleva las cuentas con atención y cuidado, nunca se tuvo que preocupar de aquello mientras vivieron sus padres, y al morir, éstos dejaron esos asuntos en manos de Ignacio para que ella siguiera tranquila. Todo igual, siempre igual vive holgadamente con lo que le da el campo y las rentas de las casas con inquilinos antiguos, además ella no gasta, sólo las compras diarias y las limosnas en la iglesia. De los arreglos en la casa se ocupa Ignacio, y Beltrán el jardinero. También viene Manuela para hacerle cada día la comida y la limpieza, Evelina sabe apenas preparar café y hacer camas, nunca necesitó aprender nada más.&lt;br /&gt; Suena de nuevo la esquila. El encargado es puntual. Son las nueve menos veinte, acaba de terminar la misa. Hoy no se queda a la novena.&lt;br /&gt;-¡Ya voy!- a Evelina le gusta avisar su llegada a la puerta, es poco amiga de dar&lt;br /&gt;sorpresas.&lt;br /&gt;-Buenas tardes, señorita Evelina. ¿Llegó su hermano?- Ignacio es un anciano bien conservado.&lt;br /&gt;-Sí, llegó. Anda, pasa a la salita que he preparado un café de los que nos gustan.&lt;br /&gt; -¿Cómo está Don Ramiro?- susurra él para que no resuene su voz en las bóvedas.&lt;br /&gt; -Viejo.&lt;br /&gt; Los pasos del hermano suenan ya desde la escalera. No se ha cambiado de ropa, sólo falta la maleta.&lt;br /&gt; -¿Ignacio?&lt;br /&gt; -Sí, Don Ramiro.&lt;br /&gt; -Pero hombre, ¿qué es eso de Don Ramiro? Siempre fuiste mi amigo, la edad la tenemos parecida- cuando llega a la altura del anciano se abraza a él con verdadero afecto. &lt;br /&gt; -Sí, Ramiro, pero han  pasado tantos años y tantas cosas- Ignacio no se encuentra cómodo con la situación. Quizá sea por la mirada áspera con la que la hermana observa la escena.&lt;br /&gt;  -El café se enfría- dice ella con retranca.&lt;br /&gt; Los tres pasan a la salita y se sientan en silencio alrededor de la camilla. Evelina sirve el café, la leche, el azúcar y ofrece los dulces. &lt;br /&gt; -¿Perrunillas? ¡Cuánto tiempo!- Ramiro elige una especie de galleta ovalada- Bueno, ya sabéis que he venido para solucionar lo del huerto.&lt;br /&gt; Hablar del huerto es destapar la caja de los recuerdos, de los malos recuerdos. Evelina piensa en lo que perdió,  recuerda el vestido que llevaba aquél último día con él, el paseo entre las higueras, la suavidad de sus palabras. Muy alterada, dispara sin control.&lt;br /&gt; - ¿Solucionar?  ¿Después de cuarenta años vienes tú a solucionar algo? ¿Igual que solucionaste el entierro de Padre y Madre? ¡Solucionar! Aunque nunca los quisiste, eso es así. Nunca quisiste a nadie…&lt;br /&gt; -Mira Evelina que no quiero discutir – Ramiro no se ha extrañado del arranque de su hermana- Ya veo que no has cambiado. Ni siquiera los años lo han conseguido.&lt;br /&gt; Ella obedece la orden no hablada de callar y comportarse con mesura. Su padre la enseñó a ser sumisa aunque la ira le altere la respiración, aunque esté roja de sofoco.&lt;br /&gt; Él, volviendo al tema se dirige a Ignacio.&lt;br /&gt; - Necesito arreglar pronto la venta del huerto. Tengo necesidad de un dinero en efectivo dentro de dos meses y para entonces me gustaría que todo estuviera hecho. Antes habré vuelto a Sevilla, pero te dejaré pendiente a ti del papeleo final. Hemos de ir al notario para otorgarte un poder especial, ¿mañana es un buen día?&lt;br /&gt; Ignacio está apurado y no sabe dónde mirar. Aún así contesta.&lt;br /&gt; -Creo que sí, pero de todos modos hablaré luego desde mi casa con Paquita, la secretaria del notario y ya te llamo.&lt;br /&gt; -¡No tienes vergüenza! Venir después de cuarenta años para esto, sólo por dinero. Sólo el dinero te importa. Si padre levantara la cabeza y supiera que quieres vender su huerto se moriría de nuevo- Evelina no acepta los cambios y el huerto está ahí desde siempre.&lt;br /&gt; - ¡Calla ya! ¡Tú y tus tradiciones!- Ramiro pierde al fin la paciencia- ¡Las tradiciones destrozaron mi vida! Y no vas a ser tú la que estropee mi muerte.&lt;br /&gt; Ignacio se levanta y con discreción anuncia que se va para llamar a la notaría y concretar cuanto antes la cita de mañana. Con tranquilidad camina para salir de la casa, lo acompaña Ramiro.&lt;br /&gt; -Hasta mañana, amigo.&lt;br /&gt; Ignacio le sonríe enseñando una gran falta de dientes. Ramiro se pregunta porqué no tendrá dentadura postiza. &lt;br /&gt;La noche ha caído sobre el pueblo. Al salir el anciano, cierra el portón de madera y la cancela de la entrada. Después sube a su cuarto, no quiere ver más a su hermana. El balcón continúa abierto y, aunque hace fresco, lo dejará así para que el aroma de las flores llene la habitación. Es lo único que le gusta de aquella casa envejecida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-7839348307419029725?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/7839348307419029725/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/01/misa-de-ocho-segunda-parte.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7839348307419029725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7839348307419029725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/01/misa-de-ocho-segunda-parte.html' title='Misa de ocho (segunda parte)'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S03ejiGElWI/AAAAAAAAAEY/iSfsTeZmcJk/s72-c/misa+de+ocho+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-7715858679495328123</id><published>2010-01-07T21:47:00.002+01:00</published><updated>2010-01-07T21:54:15.787+01:00</updated><title type='text'>Misa de ocho (primera parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S0ZJ6pCNNRI/AAAAAAAAAEQ/3rHbjM45DHg/s1600-h/Copia+(3)+de+15112008.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S0ZJ6pCNNRI/AAAAAAAAAEQ/3rHbjM45DHg/s320/Copia+(3)+de+15112008.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5424104073010689298" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Evelina hace la cama del cuarto de huéspedes con sábanas limpias y recién planchadas. Se esmera para que no quede ninguna arruga incómoda sobre el colchón, encaja bien las esquinas pasando después la mano extendida sobre la cama para así estirar bien la tela. Desdobla con un movimiento enérgico la sábana de arriba y calcula, con la experiencia de tantas camas anteriores, el embozo justo. Ni largo, ni corto. El tamaño preciso para mostrar sobre la colcha de hilo las iniciales bordadas: una J y una G se entrelazan con ramas de azahares.&lt;br /&gt; Ayer recibió la noticia. Su hermano Ramiro vuelve después de tantos años. Debe estar a punto de llegar.&lt;br /&gt; Antes, por la mañana, Evelina mandó a Manuela que limpiara bien la habitación de huéspedes. La muchacha ha barrido y fregado el suelo, ha limpiado el polvo y los cristales, y Evelina personalmente ha puesto en el tocador un jarrón con rosas de olor cortadas en el jardín.&lt;br /&gt;  La esquila del portón suena y no hay nadie abajo que pueda abrir.&lt;br /&gt; -¡Ya voy!- grita la mujer mientras baja la escalera al ritmo que le permite su rodilla achacosa.&lt;br /&gt; La entrada está en penumbra aunque no es tarde y en la calle luce un sol de atardecida. Para abrir la cancela hay que girar el manubrio situado a la derecha, en un pequeño nicho cerrado con un portillo de madera. Evelina suda en la frente, en parte por la prisa, en parte por la visita.&lt;br /&gt; -¿Ramiro?- pregunta al abrir la puerta y encontrar al otro lado a un hombrecillo delgaducho y triste. Éste la mira con ojos inexpresivos y asiente con la cabeza- Pasa, no te quedes en la puerta.&lt;br /&gt; -¿Cuánto tiempo hace, Evelina?- el hombrecillo no sonríe.&lt;br /&gt; -Cerca de cuarenta años ya sin vernos, hermano- La mujer cierra la cancela tras él- Te he preparado el cuarto de los abuelos, ya sabes, el que da al jardín. Recuerdo que te gustaban los jazmines.&lt;br /&gt; Ramiro deja en un rincón de la entrada la maleta que aún sostenía en la mano. Dirige una mirada a su alrededor, acostumbrándose a la penumbra. &lt;br /&gt; -Abre las ventanas, mujer. Aquí no hay quién se mueva sin caer- Con paso inseguro se dirige al fondo de la entrada y abre la puerta de la galería. La luz hace que todo cambie. &lt;br /&gt; La casa de Evelina era antes de sus padres, y antes de sus abuelos. Tiene solera y vejez. Hay telarañas en los rincones más altos y polvo incrustado en los dibujos de madera repujada de los muebles. La entrada es amplia y se comunica con la galería de ventanales por un portón grande que ella siempre mantiene cerrado. La luz estropea los muebles y decolora las cortinas de damasco dorado que cuelgan ante cada puerta. &lt;br /&gt; -Es por los muebles, Ramiro. Ya sabes cómo los cuidaba la abuela.&lt;br /&gt; -La abuela hace cincuenta años que murió.&lt;br /&gt; -¡Eso no importa, Ramiro!- Evelina está nerviosa. No le gusta que se le lleve la contraria, ella mantiene las tradiciones, así es como hay que ser- A madre tampoco le gustaba la luz, ni a mí.&lt;br /&gt; -A madre…- Él calla de pronto, decide no discutir- ¿Avisaste a Ignacio como te dije en la carta? Quiero estar aquí el menor tiempo posible.&lt;br /&gt; -Sí, me dijo que se llegaría después de misa de ocho. Sube la maleta al cuarto y mientras esperamos preparo un café.&lt;br /&gt; Sin decir nada más ella baja el escalón que separa la entrada de la casa del paso que lleva a la cocina. &lt;br /&gt; Ramiro, con paso lento, sube la escalera y se agarra al pasamanos como quien se agarra a una mano amiga. Al llegar al piso de arriba se dirige al cuarto que su hermana le ha preparado y sonríe algo al ver el balcón abierto y al sentir el olor de los jazmines y las rosas. Deja la maleta sobre la cama y se asoma pensativo al jardín. Observa que las plantas son las mismas de hace cuarenta años. Recuerda entonces sus ojos buscándolo desde allí, añorándolo por la imposibilidad de tenerlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-7715858679495328123?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/7715858679495328123/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/01/misa-de-ocho-primera-parte.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7715858679495328123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7715858679495328123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2010/01/misa-de-ocho-primera-parte.html' title='Misa de ocho (primera parte)'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/S0ZJ6pCNNRI/AAAAAAAAAEQ/3rHbjM45DHg/s72-c/Copia+(3)+de+15112008.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-8258305519881463586</id><published>2009-12-27T12:36:00.003+01:00</published><updated>2009-12-27T15:30:04.832+01:00</updated><title type='text'>Viar</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SzdIE71kP3I/AAAAAAAAAEI/q5OXpCq0qRw/s1600-h/DSC00877.JPG"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SzdIE71kP3I/AAAAAAAAAEI/q5OXpCq0qRw/s320/DSC00877.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5419879926182723442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Marcelo ha muerto, pero es tan corto el tiempo desde entonces que todavía es fácil pensar en su respiración y su sonrisa. Todavía la rutina no ha cambiado y permanece mi costumbre de sentirlo como un elemento más de este paisaje adorado.  Viar es seco. Está lleno de encinas viejas que se retuercen hacia el cielo y hacen sentir la dureza de la tierra que tan pobremente las alimenta. En verano, el manto amarillento que se extiende bajo los árboles absorbe los movimientos, ensordece los ruidos, elimina cualquier síntoma de vida. De día el calor es fuerte, el pensamiento se aletarga esperando el viento de la noche; pero más tarde, la luz de la luna o de montones de estrellas, acompaña el cambio de mi tierra oscura. Es entonces cuando el vapor que sube desde el suelo caliente, gira en el aire haciendo señales al viento que llega muy despacio para llevárselo a la liberación de la luz fría. Y se oye cómo se estiran las plantas, cómo las ramas anquilosadas cambian dolorosamente de posición. Se oye el crujir de las hojas secas pisadas por los animales que salen, al fin, de su escondido sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero hoy es invierno. La tardía humedad ya ha oscurecido el polvo de los arroyos antes inexistentes; la hierba moja mis zapatos cuando bajo por la ladera hacia el Tamujal. Esta es la parte de Viar más cercana a la casa; está llena de recuerdos que, enraizados como árboles inmóviles, no dejan que corra ligera y arañan mi cara con sus ramas bajas. Hasta los más lejanos detalles del tiempo pasado aquí me azotan el pensamiento haciéndome vivir la vida en un instante. Vuelvo a sentir la presencia de mi padre en la lluvia que lentamente se pega a mi piel. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Su figura grandísima se inclina  para apoyarse en el bastón mientras mira callado cómo se va acercando Antonio desde la casilla. Los movimientos son siempre tranquilos, supongo que es por la inclinación del terreno. Los veo cuando se acercan al río para ver si la lluvia de los últimos días ha llenado la charca. Van vestidos con colores oscuros, amplios pantalones de pana o de franela,  fuertes chaquetas de lana y sobre todo, sus sombreros. Antonio una gorra, mi padre nunca sale de casa sin su mascota de fieltro gris.&lt;br /&gt; &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El ruido de los cencerros golpea mis sienes, siento miedo cuando las vacas rojizas se acercan a mí con sus ojos fríos. Huyo hacia la casa recibiendo nuevos golpes en mi memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mientras subo voy mirando la hierba húmeda bajo mi sombra. Donde mis hermanas han clavado el cuchillo para llevar un trozo de suelo al belén, hay descarnadas heridas, hondos huecos marrones de tierra y agua. Estamos llegando todos juntos al patio, excitados por esa vivacidad contenida que da la creación de algo. Los primeros llevan la espuerta cargada de hierba y piedras, y en la entrada se amontonan las ramas de pino que se cortaron antes. Mi madre y Tere ponen en la mesa montes, árboles y un río. Mi hermana sabe bien lo que hace, y mi madre la deja hacer. Ahora en la esquina se va formando un hueco recogido que cubren con altos matorrales. El camino de piedras se acerca a la laguna y allí choca con el brillante espejo del agua. Con movimiento rápido van surgiendo las figuras estáticas, paradas por una mano que las convirtió en barro. El olor de tierra mojada entra fácilmente en mis pulmones que lo esperan desde hace un año. Y cuando ya nada se mueve, me quedo sola, incluida en la historia recién inventada.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;La oscuridad del corredor me empuja hacia la cocina, allí oigo la voz de Paca que me llama. Sus ojos amarillos se llenan de complicidad cuando me ofrece una taza de espesa nata. Sabe cómo me gusta tomarla con azúcar dulcísimo, y siento que mi boca se derrite mientras la gordita figura se inclina alegremente para saludar a sus gatos.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cocina grande es la habitación de la casa que más me gusta. Siempre silenciosa y oscura. Al fondo, la chimenea atrae a todo el que se adentra en esa paz. Sentada en una silla verde de enea, delante de la chapa cuadrada que siempre ha soportado el calor de las brasas, vuelvo a ver el fuego rojo y a oír el chispeante crujir de las maderas ardientes. El fuego pincha mi piel, y así, me hace llegar más dentro de la luz cambiante. Las llamas tienen formas tan veloces que la atención tiene que ser absoluta para captar todas las extrañas esculturas. El vértigo me ata fuerte al asiento mientras mis ojos obsesionados quieren entender el lenguaje de este movimiento. Permanece así mi mente mucho tiempo. Se pierde el sentido de los segundos, y se agolpan todas las historias como vividas a la vez, como si la evolución no se hubiera producido. No puedo distinguir a las personas que ahora me rodean. Hablan entre ellas mezclando las conversaciones, mezclando los años, aunando el tiempo. Y yo tengo todos los sentimientos. La presión crece. No me resisto y corro hacia la lluviosa noche para que mis lágrimas se mezclen con  el agua que cae de los canalones del tejado.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo ha muerto. Me acerco a la verja del patio para mirar la casilla. La soledad se ha apoderado de Viar. Es difícil permanecer impasible mientras se degrada el pasado, y quejidos de impotencia salen de mi espíritu cuando recorro con la vista el alto perfil oscuro de las montañas que me rodean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Viar es una dehesa extremeña en el término municipal de un pueblo al que nunca he ido. Cuando necesitamos un espacio más poblado vamos a Llerena, o a Pallares los días de misa. Para llegar a Viar el viaje es interminable, un continuo cambio de carreteras hasta el carril. Es sorprendente ver cómo cambia el paisaje a medida que nos acercamos a la zona. El resto es llano, con sembrados de trigo verde y amarillo, con repoblaciones de eucaliptos dañinos en las primeras pendientes. Cuando se empiezan a distinguir los montes en el cercano horizonte, el color pasa a ser marrón de tierra y verde oscuro de hojas de encina. Cercas de piedra en las que nace cada invierno un musgo espeso en sus numerosas roturas. Las casi inexistentes casas que nos encontramos por el camino, son blanca y vacías. Llenas de desconchados en la cal vieja, y vacías. Parece que el silencio es el habitante permanente de estos cerros.&lt;br /&gt; Detrás de una de las retorcidas curvas está la entrada al carril que, casi invisible, nos anuncia ya el aislamiento de la casa. El carril, camino de tierra y piedras descarnadas, tiene tres cancelas que intentan evitar la contaminación de Viar.&lt;br /&gt; Se cruza la primera cancela y se ve, a la derecha, alta, la casa de tía Mariana. Es blanca y grande, tiene el aspecto de casa deshabitada que le dinero mantiene ilesa. Siempre miro como encantada las paredes lisas, los muros cuidados, los árboles. Son árboles frescos que suenan como campanillas cuando el viento los sacude. Rodean la casa y los otros edificios del cortijo. La capilla, las cuadras y también el palomar, tienen un aspecto misterioso detrás de tantos papelillos verdes, cristales finísimos, prismas que pintan las paredes con todos sus colores vivos y cambiantes. Son juegos de sombra y luz que siempre miro extasiada hasta que me ciegan las curvas del camino.&lt;br /&gt; Con mi padre entré una vez en aquel misterio. Tía Mariana, triste señora amable, nos recibió con su traje negro en el descansillo de la escalera. Sentada en la camilla de la salita, con una luz muy suave que venía desde el balcón, los oía hablar de sus vidas. Me gustaba más mirar el patio desde la altura mientras sus voces graves daban un apoyo melodioso y blando a mis sueños. Siento todavía el picante calor del brasero en mis piernas.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mi padre acaba de mover las brasas con la badila. Hace frío fuera, pero en el salón el ambiente es cálido. Huele a humo, los muebles oscuros y silenciosos están atentos a las órdenes de su señora. Hay fotografías sobre la chimenea, y una lámpara de cristalitos cuelga de la mitad exacta de la bóveda. Cada rincón está lleno de detalles empolvados que me entretengo en buscar, como un juego, como seguir con un dedo cercano a un único ojo abierto, el dibujo geométrico de las baldosas del suelo.&lt;br /&gt; Tía Mariana es prima de mi padre y mucho mayor que él. Cuando su dulce sonrisa me dice cómo estoy creciendo, mi padre me mira contento desde el otro lado de la mesa. Siempre me siento feliz cuando recibo este regalo, es como si me ofreciera su vida, como si por un instante fuera sólo mío. Al lado de mi tía es fuerte y grande, y su voz es grave. El pelo blanco antes era oscuro, pero yo siempre lo he conocido así. Tiene unos preciosos ojos negros, y por su cara envejecida sé que las cosas no le van bien. Me siento impotente frente a sus escondidos dolores, no los entiendo y los odio. Se revuelven las ideas en mi mente y salen por mis manos y mi frente sudorosa. Dicen que cuando se es niño es más fácil odiar con fuerza y olvidar después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El camino parece infinito antes de llegar a Viar, las ruedas lo aplastan torpemente intentando seguir siempre sus absurdos pliegues. Lo primero que se ve es la cerca de arriba. Parecen las ruinas de una antigua muralla cayendo lentas y abatidas por la ladera, por la pendiente más suave del monte sobre el que se apoya la casa. La amplitud de  la pradera cercada permita a los animales que siempre hay en ella, correr hasta agotarse. Beben en la pila que hay junto al pozo, o en los abrevaderos de latón de las ovejas. Es fácil encontrar allí al burro maniatado y grupos de borregos blancos y patilargos  detrás de sus viejas madres.&lt;br /&gt; Al patio se accede por el último trecho del carril. Es un mirador amplio, redondo, rodeado de una verja verde de puntas afiladas. Allí encontraron a Marcelo, sobre la tierra que tantas veces había estrujado con sus pasos fuertes. Los perros se le acercaban buscando algún sonido en su mirada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los perros de Viar siempre han sido especiales. Me gusta pensar en las pesadas carreras de los mastines entre las encinas, en los feos perritos nerviosos que salen al paso de cualquiera demostrando su presencia. Un continuo juego entre las patas de las vacas, entre las manos de los habitantes de la casa.&lt;br /&gt; También están las hormigas. Cuando se es chico y observar a las otras personas supone un esfuerzo inútil, es más cómodo y divertido mirar el suelo. Se conoce cada hueco, cada ruta permanente de las hileras larguísimas de hormigas. Las hay negras y rojas, unas pequeñas y otras grandes. Mis hermanos las obligaban a pelearse.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;En cada mano, aprisionada entre dos dedos, tiene una hormiga gorda que se resiste con el movimiento insonoro de sus patitas. Manolo, Álvaro, Ramón y yo estamos agachados sobre las lanchas de pizarra del porche. Somos los más chicos de la casa. Nuestra curiosidad y nuestros gritos hacen que la tensión crezca y por fin los dedos de mis hermanos abrazan, forzosa y violentamente, a las dos hormigas. La lucha es inevitable. Retuercen sus cuerpecitos de bolas negras, se patean la una a la otra intentando mantener el equilibrio y las pinzas de sus bocas lanzan ataques al aire. Cuando consiguen separarse huyen nerviosas y se pierden entre sus compañeras en el cortejo. No deja de sorprenderme el silencio de estas luchas.&lt;br /&gt; En las entradas de los hormigueros, los bichitos, con sus movimientos entrecortados, entran y salen metódicamente. Ninguna se pierde, ninguna rompe la continuidad. Pero si se tapa el hueco todo se revoluciona, el suelo de alrededor se tapiza de un dinámico color negro que sólo desaparece cuando el paso es otra vez libre.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Enfrente de la casa está el palomar. Tiene un nido de cigüeñas sobre el tejado, pero ahora está vacío. Detrás el terreno se suaviza, las pendientes casi no se notan y las encinas han dejado su lugar a las retamas que forman una maraña nebulosa y dulce. En las orillas de Tamujal las ramas de espino se espesan formando una valla difícil de atravesar. Era divertido buscar un paso, y, colocando piedras resbaladizas, cruzar el estrecho río.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La risa de Cecilia me pone muy nerviosa. Lo normal será que mis botas marrones resbalen y caigan al agua torpemente. Ahora estoy colocada de un modo tan extraño que es mejor no moverse. La pierna derecha, muy valiente, ha conseguido avanzar y posarse en una piedra firme y picuda, la izquierda, tan lenta como su dueña, se ha quedado atrás indecisa y tiritando. Ceci tira de mi mano con fuerza, no sabe que mi equilibrio peligra porque no para de reír. Por fin la pierna izquierda se lanza atolondrada y la bota se introduce limpiamente en el agua clara. Ahora yo también río, reímos tanto que caemos sobre al hierba sujetándonos la tripa. La risa nos ablanda, termina siempre en una especie de suspiro agudo y leve que nos deja calladas y sonrientes, con las fuerzas agotadas. Sería más agradable ahora dormir que levantarse y seguir andando.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguiendo el curso del Tamujal se llega a la Junta, donde se une nuestro río con otro muy parecido formando una laguna pequeña pero honda. Siempre hay sombra allí, porque una inmensa pared de piedra protege el lugar de la fuerte luz del sol. Como es invierno la superficie de la laguna tiene un carámbano bastante firme.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Álvaro intenta mantenerse encima del hielo, Ramón lo sigue. El mayor, tan delgado, tan nervioso, salta rozando apenas la superficie, pero Ramón tiene pocos años y la pesadez de los niños. Súbitamente el suelo se abre y mi último hermano se hunde hasta las rodillas en el agua helada. Se oyen riñas y gritos para el pobre niño, pero la protectora y decidida Inés busca rápidamente una solución. Las piernecitas desnudas de Ramón encima de la hierba parecen tan tímidas y asombradas como sus ojos. Inés las envuelve en bufandas y pañuelos, y se coloca al niño en la espalda para seguir el paseo.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viar no es sólo su paisaje. De la cima de los  montes, mezclados con el olor de las jaras vienen los espíritus de sus antiguos habitantes. Han elegido Viar como morada eterna y dan una atmósfera fantasmal a las noches del cortijo. Se esconden detrás de las puertas que atravieso, en las fotografías antiguas, en los espejos. En el humo de las velas encendidas, en su luz cambiante y en los confusos ruidos. Me han acosado obsesivamente toda mi vida, aún ahora siento sus miradas y sus caricias en mi mente. Todavía hoy los latidos se aceleran, la respiración pierde su compás tranquilo y tengo la necesidad imperiosa de sentirme acompañada por algo vivo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Llamo angustiada a mi madre. Cuando oigo su voz los fantasmas desaparecen y puedo dormir tranquila. La voz de mi madre es el bálsamo sosegado que necesito ahora, cuando entre las sombras oscuras del cuarto figuras desconocidas y vaporosas tratan de introducirse en mi almohada. Pero es Dolores la que me tranquiliza hoy hablándome de felicidades futuras, me habla de viajes a tierras lejanas y de cuentos maravillosos. Ya puedo dormir acompañada por la vigilante historia que inventa mi hermana, las palabras suaves entran en mi corazón y dulcemente lo adormecen. Ahora es todo muy real.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es posible que algunas de las vidas que vagan por Viar se hayan metido tanto en nuestras mentes que nosotros seamos su prolongación. Puede que sea el modo de encontrar la eternidad. Imagino a mi abuelo mirando a Cristóbal, parece que mi hermano ha vivido desde hace mucho tiempo. Quizá es porque fue el primero que trajo a casa un niño de la nueva generación, el primer niño con el que me sentí mayor. También sé que la dulzura de Pilar existe desde siempre, sus ojos claros, su piel blanquísima, y que algo de mi padre continúa en Manolo.&lt;br /&gt; El pasado está incrustado en las piedras, cada segundo que pasa se escribe en el suelo y en nuestra memoria. He oído hablar de Viar muchas veces, historias nuevas y viejas. El pasado, incluso el más antiguo, el que nadie conoce, está grabado en nuestras mentes y nos obliga a soñar con la tierra. Viar se fija con luces llamativas entre los recuerdos de cualquiera que pisa su sus piedras. Antonio y Paca, la Seño, todos los que conocen Viar aunque sea muy poco, pertenecen a su aire y así se eternizan.&lt;br /&gt; Dentro de poco vendrán otras personas a cuidar Viar, cambiarán las costumbres y seguramente se irá recuperando el antiguo esplendor de la casa. Nos acostumbraremos a la nueva época y volverá a dolernos el pensamiento cuando inevitablemente termine. Pero las encinas no cambiarán, ni el calor del verano, ni las heladas del invierno. Al final todo no será más que aire entre las jaras. Ahora Marcelo ha muerto y su voz de humo sólo se oye por los montes de Viar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-8258305519881463586?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/8258305519881463586/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/viar.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/8258305519881463586'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/8258305519881463586'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/viar.html' title='Viar'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SzdIE71kP3I/AAAAAAAAAEI/q5OXpCq0qRw/s72-c/DSC00877.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-8529507384980694936</id><published>2009-12-19T21:01:00.005+01:00</published><updated>2009-12-19T22:49:49.702+01:00</updated><title type='text'>Mariana de Andrade (final)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Sy1EE2DlDHI/AAAAAAAAAEA/HO1OIUM8c68/s1600-h/mariana+de+andrade+4.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 239px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Sy1EE2DlDHI/AAAAAAAAAEA/HO1OIUM8c68/s320/mariana+de+andrade+4.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417060776817265778" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sorprendió la sumisión repentina de la anciana.&lt;br /&gt;- Buenas tardes, quería hablar con Don Lesmes.&lt;br /&gt;- Mi marido no está ¿Quién llama?&lt;br /&gt;- Es de parte de Doña Mariana de Andrade, que no se encuentra bien…&lt;br /&gt;- Doña Mariana, ya,... Dígale a Doña Mariana que mi marido está jubilado desde hace tres años y ella no quiere enterarse. Además ahora no está. Lo mejor que hace es llamar al médico nuevo. Se llama Don Pedro y su número…&lt;br /&gt;Mariana había cortado la comunicación.&lt;br /&gt;- No quiero que venga ese otro- Parecía haber escuchado.&lt;br /&gt;- En ese caso, como parece que está usted mejor creo que debo irme. Se me hace tarde y sigue lloviendo. La carretera está encharcada, no quiero que me coja la noche.&lt;br /&gt;Mariana estaba más tranquila, ya no me agarraba del brazo sólo me miraba.&lt;br /&gt;-Pero si te vas ¿cómo sabrás que he muerto?&lt;br /&gt;- Vendré a verla de vez en cuando. Se lo prometo.&lt;br /&gt;En ese momento hubiera hecho cualquier promesa que me dejara libre el camino hacia la salida.&lt;br /&gt;-Bien.&lt;br /&gt;Me acerqué a ella para besarla en la mejilla. Se quedó quieta, sin hablar, como abandonada. Después me puse el abrigo y recogí el catálogo que aún estaba abierto sobre la mesa. Entonces se oyó el tintineo de la esquila. Mariana no dijo nada, tampoco hizo ademán de levantarse para abrir la puerta.&lt;br /&gt;-¿Le parece que vea quién es?&lt;br /&gt;- Sí, anda ve.&lt;br /&gt;Sorprendida por el cambio de la señora, me dirigí a la entrada. Al abrir encontré a un hombre joven que traía una caja de cartón.&lt;br /&gt;-¿Doña Mariana?- preguntó extrañado al verme.&lt;br /&gt;-No se encuentra bien. Dígame a mí qué quiere.&lt;br /&gt;El hombre estaba cubierto por un chubasquero negro que goteaba en el suelo, la caja de cartón se había mojado y por algunos rincones se veía su contenido. &lt;br /&gt;-Estoy intentado hablar con ella desde ayer para decirle que su hermana me ha mandado el dinero, que qué le hacía falta de la tienda, que su hermana respondía ¡Pero como esta señora es como es! Aquí le traigo lo que me suele encargar, dígale que si falta algo no tiene más que llamar. Permiso.&lt;br /&gt;Entró en la casa y se dirigió hacia la izquierda, lo que debía ser la cocina. Lo seguí. Colocó sobre una mesa de madera mal pintada de blanco la caja de cartón. &lt;br /&gt;-¿Quiere usted que se la vacíe? Con ella lo hago siempre.&lt;br /&gt;- No, no hace falta. Ya lo hago yo.&lt;br /&gt;-¿Es usted familia?&lt;br /&gt;-No, sólo una amiga.&lt;br /&gt;Lo dirigí hacia la salida, no tenía ganas de explicaciones.&lt;br /&gt;-Buenas tardes – volviéndose de nuevo hacia mí - es un decir con este chaparrón. Han dicho en la radio que hay carreteras cortadas.&lt;br /&gt;-Buenas tardes- le corté sin más, a pesar de sus ganas de charla y mi necesidad de conocer el estado de esas carreteras. Luego cerré la puerta tras él. &lt;br /&gt;Miré el jardín a través del ventanal de la entrada, apenas se veían ya las plantas golpeadas por la lluvia, anochecía sin remedio. Desde la puerta del salón observé a Mariana, parecía dormida. A pesar de la prisa decidí ir a la cocina, la ordenaría un poco y recogería lo que el muchacho había llevado, absurdamente me sentía culpable por dejar la casa. Después, volví al salón para despedirme. Ella seguía dormida, y así, dormida, aún era hermosa, a pesar de tanta arruga, del pelo revuelto y la pintura. Tenía la boca abierta y asomaban unos dientes oscurecidos por el tabaco, pero ahora que su rostro estaba sereno, era fácil imaginar un pasado mejor. &lt;br /&gt;- Mariana- la llamé con suavidad, no quería irme así– Mariana, despierte.&lt;br /&gt;Me acerqué a ella y le sacudí ligeramente un hombro, pero no reaccionó. Sentí miedo, me recorrió un escalofrío al tocar su mano. Pero respiraba tranquila, sólo dormía. &lt;br /&gt;Cuando dejé la casa comenzaban a encenderse las luces de la calle y yo me sentía mal, como si abandonara a su suerte algo muy querido. Se agradecía el resplandor de las farolas metálicas porque la oscuridad era grande y húmeda. No me resultó fácil llegar al coche sin que mis zapatos se remojaran y rezumaran agua a cada paso. Pensaba en volver al día siguiente, para visitar a Mariana y ver cómo seguía. No volví a acordarme de las ventas hasta entonces.&lt;br /&gt;-¡Avon llama!- mascullé entre dientes bajo el paraguas.&lt;br /&gt;Cuando la carretera nacional 630 me devolvía finalmente a casa, profundos charcos en su asfalto descarnado me obligaban a conducir con atención, adivinando el trazado del camino a través del vaivén frenético del limpiaparabrisas. Volví a pensar en Mariana y, en la distancia, me pareció irreal. Mientras, el cielo caía sobre la tierra, tanta era la lluvia. Intenté escuchar las noticias, pero en la radio sólo encontré interferencias desacordes. Entonces recordé riadas antiguas en la Tierra de Barros, en Villafranca, y que en mi prisa por escapar no le había preguntado dónde guardaba la llave del panteón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-8529507384980694936?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/8529507384980694936/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/mariana-de-andrade-final.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/8529507384980694936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/8529507384980694936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/mariana-de-andrade-final.html' title='Mariana de Andrade (final)'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Sy1EE2DlDHI/AAAAAAAAAEA/HO1OIUM8c68/s72-c/mariana+de+andrade+4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-1904459740586139930</id><published>2009-12-17T13:56:00.002+01:00</published><updated>2009-12-17T14:07:52.270+01:00</updated><title type='text'>Mariana de Andrade (tercera parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SyotCu9EaQI/AAAAAAAAADw/qjUmGibF_qY/s1600-h/mariana+de+andrade+3.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 241px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SyotCu9EaQI/AAAAAAAAADw/qjUmGibF_qY/s320/mariana+de+andrade+3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5416191026853603586" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Miré a través de la cristalera. La tarde había pasado muy rápida y aún no había hecho ninguna venta. Debería haber salido de aquella casa sin esperar, a aquellas alturas era claro que no había nada más que hacer. Pero algo me retenía, quizá la fascinación inesperada que me produjo aquella mujer decadente y triste.&lt;br /&gt; -Creo que debería irme, Mariana. Ya ve como está la tarde…&lt;br /&gt; Repentinamente me miró con ojos asustados y agarró mi brazo hasta clavarme las uñas a través del chaleco.&lt;br /&gt; -¿Irte? No, por Dios, ahora no. Ahora están aquí los fantasmas y no quiero estar sola.&lt;br /&gt; -Pero…&lt;br /&gt; En aquel momento sonó el teléfono.&lt;br /&gt; -Debe ser mi hermana, gracias a Dios - apresurada, creo que con alivio, Mariana descolgó el auricular - ¿Julia? ¿Eres tú, Julia?... ¡Ah, es usted! Ya le dije esta mañana que mi hermana le abonará la cuenta en cuanto venga. No sea pesado, déjeme en paz.&lt;br /&gt; Muy alterada colgó con fuerza. Le temblaban las manos y las entretenía en plegar y desplegar el dobladillo de su falda&lt;br /&gt; - El del supermercado ¡Pesado! me odia ¿sabes? Todo el pueblo me odia. Por eso no salgo nunca, hace años que no salgo de casa. Ellos me odian y yo los odio. Es un pueblo enfermo, dicen que denuncié a mi marido en la guerra y por eso lo fusilaron. Pero no es verdad- se levantó para coger de encima de la cómoda un marco con una fotografía- Este es Rodrigo. Yo no lo maté. Pero desapareció en el frente y yo era joven, y guapa, y me gustaban las fiestas de Madrid. La guerra lo destrozó todo… Maldito pueblo.&lt;br /&gt; - Mariana, venga conmigo -  sin saber qué hacer, de pie junto a ella pasé mi brazo sobre sus hombros y la llevé de nuevo al calor del brasero.&lt;br /&gt; -Acabé en la cárcel. Me procesaron por traición y quisieron fusilarme ¡Ojalá lo hubieran hecho! Entonces no tenía miedo a la muerte, no tenía miedo a nada. Pero mi cuñado tenía influencias, me sacaron de la cárcel y me dejaron bajo su custodia ¡Toda una vida en esta casa, en este pueblo maldito!&lt;br /&gt; Había perdido su apariencia de gran dama, se la veía vieja y vulnerable incrustada en aquel sofá hundido. Observé entonces las muchas arrugas que le cuarteaban la cara, las manos, el escote. Seguía temblando, quizá por el frío. La lluvia no había cesado de caer, seguía golpeando los cristales del ventanal como antes. &lt;br /&gt; Aprovechando que la señora se había calmado, pensé ir a la cocina para ver si encontraba algo que darle. Quizá una tila, o un vaso de leche.&lt;br /&gt; -Voy a prepararle una infusión caliente, Mariana. Ahora mismo vengo.&lt;br /&gt; -¡No, no me dejes sola! - volvió a apresar mi brazo - Cuando estoy sola vienen y tengo miedo. Por la noche no me dejan dormir, dicen que Rodrigo sigue enfadado, que mi madre me espera en el confesionario. No quiero estar sola, no puedes irte y dejarme tú también.&lt;br /&gt; -¡Pero tendrá usted a alguien! ¿Y su hermana? ¿Busco a su hermana?&lt;br /&gt; -Julia está en Sevilla - con una inesperada sonrisa - y está más vieja que yo. Siempre he sido más guapa, y mucho más atractiva que ella, por eso no le gusta tenerme cerca, se cree que le voy a quitar a Andrés ¡Como si Andrés me gustara, con esa cara de palo que le dio Nuestro Señor! &lt;br /&gt; Me sentía atrapada en algo que no me correspondía. Creí que si no hacía algo, quedaría atada por siempre a aquella señora y a aquella casa ruinosa. Quizá una vecina podría ocuparse de ella, intenté levantarme del sillón pero Mariana volvió a agarrarse a mí como quién se agarra a su último aliento.&lt;br /&gt; -Pilar, tienes que hacer algo por mí. Sé que moriré pronto, me lo han dicho, pero la gente quiere verme en la tumba y yo no me fío. Si me desmayo y no estoy muerta, me meterían deprisa bajo tierra para así saber que desaparezco – se acercó más a mí, casi susurrando – Cuando yo muera, tienes que llamar a Don Lesmes el médico. En él si confío. Que se asegure bien de que estoy muerta, que me deje aquí en la casa dos días sin decir nada a nadie, y luego tú me pondrás en la mano la llave del panteón de mi familia y me llevaréis allí. No vaya a ser que me despierte. Tengo miedo y no me fío.&lt;br /&gt; -Pero, Mariana ¡Qué cosas dice usted! Llamaré al médico ahora para que le recete algo que la tranquilice y verá cómo después de un sueñito todo lo ve mejor- Sí, llamaría al médico, él sabría qué hacer – Dígame, cómo se llama…, Don Lesmes…&lt;br /&gt; - Márquez, el número lo tienes ahí, sobre la mesita del teléfono. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;............&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-1904459740586139930?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/1904459740586139930/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/mariana-de-andrade-tercera-parte.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/1904459740586139930'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/1904459740586139930'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/mariana-de-andrade-tercera-parte.html' title='Mariana de Andrade (tercera parte)'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SyotCu9EaQI/AAAAAAAAADw/qjUmGibF_qY/s72-c/mariana+de+andrade+3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-581645095894171986</id><published>2009-12-15T16:05:00.001+01:00</published><updated>2009-12-15T16:06:50.525+01:00</updated><title type='text'>Mariana de Andrade (segunda parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Syel_4ff1CI/AAAAAAAAADo/cCenaKdwQFo/s1600-h/mariana+de+andrade+1.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 238px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Syel_4ff1CI/AAAAAAAAADo/cCenaKdwQFo/s320/mariana+de+andrade+1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415479593851147298" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-¿Sí?&lt;br /&gt;Era mayor, alta, ligeramente encorvada y me miraba con suficiencia desde el otro lado de la puerta. Tenía el pelo largo, suelto, con un tinte antiguo que le coloreaba a media altura la melena dejando la otra media de un gris triste y enmarañado. Llevaba colorete, los labios repintados de rojo rabioso, los ojos nublados bordeados de negro corrido entre las arrugas. La mano derecha en la puerta, con la izquierda sostenía un pitillo encendido que humeaba sin parar mientras esperaba él también una respuesta.&lt;br /&gt;- Buenas tardes, señora. Verá…, soy representante de Avon, nos debe conocer de la tele, ya sabe: “Avon llama…” Vengo a ofrecerle nuestro catálogo que esta lleno de artículos que seguro le resultarán muy útiles.&lt;br /&gt; Aunque apenas llevaba un mes con aquel trabajo, estaba ya acostumbrada a que se me cerraran las puertas en las narices, a observar la alarma de las señoras que abrían las puertas y a escuchar excusas de toda índole para verme salir cuanto antes de sus vidas. Por eso comencé a retroceder esperando la excusa de aquella señora cuando ella, soltando la puerta, me agarró con firmeza de un brazo y me hizo seguirla dentro de la casa.&lt;br /&gt; -Hija mía, no sabes la alegría que me das. Precisamente esta mañana he terminado con la última crema que me quedaba y no puede una dejarse tanto - con la mano que aún sostenía el pitillo se colocaba sin cesar el pelo con la intención de mejorar algo el peinado- Mira cómo te recibo, perdona mi aspecto, pero la peluquera hace días que me dijo que vendría y ya ves.&lt;br /&gt; La puerta se cerró tras de mí. La entrada de la casa era grande y luminosa a pesar de la tormenta, la pared del fondo la formaba una estructura de hierro y cristal aporreado por la lluvia, detrás, un jardín mal crecido. En el centro de la habitación había una mesa de mármol con una bandeja llena de cartas amontonadas sin abrir y un jarrón con flores marchitas; cortinas de un damasco dorado raído colgaban ante las puertas blancas que se abrían a ambos lados. La señora me llevó a la derecha, un salón grande, con suelo de tablero de ajedrez blanco y negro, muebles recios, empolvados, que llenaban con esfuerzo la habitación. Junto a un ventanal que también daba al jardín estaba la zona de estar, un tresillo con tapicería de color incierto, una camilla con la falda sucia y quemada por los cigarrillos, una bandeja con una taza de café rancio y papeles de caramelos arrugados.&lt;br /&gt; -Hoy no ha venido la muchacha. Ya sabes cómo está el servicio, no hay modo de que te atiendan en condiciones - con movimientos sofisticados, se sentó en una esquina del sofá dando golpecitos con una mano en el asiento del sillón que se encontraba junto a ella - Anda, siéntate y me cuentas.&lt;br /&gt; Vestía una blusa blanca mal abotonada tras la que se adivinaba una combinación de encaje, un chal de lana azul, una falda oscura y unas medias que, al sentarse, se le veían caídas por debajo de las rodillas. Los zapatos, de tacón, los arrastraba con dificultad haciendo un ruido incómodo al menor movimiento. &lt;br /&gt; -Si quiere le voy enseñando el catálogo y después podemos ver algunas muestras- Sentada junto a ella, animada por el calor que desprendía el brasero eléctrico, desplegué sobre la camilla el cartapacio de productos- Tenemos la línea de cremas, la de maquillaje y también la de productos para la casa.&lt;br /&gt; -Antes dime tu nombre, que con esta cabeza no nos hemos presentado. Me llamo Mariana de Andrade ¿Y tú?&lt;br /&gt; - Pilar Lagares.&lt;br /&gt; -¿Lagares? ¿De Villafranca?&lt;br /&gt; - No, sólo estoy aquí por las ventas,… Soy de Bienvenida.&lt;br /&gt; -No conozco Bienvenida, no viajo por aquí. Hace mucho que no me muevo.&lt;br /&gt; Después la señora cogió otro cigarro, lo sacó de la cajetilla con dedos temblorosos, las uñas rotas chocaban con la lija de la caja de cerillas al intentar encender una.&lt;br /&gt; -Tengo mechero- rebuscando en mi bolso encontré el encendedor Bic que había comprado aquella mañana&lt;br /&gt; -Perdona pequeña, no te he ofrecido tabaco. Eres tan joven…Toma uno anda.&lt;br /&gt; Después de encender los dos cigarros volví a dirigirme al catálogo. Antes me pregunté qué hacía esa señora allí, no esperaba aquello, sólo señoras de pueblo, provincianas, vestidas de negro por algún luto antiguo, con el pelo rizado de permanentes eternas y macetas de pilistras en el paso de la entrada.&lt;br /&gt; -Entonces qué prefiere, empezar por los productos de belleza supongo ¿no?&lt;br /&gt; -Belleza. &lt;br /&gt; -Productos de belleza&lt;br /&gt; -Belleza me llamaba mi padre hace mucho. Me decía “anda Belleza, ven aquí a mi lado”, y yo iba como un corderito- Mariana me miró con ojos socarrones, voz aguardientosa - Aunque nunca he sido un corderito, que mi madre me llamaba Pasionaria, ya sabes, en aquella época,…Pero mi padre era distinto. Me amansaba sólo con una mirada…,era especial mi padre.&lt;br /&gt; Esperé que continuara atrapada por su encanto, por la curiosidad.&lt;br /&gt; - Era un señor muy elegante – ella se estiraba en su asiento haciendo ademanes  fingidos, y riendo…- y muy coqueto. Le encantaban las señoritas guapas como tú. Más de una cayó en sus redes…, pero mi madre no le dejaba. Era muy estricta mi madre, todo el día en el confesionario y sin culparse nunca de nada. En fin, perdona que se me vayan las ideas por otros tiempos. Por la edad, es así.&lt;br /&gt; -No, no se preocupe- me apresuré a decir, en realidad la curiosidad me forzaba a preguntar- ¿Pero sus padres eran del pueblo?&lt;br /&gt; -¡Uy, qué va! Vivíamos en Madrid, aunque pasábamos temporadas en el campo, cerca de Plasencia. Eso hasta la guerra, claro. La guerra, Pilar, lo destrozó todo, pero entonces no me daba cuenta. Hace mucho tiempo ya, demasiado tiempo- durante un momento dejó de hablar. Temblorosa, más que antes, volvió a ofrecerme un cigarro y sacó otro de la cajetilla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----y volverá a seguir-----&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-581645095894171986?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/581645095894171986/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/mariana-de-andrade-segunda-parte.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/581645095894171986'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/581645095894171986'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/mariana-de-andrade-segunda-parte.html' title='Mariana de Andrade (segunda parte)'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Syel_4ff1CI/AAAAAAAAADo/cCenaKdwQFo/s72-c/mariana+de+andrade+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-7301929647736035180</id><published>2009-12-13T16:44:00.004+01:00</published><updated>2009-12-13T23:40:50.173+01:00</updated><title type='text'>Mariana de Andrade (primera parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SyVsdgzka5I/AAAAAAAAADg/O_7AmQz15jo/s1600-h/mariana+de+andrade+2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 215px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SyVsdgzka5I/AAAAAAAAADg/O_7AmQz15jo/s320/mariana+de+andrade+2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5414853381261126546" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ocurrió una tarde de noviembre, días antes de las inundaciones del año setenta y cuatro, cuando aún no imaginábamos que los diques no resistirían el aluvión.&lt;br /&gt;La carretera nacional 630 me había llevado cada día desde hacía un mes por los pueblos de la Tierra de Barros. Un  mes desde que el trabajo en el matadero se acabó y comencé a sustituir  a una prima como representante de productos Avon. Aquella tarde  de noviembre llovía con fuerza y, aunque es normal que al final del otoño caigan aguaceros en la comarca, el de entonces era especialmente intenso, la lluvia caía con tal violencia que parecía dañar a los olivos que flanqueaban la carretera y las viñas enanas desaparecían de la vista en algunas zonas con pendientes mal calculadas. Conducía con cuidado procurando seguir el camino que trazaba ante mí la línea continua y discontinua del asfalto, hasta que un cartel a la derecha de la carretera anunció al fin la llegada a Villafranca, justo detrás de él se veían brillar entre la lluvia las luces intempestivas de una gasolinera. &lt;br /&gt; -¡Perdone!- llamé al mozo que se resguardaba del viento en la oficinilla- ¡Oiga! ¡Perdone!&lt;br /&gt; El hombre, con las manos en los bolsillos de un mono azul eléctrico, se acercó por debajo del techado que había sobre los surtidores.&lt;br /&gt; - ¡Menuda tarde!- me dijo en forma de saludo- ¿Qué le sirvo?&lt;br /&gt; - No gracias, no quiero nada. Sólo saber cómo se va al centro.&lt;br /&gt; - ¿El centro? Como no sea el ayuntamiento…&lt;br /&gt; Con sus indicaciones bajé por una calle de paredes blancas y coches aparcados junto a las aceras. El viento racheaba y lanzaba la lluvia con fuerza sobre los tejados de las casas que resonaban como tambores, los caños de los canalones inundaban las esquinas donde las alcantarillas no daban abasto para tragar tanta agua. Aunque no pasaban de las cuatro de la tarde, la tormenta había oscurecido el día y no se veía un alma. El limpiaparabrisas de mi coche no servía para mucho en aquel momento, por eso decidí aparcar y esperar que escampara un poco. Lo hice delante de una pastelería con grandes escaparates que mostraban una variada selección de tarros de fruta en dulce. Por un momento pensé entrar imaginando olor a café y a bizcocho, pero tenía que terminar pronto, necesitaba al menos tres clientes en aquel pueblo y con la tarde así no sería fácil encontrar casas abiertas a extraños.&lt;br /&gt;Antes de salir del coche observé la plaza cuadrada donde me encontraba, el kiosko de música en el centro, la soledad, los álamos pelados alrededor. En uno de sus costados una iglesia de piedra, enfrente, lo que parecía ser el ayuntamiento con una bandera al viento y, al otro lado, su casa. Me llamó la atención por su aspecto decadente y mágico; blanca como las demás, tenía ventanas de cuerpo entero, con rejas de hierro trabajado que llegaban, una tras otra, hasta el final de la manzana y balcones sobre ellas con la misma disposición lineal. En el centro de la fachada destacaba el portón y un escudo de armas sobre el dintel, paredes encaladas con desconchones antiguos y más recientes que la lluvia pintaba de ocre y gris. Mientras me acercaba, bajo el paraguas olía a tierra húmeda.&lt;br /&gt; Pasé al zaguán cruzando un umbral de mármol gastado por el tiempo. Sacudí bien mi abrigo y apoyé el paraguas cerrado en una esquina. La puerta era de cristal emplomado, no había timbre, sino una esquila de la que pendía una cadenita de hierro viejo. Al agitarla, el tintineo de la campana resonó a pesar del viento; luego se abrió la puerta y la conocí.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;......Seguirá......&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-7301929647736035180?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/7301929647736035180/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/mariana-de-andrade-primera-parte.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7301929647736035180'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7301929647736035180'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/mariana-de-andrade-primera-parte.html' title='Mariana de Andrade (primera parte)'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SyVsdgzka5I/AAAAAAAAADg/O_7AmQz15jo/s72-c/mariana+de+andrade+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-7698344623175367805</id><published>2009-12-10T20:51:00.003+01:00</published><updated>2009-12-10T21:12:01.280+01:00</updated><title type='text'>Juana en el huerto</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SyFUbIc9jgI/AAAAAAAAADQ/9yyyajjwKyU/s1600-h/juana+en+el+huerto.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 248px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SyFUbIc9jgI/AAAAAAAAADQ/9yyyajjwKyU/s320/juana+en+el+huerto.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5413701052178206210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Juana está en el huerto desde hace rato, como cada tarde ahora que es verano y el sol caldea el aire. Se acerca a saltitos hasta la alberca para ver si encuentra ranas, porque hoy su madre la ha castigado sin baño.&lt;br /&gt; -¡Juanita! ¡Que te he dicho que no hay baño! No me enfades; mira que el verano es largo y no tengo ganas de lucha.&lt;br /&gt; -No voy a bañarme, mamá, sólo busco ranas.&lt;br /&gt; -Sí, ranas ¡Como si no te conociera! Demonio de niña…&lt;br /&gt; La madre de Juana se llama Manuela y es una mujer grande y de genio encendido. Trabaja en el huerto con su marido, Eugenio, que se quedó cojo de chico al caerse de una mula y arrastra una pierna que dicen que es de palo. Juana tiene dos hermanos, uno Geni y el otro Manolo, pero no son como ella, les gusta estar en la casa leyendo cuentos y viendo dibujos en la tele. Sin embargo Juana es de campo, prefiere subirse a los árboles y a los tejados, buscar lagartijas y jugar con su perro Terrible.&lt;br /&gt; -Ven Terri, ayúdame a encontrarlas que mira lo bien que se esconden. En cuanto me alejo se ponen a cantar, y se ríen de mí. Mira aquí…, mira allí…&lt;br /&gt; - Grrr….- Terrible con el hocico parece que ha encontrado el sitio.&lt;br /&gt; - ¡El bote, el bote, Terri!- Juana se inclina sobre el borde de la alberca con tantas ganas que acaba cayendo al agua con un chapuzón de campeonato- ¡Ay, mi madre, que de esta no me libro!&lt;br /&gt; La carita remojada de la niña asoma entre las hojas verdes de un helecho. El pelo negro y lacio, pegado a sus orejas, le da un aspecto raro, los ojos oscuros tan abiertos como dos flores, la boca roja y asustada.&lt;br /&gt; - Parece que mamá no se ha enterado, Terri. Voy a la casa sin que me vea y me cambio de ropa- cuchichea al perro con mucho misterio.&lt;br /&gt; Juana saca una pierna por el borde, el zapato chorrea agua y cuando se apoya en el suelo suena un ¡chaff! Luego la otra pierna ¡Pobre traje de lunares! El que más le gusta y está hecho una pena. Comienza a andar con sigilo hacia la casa, pero los chaff y chuff la siguen por el camino de piedra. Decide quitarse los zapatos y, al poner los pies en las losas calientes por el sol, tiene que dar un salto y taparse la boca con las dos manos para no gritar de dolor.&lt;br /&gt; -¡Que me quemo, Terri!- susurra con la cara encogida.&lt;br /&gt; Agazapada detrás de una celinda cuajada de flores blancas, decide pensar qué hacer. Para tener ocho años es alta y espabilada, casi tanto como su hermano Manolo, y eso que éste le lleva dos años. Manolo, sí, eso es, Manolo. Su hermano la ayudaría si supiera cómo llegar a él. Estará en su cuarto, durmiendo la siesta con un Mortadelo. La  ventana está cerca, sólo tiene que saltar el escalón de la tomatera, meterse entre los pimientos y las berenjenas y no resbalarse en el barro, que su padre ha regado esa mañana&lt;br /&gt; -Terri, tú quieto que ahora vengo.&lt;br /&gt; -¡ummmm!- el perrillo no se queda muy conforme.&lt;br /&gt; Juana, con paso sigiloso, se coloca en el filo del bancal de tomates. Es bastante alto, pero si va con cuidado seguro que consigue saltar entre los pimientos sin que se noten sus pisadas. El suelo está mojado y el agua ha reblandecido la tierra, por eso, cuando adelanta el pie derecho lista para saltar, el izquierdo se hunde en el barro y hace caer a la niña de cuerpo entero sobre las sandías espachurrando dos o tres de buen tamaño. &lt;br /&gt; -¡Ayyy, ay, Terri! ¡Mi padre! ¡Ay cuando lo sepa mi padre!- se lamenta Juana mientras se limpia las pepitas que tiene en la cabeza.&lt;br /&gt;  Terrible, al ver a su amiga tan desamparada, salta sobre ella lamiéndole la cara. &lt;br /&gt; -¡Para ya, Terri! No seas pesado. A ver cómo arreglamos esto antes de que se acabe la siesta.&lt;br /&gt; Juana y Terrible se miran muy pensativos.&lt;br /&gt; -¡Ya sé! Debajo del palomar Papá guarda las sandías que están maduras. Si traigo tres y limpio esto, ni se entera. Luego buscaré a  Manolo.&lt;br /&gt; El palomar no está lejos pero, si no quiere que desde las ventanas de la casa la descubran, tendrá que sortear los rosales de su madre, y eso no es poca cosa. Además, como está tan pegajosa como un caramelo, unas hormigas que rebuscan entre las azucenas confunden a la niña con un tarro de mermelada y acuden a ella llamando a sus compañeras. &lt;br /&gt; -¡Ehhh!¡Festín!- parecen decir.&lt;br /&gt; Pronto la pobre Juana parece un conguito de tanta hormiga. Los bichitos negros suben por sus piernas, se meten entre la ropa, le salen por el escote y al final, llegan a la cima de su cabeza pinchándole en la coronilla la bandera de país conquistado.&lt;br /&gt; -¡Iros de aquí! ¡Fuera!&lt;br /&gt; Juana se retuerce, salta, sopla, se frota y hasta se revuelca por el suelo. Terrible, asustado de tanto baile, ladra sin saber qué hacer: o se come a las hormigas, o se come a su amiga a ver si así se está quieta. Las abejas que revolotean entre las rosas acuden al jaleo y confunden a Juanita con una inmensa sandía madura. Las palomas imaginan arvejones entre las manos de  la niña y, posándose en sus brazos, picotean hormigas, abejas, pipas de sandía, pelos pegajosos de Juana y hasta restos de barro reseco.&lt;br /&gt; -¡Mamáaaaa! ¡Socorrooo, auxiliooo!- grita la pequeña mientras corre despavorida a la alberca y se lanza en plancha al agua fresquita.&lt;br /&gt; -¡Demonio de  niña! Pero ¿Qué te he dicho? Hoy no hay baño- Manuela sale de la casa asustada por los gritos de su hija. Con los brazos en jarra se  planta junto a la alberca- ¡Sal inmediatamente! ¿Será posible? No te has quitado ni la ropa. &lt;br /&gt; Juana, con carita de no haber roto un plato, sale de la alberca como un pollo remojado. Su madre la agarra de la mano y la lleva hacia la casa.&lt;br /&gt; - ¡Venga! que hoy no sales más. Hoy como tus hermanos, a ver la tele y a leer cuentos que falta te hace.&lt;br /&gt; Juana va muy callada y parece triste ¿Estará arrepentida? De pronto, con una gran sonrisa, guiña un ojo a Terrible y parece decirle: ¡Qué alivio, Terri! Espérame que dentro de un ratito estoy otra vez contigo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-7698344623175367805?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/7698344623175367805/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/juana-en-el-huerto.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7698344623175367805'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7698344623175367805'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/juana-en-el-huerto.html' title='Juana en el huerto'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SyFUbIc9jgI/AAAAAAAAADQ/9yyyajjwKyU/s72-c/juana+en+el+huerto.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-5778035581751293520</id><published>2009-12-08T16:21:00.003+01:00</published><updated>2009-12-08T16:29:58.684+01:00</updated><title type='text'>El vuelo de Rosana</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Sx5w7eYso4I/AAAAAAAAADI/bsNk6Hm5oZA/s1600-h/algas_M.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 261px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Sx5w7eYso4I/AAAAAAAAADI/bsNk6Hm5oZA/s320/algas_M.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5412887969217160066" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras el coche planea sobre el río en un vuelo rasante extrañamente lento, a Rosana se le detiene el tiempo. Como si una inmensa burbuja la hubiera abducido, pierde la conciencia de la gravedad. Flotando sobre el asiento del conductor, gira la cabeza para mirar a sus hijas y a Andrés que duermen flotando ellos también; le parecen algas de largos tentáculos acunándose con la marea del Atlántico.&lt;br /&gt;- Ay, Amelia, se me olvidó recogerte el pelo – se lamenta de su descuido, sabe&lt;br /&gt; que estando así, con los rizos amarillos hacia arriba, hacia tan arriba, a su niña chica le dolerá la cabeza- a ti, Irene, te lo corté el viernes.&lt;br /&gt;El viernes fue el día sombrío en que el doctor Lafuente la llamó después de la lluvia de la tarde, cuando nadie esperaba que lloviera y el otoño y los fríos aún no eran bien recibidos. Ella había salido hacia el estudio.&lt;br /&gt; -Es urgente, Dalia, dígale a la señora que me llame sin falta.&lt;br /&gt;Pero Rosana sabía muy bien cual era esa urgencia por eso no llamaría, y actuaría como tenía decidido. Era lo mejor. Ella sabía que era lo mejor.&lt;br /&gt;- ¡Qué pronto dejaste de llamar! En cuanto Dalia te dijo que pasaríamos fuera el fin de semana. Imaginarás que puedes esperar hasta el lunes. &lt;br /&gt;Inesperadamente parece que Andrés abre los ojos y ella se alarma. &lt;br /&gt;-No te despiertes amor, ya falta poco.&lt;br /&gt;Ahora, con el tiempo detenido sobre el río intranquilo, Rosana recuerda  que Andrés, su Andrés moreno y dulce que la cautivó rozándole el cuello una noche de mar, ha bebido sin dudar el agua envenenada. No ha sido difícil, siempre lleva una botella para aliviar la sequedad que le produce la medicación. Desde que hace años tuvo la primera crisis, Andrés no ha vuelto a ser el mismo.&lt;br /&gt;- No te preocupes, mi vida. Nos iremos todos juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las niñas son muy pequeñas, el agua las ha dormido con el primer sorbo y no notarán nada. Rosana consigue volverse hacia sus caritas suaves, los ojos cerrados, los labios rojos. Aunque se le rompe el alma, sin vacilar ha querido que ellas los acompañen, a pesar de que Mercedes se ofreció a cuidarlas. Desde que tuvo la certeza de que su vida no duraría mucho, había decidido que Andrés y las niñas no sufrirían su enfermedad y su ausencia.&lt;br /&gt;- Id solos, aprovechad que estoy aquí – su hermana insistió-  Anda, Rosana, os vendrá bien ahora que Andrés está mejor.&lt;br /&gt;-Esta vez no, Mercedes. Gracias, pero esta vez no.&lt;br /&gt; Y a Rosana se le congelaban las palabras cuando, mirando a su hermana, sabía que esa vez no podría contar con ella, ni contarle siquiera sus más íntimos pensamientos como siempre había sido, desde pequeñas, cuando sus padres las dejaron en casa de la abuela para ir a aquel último congreso de gastroenterología en Bilbao. &lt;br /&gt;Al fin escucha como la burbuja que los mantiene parados sobre el río se resquebraja, percibe el ruido del agua correr bajo el coche, el viento que resopla y se cuela por la rendija de su ventana abierta. Y el tiempo que se precipita.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-5778035581751293520?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/5778035581751293520/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/el-vuelo-de-rosana.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/5778035581751293520'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/5778035581751293520'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/el-vuelo-de-rosana.html' title='El vuelo de Rosana'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Sx5w7eYso4I/AAAAAAAAADI/bsNk6Hm5oZA/s72-c/algas_M.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-6200082987443571516</id><published>2009-12-04T18:35:00.003+01:00</published><updated>2009-12-04T18:46:59.060+01:00</updated><title type='text'>Tren nocturno, segunda clase</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxlLCFwjQ-I/AAAAAAAAADA/13MjLAunTuI/s1600-h/tren-1.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxlLCFwjQ-I/AAAAAAAAADA/13MjLAunTuI/s320/tren-1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5411438926539998178" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En aquella ocasión viajaba acompañada por una pareja de palomas mensajeras. Desde que por diversos infortunios tuve que trasladarme a vivir a Barcelona, el tren nocturno que hacía viaje día sí día no a Sevilla se había convertido en un lugar común. El traqueteo y los vaivenes se incrustaron tanto en mí que acabé por padecer unos temblores entrecortados que todos achacaban a mi añoranza del sur.&lt;br /&gt;Pero esa noche nada era igual. El encargado de taller de la fábrica textil Mas y Balaguer donde yo trabajaba de ayudante de telar, me había propuesto matrimonio. Martí Capdevila i Forner era un hombre bueno que rondaría los cincuenta años, escaso de pelo y más escaso de ideas. Yo procuraba mantenerme distante en las muchas ocasiones en que él requería mi presencia ya fuera para explicarme el uso de los telares, interesarse por mi salud o enumerarme sus nuevas adquisiciones en ladrillo. Pero cuando nuestras miradas se cruzaban, en sus ojos insípidos brillaba un no sé qué que me impulsaba a desviar de inmediato la atención de los míos. La última tarde, antes de apagar las máquinas, me llamó a su despacho. Con una sonrisa blanda, oliendo a colonia de baño quizá para esconder el aroma de la grasa en sus manos y retocados a conciencia los rizos que aún colgaban por su nuca, me recibió en la puerta. Me pidió que me sentara, que lo escuchara, y sin más me declaró su amor sincero. Acorralada entre las cristaleras de la puerta y los tentáculos de aquel hombre bueno le dije que lo pensaría y huí, después, volver a Triana dejó de ser un sueño para convertirse en una necesidad. Por eso aquella noche nada era igual, viajaba con una pareja de palomas mensajeras y sería un viaje sin retorno.&lt;br /&gt;Estaba oscurecido cuando llegué a la estación de Sants, era invierno. Tenía el tiempo justo para coger el tren y subí al vagón de cola con la intención de llegar a mi asiento caminando por el interior, pero la maleta de cartón piedra y la cesta de las palomas me impedían avanzar, por eso decidí volver al anden y aligerar el paso antes de que dieran el último aviso a los pasajeros. El billete indicaba claramente: “ segunda clase, coche tres, compartimento siete, asiento cinco”. Un revisor vestido con uniforme azul marino y gorra de ferroviario me ayudó a subir el altísimo escalón del tren, luego me indicó el asiento. Me sorprendió la vejez del revisor, parecía pasar de los setenta y aún seguía acomodando pasajeros en el tren nocturno. De pelo blanco amarillento y andares renqueantes, vestido con aquel uniforme intachable, parecía una estampa de otros tiempos. Era la primera vez que lo veía a pesar de las numerosas ocasiones en que había tomado aquel tren, supuse que tendría adjudicados turnos en fechas en que yo, por mi trabajo, nunca viajaba.&lt;br /&gt;El compartimento siete estaba vacío. Era uno de los que formaban en hilera el vagón de segunda clase. Como todo el tren, era de madera oscura y luces sombrías, de olores a grasas de freno y a vejez. Tenía dos bancos corridos a cada costado tapizados de skay burdeos, al fondo una ventana amplia, abatible sólo en parte, que ocupaba casi todo el frontal y que comunicaba aquel mundo con una sucesión de paisajes veloces en el exterior. Cuando el tren salía de Barcelona, de noche, la ventana reflejaba la luz enfermiza del interior y, si había más pasajeros, sus figuras abandonadas al movimiento, sin quejas, intentando atrapar un sueño que se resistía a cada sacudida de las ruedas sobre la vía. Pero aquella noche el compartimento número siete estaba vacío. El viejo me ayudó a colocar la maleta en la rejilla portaequipajes que se sostenía sobre los asientos y señaló la cesta sin saber qué hacer.&lt;br /&gt;-De esta me ocupo yo, muchas gracias- dije al viejo antes de verlo salir renqueante del compartimento. &lt;br /&gt;Cerré la puerta corredera y eché las cortinas pardas, raídas, que colgaban plegadas a cada uno de sus lados. Luego coloqué la cesta sobre el asiento orientado hacia el origen. Yo me senté enfrente y, al notar el viento que entraba por la ventana entreabierta, sentí que encaraba el destino como una metáfora de mi vida. El tren comenzaba a moverse después de sonar un pitido chillón en el andén. Cerré la ventana porque el frío era intenso, esperé hasta asegurarme de que todos los pasajeros se habían acomodado en sus asientos y ninguno entraría en aquel remanso que ya había hecho mío. Apagué la luz para contemplar las luces de Barcelona que pronto desaparecerían detrás de la niebla. Pasado un rato, amoldé mi bolso de mano al lateral del asiento que daba a la ventana y, envolviéndome a conciencia en mi abrigo de paño beige,  me tumbé utilizando el bolso de almohada. Entonces recordé a las palomas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cesta de vuelo en que transportaba a la pareja de palomas mensajeras era de mimbre y cuero. Mimbre el entramado, cuero las bisagras y correas. Estaba cubierta por una funda de lona densa, de color verde hierba, que impedía la entrada de luz para así evitar el gorjeo continuo. Las había conseguido a través de un compañero de telares, éste recibió un soplo según el cual se encontraban a buen precio palomas mensajeras para cría, excelentes ponedoras y de procedencia imprecisa, en un mercadillo ilegal de San Adrián del Besòs. Según el compañero de telares podría ganarles un dinero sustancioso vendiéndolas a algún entendido y yo sabía que en la comarca del Aljarafe había mucha afición al vuelo de palomas. Con lo que sacara lograría sobrevivir un tiempo hasta encontrar un nuevo trabajo.&lt;br /&gt;Levanté la funda para comprobar que seguían bien. El doble fondo de la cesta tenía restos de comida y excrementos, en el bebedero había suficiente agua para aguantar unas horas. Más tarde, lo rellenaría en el aseo del vagón. Saqué de mi bolso un paquete de semillas y lo volqué en el comedero. Las palomas comenzaron con su gorjeo y preferí volver a taparlas antes de que el revisor apareciera. De nuevo me tumbé arrullada en el abrigo e intenté conciliar un sueño que no llegó. Martí Capdevila y Forner venía a mí haciéndome sentir culpable por huir y arruinar su vida. Culpable por haberlo enamorado sin querer, por hacer que a sus cincuenta años la caída fuera insalvable. También me rondaban el futuro incierto, las miserias de la tierra y mi familia. Pero tenía las palomas.  &lt;br /&gt;Viendo que el sueño no me vencía decidí rellenar el bebedero. El traqueteo del tren me hacía dar tumbos entre las paredes del pasillo cuando iba al aseo. En el primer compartimento, junto al rellano, pude ver al revisor que, con la mesita plegable abierta ante él y una servilleta de cuadros colgando del cuello de su chaqueta, comía de una fiambrera metálica. Olía a tortilla de patatas y a pan tierno. &lt;br /&gt;-Que aproveche- le dije.&lt;br /&gt;-Gracias mujer. Si gusta- contestó ofreciéndome la fiambrera con la boca llena.&lt;br /&gt;-No gracias, ya he cenado- mentí. &lt;br /&gt;Cuando regresé a mi departamento las palomas gorjeaban ligeramente, quizá animadas por una rendija de la funda que dejé levantada. Volví a colocar el bebedero y controlé que la comida estuviera en su sitio. Las observé. Una era blanca toda, de pico y patas rosas, de pecho potente. La otra era oscura y más estilizada, también más nerviosa. No reconocí al macho, tampoco a la hembra. La segunda tenía en la pata un canuto de madera, parecía una pata de palo. Cogiendo al ave pude leer sin esfuerzo en una placa pegada a la madera: “Ejército de tierra. Sección Colombófila R.T.E. 22.” Me pregunté de dónde las habría sacado el vendedor e imaginé historias de batallas y traiciones, de espionaje internacional. Entonces se me ocurrió hacer algo que iba a cambiarlo todo.&lt;br /&gt;Busqué una libreta en mi bolso, un bolígrafo y escribí con letra pequeña: “Sospechoso controlado. Tren Barcelona-Sevilla esta noche. Disfraz revisor viejo. ¡Actúen!” Después arranqué la hoja y le recorté los bordes. Enrollé la misiva y la introduje en el canuto de madera. No sé por qué lo hice, quizá por aburrimiento, quizá porque el destino me empujó. Cerré con cuidado el tubito y dejé de nuevo la paloma en la cesta. Luego la cubrí con la funda y me quedé dormida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin saber cuánto tiempo habría pasado desperté con un brazo entumecido y dolor de cabeza. Tenía una sensación rara, como si hubiera dormido muchas horas. Hacía frío y me levanté para comprobar que la calefacción funcionaba. Encendí la luz para localizar las rejillas por las que tendría que salir el aire caliente y entonces me di cuenta. La cesta de las palomas había desaparecido. Absurdamente busqué por el suelo, debajo del asiento, incluso en el portaequipajes, pero no estaba. Aturdida me senté un momento sin saber que hacer, luego salí inestable para buscar al revisor. Lo encontré durmiendo en el mismo lugar donde antes lo había visto comer. Se había desabrochado los botones más altos de la chaqueta y respiraba tranquilo recostado sobre el reposacabezas del asiento. La boca abierta, el pelo canoso lo tenía revuelto y grasiento. Volví a preguntarme qué haría allí. Lo llamé, tuve que zarandear su hombro para que despertara.&lt;br /&gt;-Me han robado- le dije.&lt;br /&gt;-¿robado?&lt;br /&gt;-Sí, una cesta.&lt;br /&gt;-¿Miró bien?&lt;br /&gt;Yo asentí.&lt;br /&gt;-Bueno- dijo resignado- habrá que mirar mejor.&lt;br /&gt;Al salir al pasillo decidió colocarme delante de él, parecía utilizarme de escudo.&lt;br /&gt;- Puede que haya sido la banda del Pere.&lt;br /&gt;-¿El Pere?&lt;br /&gt;-Suben al tren en el apeadero de Albuixech, no sé cómo lo hacen. Luego bajan antes de llegar a Valencia Norte, cuando la máquina reduce la marcha en el cambio de agujas.&lt;br /&gt;-¿Pero, si saben todo eso cómo no lo impiden?&lt;br /&gt;-Llevan armas- me dijo muy calmado, como si estuviera describiendo su color de pelo o la altura de sus aspiraciones.&lt;br /&gt;-He hecho muchas veces este recorrido y jamás me he topado con el tal Pere – respondí incrédula.&lt;br /&gt;Él se encogió de hombros.&lt;br /&gt;Estaba molesta, no sólo por haber perdido el único bien del que disponía para asegurar mi futuro. También me molestaba el andar torpe del viejo, su historia sin sentido ¿Qué se creía? ¿Tan ingenua le parecía? La banda del Pere, menuda patraña.&lt;br /&gt;Llamamos a la primera puerta cerrada y la abrimos con precaución. Estaba oscuro. Una pareja dormía acurrucados el uno con el otro en el asiento de la derecha, a la izquierda una niña estaba tumbada, cubierta por un abrigo de hombre. La pareja se alarmó . El revisor les preguntó si habían notado algo extraño, había habido un robo. Aturdidos como yo misma al despertar, tardaron un rato en reaccionar.&lt;br /&gt;-¿Un robo?- dijo el hombre.&lt;br /&gt;-¡Mi bolso, Juan! ¡Qué no tengo el bolso!- gritó ella.&lt;br /&gt;El bolso de aquella mujer, y los bolsos, carteras y pertenencias varias de diecisiete pasajeros de la segunda clase, coche tres, del tren nocturno que nos llevaba de Barcelona a Sevilla, habían desaparecido sin que nadie hubiera notado nada, sólo un sopor extraño al despertar. El revisor organizó la búsqueda empujándome a una aventura que me venía grande. Dentro de los compartimentos no había señales del saqueo, las puertas seguían cerradas y las luces apagadas a aquella hora de la noche. Alguien dijo que había que buscar en el resto del tren, alguien dijo que había que registrar los aseos, los almacenes, la cafetería, incluso las literas y camas de la primera clase. Pero no hizo falta. El primer bolso apareció en el rellano del lado norte del vagón. El resto se repartía entre el aseo de aquel lado norte y el aseo del lado sur. Carteras vacías, bolsos sin monederos, sin recuerdos ni billetes de vuelta. Y de mi cesta, las palomas mensajeras habían volado.&lt;br /&gt; El pasajero del compartimento doce, secretario del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira para más señas, organizó la lista de objetos robados, determinó la hora del robo y apuntó con todo detalle las distintas versiones de lo ocurrido; habría que poner una denuncia al llegar a Sevilla. Las dos hermanas de la Cruz del diez tranquilizaban al pasaje a base de reliquias y rezos, tres niños perplejos, dos abuelos indignados, algunas mujeres asustadas y un grupo de cinco soldados de reemplazo con mucha guasa, completaban la población del vagón de segunda. Parecía evidente que el revisor tenía razón. Por muy peregrina que fuera aquella explicación, no había otra mejor. Nos quedó claro que la banda del tal Pere había conseguido un buen botín en aquel saqueo, tanto como cincuenta mil pesetas mal contadas, los cinco billetes de vuelta de los soldados, un reloj, una máquina de forrar botones, una caja de “Jaumets” y dos palomas mensajeras. Según el revisor aquello era habitual, y lo habían comunicado a la Guardia Civil, pero nada. Decía el viejo que a la compañía ferroviaria no le interesaba que se supiera y movía los cables necesarios para acallar cualquier rumor. Y que él ya era viejo para enfrentarse, que si lo hubieran cogido más joven otro gallo cantaría. Creía que se daban al arte del hipnotismo, o que tenían un sistema para hacerse invisibles, como los magos, porque nunca nadie los vio, ni siquiera él.&lt;br /&gt;Pasaban de las cuatro de la madrugada cuando una calma resignada volvió al vagón. De vuelta a mi asiento aún era noche cerrada y la luna apenas iluminaba el paisaje. Para no pensar en el futuro, y con el estómago revuelto, me entretuve en imaginar a la banda de salteadores. Los imaginaba con mallas negras de cuerpo entero como ladrones de guante blanco, trepando al vagón de cola, hipnotizando al pasaje con sólo un suspiro, abriendo con tal cuidado las puertas que ni el aire se inmutara y llevándose lo único que yo tenía: un par de valiosas palomas mensajeras. Y me pareció imposible, o de ser cierto, que entonces todo era posible en aquellos trenes nocturnos, en horas de brujas y misterios. Llamaron a la puerta.&lt;br /&gt;El revisor apareció con su gorra.&lt;br /&gt;-He pensado que quizá quiera usted compañía, después del susto.&lt;br /&gt;Yo no estaba muy segura de necesitar compañía, pero le dije que sí, que se sentara.&lt;br /&gt;-Estos viejos trenes son así. Pasan cosas, que se lo digo yo- me decía, y mirando a su alrededor- Les queda poco tiempo, pronto irán al desguace.&lt;br /&gt;Pensé que era una pena. El tren era viejo y sucio, sí, pero también estaba lleno de nostalgia, de encanto. Los nuevos coches no serían lo mismo, más cómodos, más rápidos quizá, pero no serían lo mismo.&lt;br /&gt;-¿Hace mucho que trabaja usted aquí?- pregunté al viejo.&lt;br /&gt;- Ni me acuerdo, tanto hace. Pero sin turnos diarios, por eso he podido dedicarme a otras cosas.&lt;br /&gt;Él esperaba que yo demostrara interés por esas otras cosas, pero no pregunté. Pensaba en mi madre, me esperaría en la estación porque la había llamado desde Sants. Imaginaba su figura redonda, el moño estirado y el alivio de luto del que no se desprendía desde la muerte de mi padre hacía ya trece años. No sabía cómo iba a decirle lo del trabajo. Aún tenía algo de dinero en el bolso que, por suerte, no habían encontrado. Con eso podríamos aguantar hasta que yo encontrara un nuevo trabajo, si hacía falta volvería a limpiar por horas.&lt;br /&gt;-¿Vive usted en Sevilla?- preguntó el viejo&lt;br /&gt;-Desde hoy. Vuelvo para quedarme.&lt;br /&gt;-¿Y Barcelona?- aunque me sorprendía la curiosidad del revisor no me importaba responder, casi me servía para lavar mi conciencia.&lt;br /&gt;-He dejado mi trabajo allí. Trabajaba en telares.&lt;br /&gt;-¿Ahora qué?&lt;br /&gt;-No sé qué pasará. Creo que las cosas no han cambiado mucho en los tres años que llevo fuera. No me gustaría tener que irme de nuevo.&lt;br /&gt;El viejo pareció agradecer mis explicaciones. Me fijé mejor en él y, además de su pelo ralo y amarillento, tenía unos ojos llamativos. Muy verdes, muy vivos a pesar de los años. Sus manos también llamaban la atención, de dedos finos y movimientos delicados, no se parecían a las de Martí Capdevila i Forner .&lt;br /&gt;-Quería pedirle algo.&lt;br /&gt;Me sorprendió su solicitud.&lt;br /&gt;-Necesitaría que llevara este sobre a un amigo de Sevilla ¿Podría?&lt;br /&gt;Alargué la mano para coger el sobre. Tenía un nombre y una dirección escritos:  Sr.D. Carlos Márquez Santero,  Teatro Imperial, Sevilla. Lo guardé en mi bolso y le prometí que lo llevaría al día siguiente. Él me sonrió y me alegré de poder hacer algo por él.&lt;br /&gt;-Tengo que dejarla, estamos llegando a Córdoba- dijo poniéndose en pie- Pasan ya de las siete, no hemos notado el amanecer con tanta charla.&lt;br /&gt;El viejo salió dejando la puerta abierta. Por la ventana el campo se veía blanco por la helada. Se comenzaban a ver los primeros edificios antes de llegar a Córdoba, primero algunas casas repartidas aquí y allá, luego polígonos industriales, barriadas marginales, y los aledaños de la estación. El tren aminoró la marcha cuando se disponía a entrar en el rail de acceso. Vagones de mercancías, oxidados, parecían abandonados en las vías muertas. Luego los andenes. No había mucha gente, sólo algunos viajeros que esperaban para subir y varios guardias civiles con sus tricornios de charol. Su número aumentaba a medida que nos acercábamos a la parada, me extrañó, imaginé que algo debía ocurrir. Cuando se abrieron las puertas hubo gritos en el rellano del vagón, asomada a la puerta pude ver cómo una pareja de guardias detenían al viejo revisor, le colocaban unas esposas llevando sus manos a la espalda.&lt;br /&gt;Inmediatamente recordé a las palomas, el canuto de madera, mi ocurrencia, el mensaje: “Sospechoso controlado. Tren Barcelona-Sevilla esta noche. Disfraz revisor viejo ¡Actúen!”&lt;br /&gt;-¡No!- dije dirigiéndome a los guardias civiles - ¡Todo es un error!¡Es culpa mía!&lt;br /&gt;El guardia que tenía sujeto al revisor me dijo que me alejara, que aquello no tenía nada que ver conmigo.&lt;br /&gt;-¡Él no ha hecho nada! ¡Escribí aquel mensaje sin saber que pasaría esto, sólo es un error!&lt;br /&gt;El guardia civil me dijo que no sabía nada de ningún mensaje, que no había error posible. Al fin lo habían pillado, habían encontrado el material robado en su maleta.&lt;br /&gt;-¿El material robado?- pregunté como una autómata.&lt;br /&gt;-Sí, pero si lo quieren recuperar tendrán que ir al cuartelillo.&lt;br /&gt;-¿Recuperar?- volví a repetir. Luego, pregunté al viejo que me miraba con media sonrisa-¿Y mis palomas?&lt;br /&gt;-Volaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente llevé la carta como había prometido al viejo, a pesar de todo me entristecía lo ocurrido. Intenté justificar de mil maneras aquellos robos, por su vejez, por su cansancio, por su andar renqueante. Cuando llegué al Teatro Imperial pregunté por D. Carlos Márquez Santero y éste me recibió en su camerino. En la puerta un cartel escrito con letras brillantes decía: “ Santorini: Hipnotizador y Mago” Llamé sólo una vez antes de que la puerta se abriera. Un hombre joven y alto, vestido de frac, me dijo que pasara.&lt;br /&gt;-No hace falta- contesté tendiéndole el sobre- Creo que esto es para usted.&lt;br /&gt;Él lo cogió y leyó el nombre del destinatario. Luego lo abrió y sacó una carta.&lt;br /&gt;-Si no quiere nada más, tengo que irme.&lt;br /&gt;-Pase un momento, por favor- cogiéndome del brazo me hizo entrar en el camerino- El maestro me dice que usted busca trabajo, que es la ayudante que necesito.&lt;br /&gt;-No puede ser. Debe referirse a otra persona.&lt;br /&gt;-Es usted. La descripción no deja lugar a dudas.&lt;br /&gt;-Pero...&lt;br /&gt;-Bueno, ¿acepta?&lt;br /&gt;Y sin saber qué me impulsaba a hacerlo contesté.&lt;br /&gt;-¿Podríamos empezar por los trucos con palomas?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-6200082987443571516?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/6200082987443571516/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/tren-nocturno-segunda-clase.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/6200082987443571516'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/6200082987443571516'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/12/tren-nocturno-segunda-clase.html' title='Tren nocturno, segunda clase'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxlLCFwjQ-I/AAAAAAAAADA/13MjLAunTuI/s72-c/tren-1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-6295907673797306047</id><published>2009-11-29T23:02:00.003+01:00</published><updated>2009-11-30T10:07:42.425+01:00</updated><title type='text'>Lamia</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxLwF_UFEgI/AAAAAAAAABg/RbkrqbhrPWo/s1600/lamia.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 220px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxLwF_UFEgI/AAAAAAAAABg/RbkrqbhrPWo/s320/lamia.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409650088111051266" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atardece. El sol suave de estas horas me acaricia la espalda y dejo de caminar. No quiero moverme. Me apoyo en un muro que encuentro en el camino y con un brazo oculto mis ojos de la luz; cuelgo la azada en el hombro, así pesa menos. Unas hormigas juegan entre los dedos de mis pies. Mis  pies anchos y planos, morenos, resecos. La tierra se lleva el cansancio del día. Hoy el sembrado no tenía muchas hierbas, es por la falta de lluvias; si no vienen pronto se secará la siembra, como el otro año.&lt;br /&gt; Pienso en mi hijo, sólo uno. Siempre pienso en él. Es fuerte, es hombre. Amina perdió a los suyos con las moscas. El médico extranjero dice que hay que hervir el agua, que cocine con un buen fuego, pero casi no queda leña, la que hay está muy lejos y tengo que trabajar la cosecha. Amina caminaba hoy junto a mí, sin hablar, sólo se dejaba llevar por el calor y el esfuerzo. Perdió a sus hijos y ya nadie honrará su tumba.&lt;br /&gt; Si sigo caminando llegaré a la casa con tiempo para ir al pozo, pero el sol me calienta la cabeza y quiero dormir. La madre de él se quejará al verme, él me gritará. Yo cogeré a mi niño y le cantaré al oído, acariciaré su carita morena mientras come de mi pecho ¡Me gusta tanto rozar su piel dulce! Si cierro los ojos me parece ser pequeña otra vez y tocar los pechos de mi madre, me parece seguir enganchada a sus pezones. Sonrío.&lt;br /&gt; Una hormiga sube por mi pierna. Si no la detengo se meterá entre la ropa y me picará, aunque si me quedo así, quieta, como muerta, a lo mejor se va. Las hormigas no se llevaron a los hijos de Amina, fueron las moscas, las que vienen del pantano seco. No quiero que se acerquen a mi niño, me dan miedo, cuando las oigo corro y me alejo con él en mis brazos. Amina no corría, no tenía miedo, ni prisa.  Amina nunca tiene prisa. El médico extranjero le dijo que era tarde, que no podía hacer nada, que la medicina de la abuela no sirve. Amina no lloró, sólo dejó de hablar, ya no habla nunca.&lt;br /&gt; Siento un cosquilleo doloroso en la mano que tengo sobre la cabeza, pero no la muevo, el sol sigue acariciándome cada vez más suave. Una levísima brisa se está levantando con la luna, la siento en toda mi piel que se despierta con un escalofrío. También se siente frío en el calor. Como cuando él me tocó la primera vez. No le vi la cara, en la boda no quise curiosear como hacen todas, pensaba en mi madre mientras me llevaban de un lugar a otro. Al conocer su cara nada cambió, era como los demás. Ahora tengo a mi hijo, desde que lo sentí moverse dentro de mí lo soñé igual que lo sueño cada noche. Cuando sea grande me llevará lejos, cruzaremos el desierto para llegar a otros mundos. Cuando sea grande me sonreirá y querrá agarrarse a mi pecho tierno, y yo lo acunaré con canciones de amor.&lt;br /&gt; Pesa la azada en mi hombro. La necesito para limpiar las malas hierbas del sembrado. Tienen que llegar las lluvias, cuando sienta las primeras gotas caer sobre la tierra reseca ofreceré regalos al que todo lo da, verteré leche y harina en el polvo humedecido de la siembra que saldrá fuerte y abundante. Sí, esta vez será así, no morirá la simiente como el otro año. Para la recogida traeré a mi hijo al campo, quiero que respire el olor del fruto y de la tierra fértil. &lt;br /&gt; El sol se va. Oscurece. Debo seguir andando, aún me queda un rato hasta la casa y tengo que ir al pozo antes de dormir a mi luna; entonces no escucharé los gritos de la madre, ni sentiré los golpes de él. Levanto la mano sobre mí, no puedo moverla. Intento levantar la cabeza y poco a poco recupero el movimiento. Doy un primer paso lento, luego otro,... pronto llegaré a la casa y al sol de mis noches. El suelo, bajo mis pies, recobra la vida cuando la luz se va. Los animales salen  a respirar. Debo tener cuidado con los alacranes, salen al camino desde sus piedras y no quiero pisar nada que me haga daño, mi niño me espera. Cuando llegue a la casa cogeré el cántaro que está en la puerta, nadie me verá. Volveré del pozo sin sentir y me acercaré a la cuna. Ya escucho su risa desde tan lejos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-6295907673797306047?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/6295907673797306047/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/lamia.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/6295907673797306047'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/6295907673797306047'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/lamia.html' title='Lamia'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxLwF_UFEgI/AAAAAAAAABg/RbkrqbhrPWo/s72-c/lamia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-163498531365811377</id><published>2009-11-25T10:18:00.003+01:00</published><updated>2009-11-29T23:40:57.599+01:00</updated><title type='text'>Florence Foster Jenkins</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxL4brkQI8I/AAAAAAAAABo/EFOsOcm_Rfc/s1600/ffj.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 220px; height: 276px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxL4brkQI8I/AAAAAAAAABo/EFOsOcm_Rfc/s320/ffj.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409659256860320706" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hace poco, gracias a un grupo de Facebook al que me he agarrado como una lapa, y que se denomina: “Me gusta la ópera pero no soy finolis ni tengo mucho dinero”, he sabido de un personaje fascinante que ahora os presento:&lt;br /&gt;FLORENCE FOSTER JENKINS fue una loca de la vida que vivió en el este de Estados Unidos, a caballo entre los siglos XIX y XX. Apasionada cantante y pianista, todas sus fuerzas las dedicó a luchar por una carrera operística que tuvo mil impedimentos. El primero, claro está, su falta absoluta de sentido musical. Sí, su padre y luego su marido lograron disuadirla por lo que en principio no consiguió más que llegar a fundar en Nueva York “The Verdi club”.  Pobrecilla, sólo tenía ganas de demostrar que cantar era su vida, que podía hacer que los demás disfrutaran la ópera igual que la disfrutaba ella, porque estaba convencida de que su voz y su capacidad lírica eran extraordinas. Por eso en cuanto desapareció la contención paterna, y tuvo suficiente manejo económico, se lanzó a la aventura. Con sesenta años, muerta su madre, recibió una herencia que empleó en  costearse la deseada carrera. A partir de entonces comenzó a llenar los teatros vestida con alas de ángel, joyas relucientes y mil perifollos. La gente se reía de ella y la crítica la machacaba, por lo que la curiosidad aumentó y las entradas desaparecían nada más ponerse a la venta. “La gente puede decir que no sé cantar, pero nadie podrá decir nunca que no canté”. Las risas no eran más que adoración, las malas críticas envidia de quien no tenía sus facultades extraordinarias,  y así convencida, logró tener una larguísima carrera musical. A los setenta y seis años actuó por última vez en el Carnegie Hall, fue en octubre del 1944, muriendo poco después convencida de su valía y más que satisfecha con lo que la vida le había deparado. &lt;br /&gt;Aquí os dejo una muestra de su arte único. Puede que sea difícil de escuchar, pero es inevitable sentir una gran ternura y cierta complicidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; http://www.youtube.com/watch?v=6h4f77T-LoM&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-163498531365811377?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/163498531365811377/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/florence-foster-jenkins_25.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/163498531365811377'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/163498531365811377'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/florence-foster-jenkins_25.html' title='Florence Foster Jenkins'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxL4brkQI8I/AAAAAAAAABo/EFOsOcm_Rfc/s72-c/ffj.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-7855592402791032050</id><published>2009-11-23T23:15:00.002+01:00</published><updated>2009-11-29T23:47:54.326+01:00</updated><title type='text'>Mira que te quiero</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxL6EqFus6I/AAAAAAAAABw/A8yQxL3x7wk/s1600/mira+que+te+quiero.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 175px; height: 179px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxL6EqFus6I/AAAAAAAAABw/A8yQxL3x7wk/s320/mira+que+te+quiero.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409661060350129058" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¡Mira que te quiero, hermoso! Que tengas las orejas de soplillo y nariz de termitero a mí no me importa. Y eso que dice Marisa, con esa mala leche que Dios le dio, que con lo feo que tú eres y lo fea que soy yo los niños nos iban a salir de exposición. Mala, mala leche. Pero en el fondo a ella también la quiero y hoy se lo he dicho en la fiesta de la oficina. Te esperaba y no has venido, lo supe por ella. “Escríbele, aprovecha ahora que tienes fuerzas, Puri”, me ha dicho . Entonces he olvidado las rencillas y le he dado un abrazo muy sentido, “Marisa, ¿tú sabes que te quiero?”. Antúnez el de nóminas se ha traído la guitarra, ha cantado sevillanas y rumbas de Bambino y yo me he tirado al ruedo, he agarrado a don Remi por las solapas y lo he llevado hasta el centro del corrillo para bailar “esa pared que separa tu vida y la mía”. Después lo he besado y le he dicho que para mí es como mi padre, tan serio, tan formal, “que sí, don Remi, igualitos los dos”. He sonreído a todos cuando jaleaban “ole y ole, Purita”,“os quiero mucho a todos, por ésta que es verdad, no sabéis cuánto os quiero” después se me ha encogido el corazón y casi lloro, que así de tierna me han puesto las muchas copitas del Luis Felipe de mi jefe que llevo dentro. Don Remi siempre tiene una botella en su despacho para las visitas, pero nunca la saca, nadie quiere coñac añejo en estos tiempos, sólo piden Chivas los muy catetos. Me sirvo otra copita, bebo y se me calientan el esófago y la garganta, me da valor para seguir escribiendo. Estoy en tu despacho, Marisa lo ha abierto sin que nadie se de cuenta. “Tú tranquila, que yo vigilo” me ha dicho. Así que aquí estoy acariciando las teclas de tu teclado donde tantas veces has apoyado los dedos, y me da un escalofrío de sólo pensarlo. Delante tengo la foto que te hiciste con la tribu masai en  aquel viaje a Kenia, se te ve tan feo, tan larguirucho y descolorido rodeado de hombres negros con lanzas, que me conmueve. En la pared cuelga el título de licenciado en derecho y las dos reproducciones de Zóbel que te regaló la cursi aquella con la que saliste una temporada. Otra foto, esta vez saludando al presidente de la Junta ¡Qué jovencito se te ve! Así eras cuando te conocí, cuando llegaste aquel día de verano en que Marisa estaba de vacaciones y don Remi me encargó tu despacho, “Purita, échele usted una mano hasta que se oriente”. Eras tan tímido y era yo tan tímida que en un mes no llegamos a mirarnos a los ojos, pero yo te quise sin remedio. Sería por tu juventud, o por ese aspecto tan indefenso, no sé, pero cuando al entregarte los papeles rozabas mi mano sentía un no sé qué que me aceleraba las entrañas. Me sirvo otra copita. El Luis Felipe me calienta por dentro y por fuera, abro la ventana para que la brisa de la noche refresque el aire del despacho. Desde aquí se ve el río, está pasando un barco de turistas con música pachanguera y luces de colores, y me pregunto dónde estarás. Nunca habías faltado a la fiesta anual de confraternización, ni siquiera el año que te casaste y eso que no hacían más de dos semanas desde la boda, ni cuando nacieron tus hijos o murió tu madre, pobrecilla. Tampoco faltaste cuando la imbécil de tu mujer te dejó por otro y tú parecías un alma en pena. Tenía que ser hoy, que me decido y le birlo al jefe su  botella de Luis Felipe, cuando no vienes. No importa, te escribo mi amor por fin, ahora o nunca me ha dicho Marisa, y tiene razón, ahora o nunca, ya está bien. Hace tanto que te quiero que he perdido la cuenta de los años, toda una vida debe ser. Pero hoy me siento fuerte y parece que el tiempo no ha pasado, parece que la juventud se ha enquistado dentro de mi cuerpo y por mucho que la edad no sea la misma hoy me sé todavía capaz de engendrar a tus hijos, esos que tanto he deseado. Será por el coñac, la cabeza me da vueltas. La botella está en las últimas, apuro el último trago y la tiro en la papelera que hay bajo la mesa. Mañana te preguntarás qué hace ahí. Me da la risa pensando en ti mañana, cuando descubras la botella y mi carta en la bandeja de entrada del ordenador. La risa me ha dado hipo, hacía mucho que no reía con tantas ganas, y es que me veo tan ridícula aquí sentada, soñando contigo, que me doy toda la risa, toda. Antes de que el valor desaparezca voy a pulsar enter, estoy cansada de no vivir. Mejor no imaginarte ahora, no imaginar tu sorpresa y tu indignación, no suponer que no volverás a dirigirme la palabra, o que harás que don Remi me cambie de zona. Prefiero soñar que vendrás a buscarme a mi mesa, tercera en el pasillo de la derecha, junto al despacho del jefe, ya sabes, y me besarás delante de todos. Siento ya, sin sentirlo, tus manos acariciando mi pelo y mi espalda, y esa voz tuya tan sinuosa diciéndome al oído cuánto me has amado. Hasta me parece notar los movimientos de nuestro niño en mi barriga inflada, y escuchar su llanto mientras tú te levantas solícito diciéndome “amor, ya voy yo”. Si cierro los ojos la brisa que viene del río me parece brisa marina y que estamos los dos &lt;br /&gt;en medio del mar, a saber dónde. En un velero de dos palos, lo menos tiene catorce metros, todo blanco. Reluce con el sol, reluce y es molesta tanta luz. Y es molesto el vaivén de las olas. Me mareo. El estómago quiere salir por mi boca, abro los ojos. No es el mar, es el Luis Felipe. No hay vuelta atrás. Antes de salir corriendo, dando tumbos por el pasillo hacia el baño, pulsaré enter y mañana será otro día.                 &lt;br /&gt;Siempre tuya&lt;br /&gt;Puri&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-7855592402791032050?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/7855592402791032050/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/mira-que-te-quiero.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7855592402791032050'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7855592402791032050'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/mira-que-te-quiero.html' title='Mira que te quiero'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxL6EqFus6I/AAAAAAAAABw/A8yQxL3x7wk/s72-c/mira+que+te+quiero.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-1268579295406404070</id><published>2009-11-13T17:50:00.002+01:00</published><updated>2009-11-30T16:53:59.924+01:00</updated><title type='text'>La sonrisa de Doña Engracia</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxPqj9yAHHI/AAAAAAAAAB4/tyFF-bNx7Xo/s1600/do%C3%B1a+engracia.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 214px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxPqj9yAHHI/AAAAAAAAAB4/tyFF-bNx7Xo/s320/do%C3%B1a+engracia.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409925481002703986" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La sonrisa de Doña Engracia ilumina su imagen. Sonríe al canto de los pájaros, al calorcito del sol que se cuela entre las ramas de los árboles. Ella junto a su cuñado, un hermano menor y otros familiares, encabeza la comitiva; detrás camina una muchedumbre murmuradora que la anciana no sabe bien cómo ha llegado hasta allí. Parece que se ha corrido la voz, que la gente se apunta a lo que se tercie sean manifestaciones de muy distintos lemas, pasacalles de gays transformados en odaliscas, procesiones de Semana Santa o funerales bien sentidos. Y la muchedumbre, con mil voces superpuestas, susurra que vaya pinta tiene esa, que qué pasará ahora con el marido, que cuánto tiempo Antoñita…, que no llegaré a tiempo ni para ver los penaltis, que pobrecilla, que la vida es así,...&lt;br /&gt;  -¿Y éstos quiénes son, Armando?- pregunta Doña Engracia agarrándose al brazo de su cuñado.&lt;br /&gt; En esta época del año las azucenas y los jazmines que bordean el camino de tierra, desbordan la primavera y dan un aroma suave al viento de la tarde. El paseo es tan placentero que Doña Engracia detiene la comitiva para subirse las mangas de la blusa por encima de los codos y así conseguir dorar algo la piel blanca del invierno.&lt;br /&gt;  -¡Ay, qué gustito! A ver si cojo un poco de color porque tengo una cara de muerta… ¡Y con este vestido tan triste que mi hija se ha empeñado en ponerme!-  muy satisfecha se apoya de nuevo en el cuñado y reanuda la caminata.&lt;br /&gt; Las acacias mueven sus ramas empujadas por una brisa que llega de poniente, flores marchitas ruedan ante los pasos de Doña Engracia y ésta las observa con mucha atención.&lt;br /&gt;  -¿Has visto, Armando, el vientecillo que se ha levantado? Parece que mañana llueve.¡Lástima! ¡Con el día tan bonito que hace hoy! Me gustaría decirle a Marieta que viniera conmigo al parque, y con la Cala, para que se moviera un poco.&lt;br /&gt; El cuñado la mira con ojos llorosos. En su brazo izquierdo se aprieta el de ella buscando seguridad y con la mano derecha sujeta la urna de las cenizas de Marieta, su esposa. Por eso se concentra en cada paso, no vaya a tropezar y caer, no vaya a ser que la preciosa carga se derrame por el suelo de tierra amarillenta. Ha optado por la incineración porque es más limpia, más definitiva. También porque ha decidido llevarla al enterramiento de su familia, donde ya no queda mucho espacio, donde él espera algún día descansar junto a su esposa, mezclar ceniza con ceniza y ser uno al fin.&lt;br /&gt; Se van acercando al lugar. Poco a poco doblan la esquina de la calle de Santa Justina, se dirigen hacia la zona más antigua del cementerio, la que tiene los mejores mármoles, los panteones con apellidos sonoros, más luz y más flores.&lt;br /&gt; Ahora Doña Engracia camina sin decir nada, se deja llevar por el empuje de la masa que la sigue. Unos empleados de la funeraria levantan ya una losa cubierta por nombres grabados que a ella le resultan lejanamente conocidos, la muchedumbre se esparce alrededor de la tumba. El silencio es casi absoluto, sólo roto por el trabajo de los operarios. El viudo, con gran pesar, suelta el brazo de su cuñada y se inclina despacio para colocar la urna junto a sus padres y hermanos muertos. Llora, siempre llora, la muchedumbre susurra tristezas, Doña Engracia señala la tumba con el dedo índice y, con voz clara y resuelta, dice:&lt;br /&gt;  -Pues, ¿sabes qué te digo, Armando? Que ahí cabes tú estupendamente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-1268579295406404070?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/1268579295406404070/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/la-sonrisa-de-dona-engracia.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/1268579295406404070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/1268579295406404070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/la-sonrisa-de-dona-engracia.html' title='La sonrisa de Doña Engracia'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxPqj9yAHHI/AAAAAAAAAB4/tyFF-bNx7Xo/s72-c/do%C3%B1a+engracia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-5765558527704806823</id><published>2009-11-10T09:49:00.005+01:00</published><updated>2011-05-20T15:48:39.216+02:00</updated><title type='text'>Cantes de ida y vuelta</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxPt-7_f2RI/AAAAAAAAACQ/xzrT9g0ugH8/s1600/cantes+de+ida+y+vuelta.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 255px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxPt-7_f2RI/AAAAAAAAACQ/xzrT9g0ugH8/s320/cantes+de+ida+y+vuelta.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409929242913790226" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Maripepa está que se sube por las paredes. Con un “Cariño mío” comienza la carta, como si Antonio pudiera ser el cariño de nadie&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Me acuerdo de usted. Ayer estuve en el Pontón, delante de la vidriera del negocio donde pagó tanto por mis zapatos. Los llevo puestos ahora y me acuerdo de usted....” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Será posible? Maripepa hace memoria intentando recordar si Antonio alguna vez le hizo un regalo. Le sudan las manos, se humedecen las cuartillas que sujeta con rabia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Ay, vida mía! Estuve en el Pontón, ya le digo, en el buró del chino García, a ver si los papeles se me arreglan y pronto estoy allá, juntos los dos.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maripepa mira bien el sobre: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor Antonio Collado Gutiérrez&lt;br /&gt;Calle Vicario, 2&lt;br /&gt;Bienvenida (Badajoz)&lt;br /&gt;España&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí. Ese es Antonio, su Antonio. El que es suyo desde los quince y nunca le ha regalado nada. Dice que el cariño se demuestra andando y que él no sirve, que él no sabe. Hace un año de lo de América y tampoco entonces le regaló nada, y ahora esto. Dijo que había una reunión de sindicatos y Comisiones lo enviaba a él como representante de la comarca de Tentudía; luego supo que también fueron Manolo y Ramiro, y ella tan cándida. Me cago en la leche que mamaste, mamón, se dijo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No veo el momento de acariciarle su pelo trigueño, papito, igual que el día del parque Lenin ¿Se acuerda?...” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Maripepa  piensa en su pelo trigueño…, su falta de pelo será, que ni de novios se puede decir que abundara. Y ella como tonta diciendo al Traga que no se pase, que la deje, que está casada, y ella como una tonta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Cariño, quedo a la espera de sus noticias, como siempre, que desde que se fue no me ha escrito. Pero yo lo perdono, ya me pagará en besos. Ya sabe que le quiero...” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonio está allí, con cara de susto. Y ella le grita que ¡qué es eso!, y él le dice que tonterías de nada, y ella que ¡aquí dice que te quiere!, y él…Bueno y...¿es malo que lo quieran a uno?&lt;br /&gt;A Maripepa le hace gracia su marido, siempre se la ha hecho, y se le escapa la risa, por la ocurrencia, y porque sabe que por fin esa noche sonreirá al Traga.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-5765558527704806823?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/5765558527704806823/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/cantes-de-ida-y-vuelta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/5765558527704806823'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/5765558527704806823'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/cantes-de-ida-y-vuelta.html' title='Cantes de ida y vuelta'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxPt-7_f2RI/AAAAAAAAACQ/xzrT9g0ugH8/s72-c/cantes+de+ida+y+vuelta.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-7674737587142923807</id><published>2009-11-05T12:23:00.003+01:00</published><updated>2011-03-19T11:37:58.590+01:00</updated><title type='text'>Limbo</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxTRJA7Qu_I/AAAAAAAAAC4/D-M6EyFOYRU/s1600/limbo.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxTRJA7Qu_I/AAAAAAAAAC4/D-M6EyFOYRU/s320/limbo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5410179005176396786" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta noche el frío cubre las calles y la niebla se pega a cada rincón de la ciudad, las sombras parece que reptan sobre la hierba del parque que rodea al hospital. Es el único lugar de la ciudad donde hay un bar abierto a estas horas, por eso acuden los dejados de la mano de Dios. Por eso me gusta venir cada noche, cuando la soledad del cuarto me cae encima como una losa.  &lt;br /&gt;-Este invierno parece que no se acaba. Maldito frío- va diciendo un hombre embutido en un abrigo oscuro, con el cuello levantado y las manos en los bolsillos. Camina rápido mientras sube la rampa de la cafetería. &lt;br /&gt;Las cristaleras dejan ver un interior de luces brillantes. Dentro, el vaporizador de la cafetera calienta una jarra de leche mientras las tazas se van llenando de líquido espeso. Un camarero apagado sirve un café tras otro a estas horas tardías, no habla, sólo sirve cafés. En la caja una mujer de pelo cenizo escucha una radio que apoya sobre la máquina registradora. Varias personas se reparten entre las mesas. Algunos solitarios bajan de las habitaciones donde acompañan a sus enfermos, otros vienen de fuera, buscan calor y algo de compañía, aunque sólo sea la voz monocorde del locutor de la radio.&lt;br /&gt;Vago desde hace años, unos dicen que por mis pecados, yo sé que nadie quiere tomar la decisión. No soporto el silencio, ni la oscuridad. Cuando las luces se apagan en la habitación sólo brillan los pilotos rojos de las máquinas, sólo el runrún del respirador. De día es distinto, a pesar de que ya no es como al principio. Ha pasado demasiado tiempo desde el accidente y se han relajado las costumbres. Yo sigo aquí. Él apenas viene los domingos, los hijos poco más. Pero las enfermeras cuidan mi cuerpo con mimo, y los médicos han decidido mantener la alimentación parenteral. No hay opciones, nadie quiere tomar la decisión de desconectar. &lt;br /&gt;-Familiares de....- suena la megafonía del bar.&lt;br /&gt;Una señora de unos sesenta años, con un moño caído y zapatillas de estar en casa se levanta. Apresurada deja el bar y recorre los pasillos. Sin nada mejor que hacer la sigo, cogemos el ascensor hasta la tercera planta, en la habitación trescientos doce hay cierto revuelo. Un médico de bata blanca se dirige a la señora y la coge por los brazos, le dice que espere, que ha sido una crisis, están intentándolo todo, hacen lo imposible. Ella quiere entrar, como sea, no molestará, sólo quiere verlo por última vez. El cuerpo está desnudo sobre la cama, varias personas se afanan por salvarlo, con aparatos, masajes, tubos y jeringas de colores, pero el tiempo pasa, no hay esperanza. Luego parece que la niebla del parque penetra por las rendijas de la ventana y la luz se vuelve turbia. No es la primera vez que veo algo parecido, después de tantas noches de vigilia lo he visto todo. La mujer se abraza al cuerpo y llora. Salgo de la habitación. Al rato sacan a la mujer, supongo que llamarán a la familia, que se llevarán el cuerpo y ella lo acompañará.&lt;br /&gt;-¿Y ahora?- dice él a mi espalda. Me ha descubierto entre los demás.&lt;br /&gt;-No sé- le contesto volviéndome- no se puede saber.&lt;br /&gt;-Si no le importa, preferiría que se quedara a mi lado hasta el final.&lt;br /&gt;-Bien- digo pensando que no tengo otra cosa que hacer. Además yo también quiero esperar, por lo que pueda pasar.&lt;br /&gt;Es un hombre bastante guapo, a pesar de su palidez y su miedo. Al morir parecía más viejo, pero no lo es. No quiere moverse de aquel lugar, se siente perdido.  Yo sé que pronto se irá, desaparecerá antes de que me de cuenta, y seguiré sin saber cómo. Igual que las otras veces.&lt;br /&gt;-Tengo miedo- dice el hombre y sin pensar se abraza a mí como un niño, ocultando la cara en la curva de mi cuello.&lt;br /&gt;-Tranquilícese. Sólo es el no saber, pero lo que viene no es malo.&lt;br /&gt;-¿Usted cree?&lt;br /&gt;-Ya lo he visto otras veces, se han ido contentos- miento.&lt;br /&gt;-¿Cuánto hace que está aquí?&lt;br /&gt;-No sé. Mucho. Desde el accidente.&lt;br /&gt;-Lo mío ha sido rápido, un derrame. Y joven para eso.&lt;br /&gt;De repente se anima, como si se le hubiera ocurrido la solución a un dilema.&lt;br /&gt;-Véngase conmigo. No me deje solo.&lt;br /&gt;-No puedo, es imposible. Sigo conectada.&lt;br /&gt;-Lo conseguiremos. Será fácil, ya verá.&lt;br /&gt;Me dejo llevar por su entusiasmo. Quizá sea una buena ocasión para no viajar sola, al fin y al cabo no hay nada nuevo que esperar aquí. No sé cómo lo haremos, ni si lo haremos. En la zona de cuidados paliativos ha comenzado el movimiento de cada mañana, pronto las enfermeras se acercarán a mi cama para ver si ha habido algún cambio, y me hablarán. Me cuentan su vida, igual que a un confesor. Mi acompañante está nervioso, dice que algo dentro de él lo impulsa a marchar, sin destino conocido, sólo marchar. Tiene prisa, hay que hacer algo, empujar a la enfermera para que tropiece y arranque los cables, dejar sin suministro la maquinaria, así, empujándola, hablándole muy pegado al oído, hasta desestabilizarla, hasta desmayarla de puro intentarlo. La rodea, la coge por los hombros, le grita muy cerca. Pero ella sigue con la misma expresión dulce mientras lava mis manos. Cierro los ojos un momento, para que pase tanto cansancio. Cuando los abro él ya no está, no sé cómo, igual que tantas veces. &lt;br /&gt;La costumbre hace que la decepción no dure. Luego, igual que tantas veces, observo el agua jabonosa con la que me lavan y las toallas calientes, la crema sobre mi piel, la ropa blanca muy planchada, y me siento bien sólo con mirar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-7674737587142923807?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/7674737587142923807/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/limbo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7674737587142923807'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/7674737587142923807'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/limbo.html' title='Limbo'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxTRJA7Qu_I/AAAAAAAAAC4/D-M6EyFOYRU/s72-c/limbo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-8114449472691001907</id><published>2009-11-03T20:06:00.003+01:00</published><updated>2009-11-30T19:30:22.296+01:00</updated><title type='text'>Gran hallazgo,</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxQORVNRAcI/AAAAAAAAACo/YSUtvXasLR0/s1600/gente+menuda.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 233px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxQORVNRAcI/AAAAAAAAACo/YSUtvXasLR0/s320/gente+menuda.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409964743292158402" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Acabo de encontrar en la hemeroteca de ABC una pequeñísima joya familiar que me tiene feliz. &lt;br /&gt;Se trata de una página del Gente Menuda (revista para niños de ABC) del 13 de septiembre de 1931. Al parecer publicaban trabajos enviados por niños, y en este caso aparecen publicados unos dibujos de mis tías Inés y Pina Jaraquemada. Tia Inés (Tali) tenía catorce años, tía Pina debía tener diez u once. Una verdadera maravilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1931/09/13/104.html&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-8114449472691001907?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/8114449472691001907/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/gran-hayazgo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/8114449472691001907'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/8114449472691001907'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/gran-hayazgo.html' title='Gran hallazgo,'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxQORVNRAcI/AAAAAAAAACo/YSUtvXasLR0/s72-c/gente+menuda.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-4419055761612566310</id><published>2009-11-03T15:31:00.003+01:00</published><updated>2011-02-25T09:25:18.773+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Escritos'/><title type='text'>954 73 65 80</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxPvIO_DRjI/AAAAAAAAACg/Slxrg68o4ck/s1600/telefono.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxPvIO_DRjI/AAAAAAAAACg/Slxrg68o4ck/s320/telefono.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409930502142641714" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Consuelo estaba muy callada. Se acurrucaba en el sofá del salón de su casa, entre almohadones, cubierta con la falda de la camilla que escondía un brasero eléctrico encendido. Hacía frío aquella noche y la humedad se había instalado en sus huesos después del chaparrón de la tarde. Dos lámparas desiguales a ambos lados del sofá iluminaban escasamente la habitación, pero aún así se entreveían muebles de madera clara, telas ligeras, mucho cristal. Consuelo había puesto en el CD un disco de Chavela Vargas y, mientras la envolvía “Noches de boda”, miraba con mucha atención el teléfono que antes había colocado sobre la tapa de la camilla.&lt;br /&gt;Miraba el aparato sin atreverse a tocarlo. Era un teléfono de los antiguos, verde clarito, de esos en los que el auricular tiene forma de montera. Los de la compañía telefónica lo quisieron cambiar una vez, pero Consuelo se lo impidió; no le gustaban los teléfonos modernos que se rompían demasiado pronto. Aquél era recio y austero, como su  carácter.&lt;br /&gt;Finalmente se decidió. Descolgó el auricular con la mano izquierda y lo acercó a su oreja para escuchar el pitido continuo que le indicaría que había línea. El cable enrollado que unía el auricular a la base del teléfono se estiró hasta llegar a Consuelo que, aún sentada, era alta. Se adivinaba su metro ochenta; mucho para ser mujer. Llevó su dedo índice a la pieza circular que, sobre el teléfono, giraba para marcar los números. Arrastró la pieza desde el número nueve hasta una horquilla metálica que hacía de tope, luego la soltó y la pieza circular volvió al lugar de origen con un traqueteo que agradaba a Consuelo. Después, se dirigió hacia el número cinco.&lt;br /&gt;Eran muchos años ya de relación inestable y prohibida, y Julián no era amigo de sorpresas. Una cosa así a estas alturas no le iba a gustar.&lt;br /&gt;La pieza circular había comenzado su viaje de regreso desde el tope.&lt;br /&gt;Consuelo había pensado mucho en lo que iba a hacer. Nada dependería de Julián.&lt;br /&gt;Marcó decidida el número cuatro.&lt;br /&gt;Se habían conocido hacía mucho tiempo, tanto que ella no sabría decir cuándo. Eran amantes, amantes clásicos, de los que siempre esperan disfrutar de un hueco en el matrimonio de él. Y él espera siempre que la esposa no lo sepa, y ella cree que un día la esposa lo sabrá. Al principio había ilusión y amor por el riesgo, pero aquello había pasado y sólo quedaba costumbre. Consuelo sabía que lo tenía que haber abandonado hacía mucho, cuando supo que Julián nunca dejaría nada por ella. &lt;br /&gt;Ya se escuchaba de nuevo el traqueteo de la pieza circular retornando al cuatro. Era el turno del siete.&lt;br /&gt;Julián era mayor que ella, mucho mayor, pero siempre se quitaba años. Al principio Consuelo reía con la ocurrencia, pero aquella noche, habiendo cumplido tantos años a su lado, le parecía que se habían igualado. Ella acababa de cumplir cuarenta, él seguía cumpliendo unos eternos cuarenta y tantos. Se preguntaba qué haría él para no envejecer, no había engordado un gramo y las canas no eran cosa que le preocupara. Alguna arruguita alrededor de los ojos le daba un aspecto más real, pero lo hacía aún más hermoso, porque Julián era hermoso&lt;br /&gt;Después de sonar el traqueteo de la pieza circular hacia su punto de origen Consuelo marcó el número tres.&lt;br /&gt;En aquella ocasión, la llamada por teléfono no era un acto cotidiano, en realidad era un salto al vacío. Hacía diez días que Consuelo tenía un retraso en la menstruación y sentía nauseas, y sufría mareos. No se había hecho análisis porque no quería saber. Tenía cuarenta años, aquella era su última oportunidad. No importaba Julián. No, no importaba nada.&lt;br /&gt;El traqueteo sonó rápido después del tres. Marcó el seis.&lt;br /&gt;Si Julián no quería el niño, lo abandonaría, y si le pedía que abortara, lo odiaría, pero si se ilusionaba con la noticia, entonces no sabría qué hacer. ¿Quería estar el resto de su vida con Julián?&lt;br /&gt;Consuelo sabía que Julián estaba aburrido. A veces llegaba a ella con aromas no conocidos. Sospechaba que había otra, más joven, con la piel más tersa y más blanca; una muchacha con la que poder presumir de saberlo todo en esta vida. Consuelo reía pensando que su papel se había duplicado para ser, además de amante rancia, segunda esposa burlada. A ella le daba igual, no sentía celos, ni siquiera se preguntaba por el sentido de todo; en realidad Consuelo se divertía haciendo sufrir a Julián, no pensaba ponerle las cosas fáciles, haría de esposa despechada si llegaba la ocasión.&lt;br /&gt;La pieza circular había vuelto ya al seis. Dirigió el dedo índice al número cinco.&lt;br /&gt;Si fuera cierto, si el embarazo fuera real, lo disfrutaría. Tendría a su hijo entre algodones, viviría para él y viviría por él. Lo imaginaba regordete y morenito, como ella, con ojos grandes, negros y profundos, como ella. No quería que tuviera nada de Julián, sólo de ella. Y para ella. &lt;br /&gt;Obligó al círculo traqueteante a volver rápido a su sitio. Necesitaba marcar enseguida el número ocho. Lo hizo. Y finalmente, marcó el cero.&lt;br /&gt;Pero mientras esperaba que el teléfono le devolviera la llamada, pensó que quizá fuera una falsa alarma; al fin y al cabo ya no era tan joven y podía tener desarreglos hormonales. Aunque las nauseas y los mareos eran ciertos. O quizá no. La idea de no tener a su niño la desanimó y perdió la fuerza. Nunca había sido fuerte con Julián, siempre hizo lo que él esperaba de ella. Pero entonces no quería equivocarse, por eso, cuando escuchó la voz de él al otro lado, colgó el auricular. &lt;br /&gt;Los últimos acordes de “Noches de boda” dejaban un vacío en el salón. Consuelo se recostó de nuevo entre los almohadones del sofá y cerró los ojos. Pronto se quedó dormida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-4419055761612566310?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/4419055761612566310/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/954-73-65-80.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/4419055761612566310'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/4419055761612566310'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/954-73-65-80.html' title='954 73 65 80'/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxPvIO_DRjI/AAAAAAAAACg/Slxrg68o4ck/s72-c/telefono.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4337628251731619335.post-8101782196657211213</id><published>2009-11-03T10:42:00.001+01:00</published><updated>2009-11-30T19:34:42.763+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxQQO7SRW1I/AAAAAAAAACw/bKhegVUCkm8/s1600/miedo.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 258px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxQQO7SRW1I/AAAAAAAAACw/bKhegVUCkm8/s320/miedo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409966900997348178" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Bueno, pues aquí estoy. Me decido a mostrarme al mundo. Que sea lo que Dios quiera.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4337628251731619335-8101782196657211213?l=laencinagitana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laencinagitana.blogspot.com/feeds/8101782196657211213/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/bueno-pues-aqui-estoy.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/8101782196657211213'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4337628251731619335/posts/default/8101782196657211213'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laencinagitana.blogspot.com/2009/11/bueno-pues-aqui-estoy.html' title=''/><author><name>Pina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15312573709166238231</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/Su_6XMwauiI/AAAAAAAAAAM/AEXMZQAHYE4/S220/Pina%5B1%5D.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_xhHaZMG5ypk/SxQQO7SRW1I/AAAAAAAAACw/bKhegVUCkm8/s72-c/miedo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry></feed>
