jueves, 15 de junio de 2017

Mala mar (relato)














MALA MAR


Moussa vaga entre chalets de verano, vacíos ahora que el invierno es intenso y la humedad los hace inhabitables. Un macuto le pesa colgado del hombro. No sabe qué hacer, ni dónde ir. Aún no hay trabajo en las fresas y no quiere malvivir entre cobertizos de plástico, donde se hacinan cientos de hombres sin esperanza.
El mar a su derecha es gris y amenazador. Un viento rabioso empuja las nubes que avanzan anunciando tormenta. Una mujer vieja aparece de pronto. Camina con dificultad cargando una bolsa de supermercado. Él mira su espalda encorvada, las greñas canosas que se revuelven con el vendaval. Entonces parece que desfallece, suelta la bolsa que cae desparramándose latas y alguna fruta por el asfalto. Moussa acelera el paso para sujetarla antes de que se derrumbe. Pero cuando agarra sus brazos ella se vuelve sonriente. Él no entiende su mirar alegre, ni la risa desdentada que sale de su boca.

-Sabía que vendrías- dice ella.

Él la suelta callado.

-Anda muchacho, ayúdame con la bolsa. Mi casa está ahí mismo.

Él obedece. Recoge los objetos caídos y sigue a la mujer que camina delante de él. Entra en un chalet tan viejo como ella que parece anclado en medio del mar, tan cerca está. Fuera, apenas unos troncos de leña y algunas plantas secas. Dentro una cocina desordenada, aunque acogedora.

-Perdona señora. Yo tengo que irme.

-Ahora no. Primero come algo y caliéntate en la estufa.

Empujándolo con decisión lo hace pasar al salón, él se deja llevar. El salón es amplio y caótico. Al fondo un ventanal de hierro y cristal deja ver las olas que amenazan con sacudir los muros de la casa. Las olas. Las mismas que hundieron la barcaza neumática que lo traía desde África junto a tantos otros. Esas olas que ahogaron a muchos y a él lo empujaron hacia la costa cercana. Moussa golpea con rabia el ventanal.

-Anda, ven. Come. Papas con chocos.

Ella acerca a la mesa una butaca de madera donde hace que Moussa se siente. Éste sopla las cucharadas del guiso que humea, está rico y el calor lo reconforta. Enseguida comienza a sentir que el sueño lo vence, pronto duerme con la cabeza caída sobre su pecho.

Al despertar, aturdido, se sorprende cuando comprueba que no puede moverse. Tiene las muñecas y los tobillos atados a la butaca que resiste imperturbable sus arremetidas.

-¡Señora... Señora, joder... qué pasa!

-Pero muchacho, la que estás liando - dice ella entrando en el salón con expresión maternal - ¡Con lo grande que eres!

-¡Suéltame! ¡Quiero irme!

-¿Ves? Quieres irte... claro. Por eso las cuerdas. Tienes que escucharme, luego te soltaré.

-Estás loca, señora.- y gritando – ¡Por favor, por Dios... ayuda!

-Tengo que salir – dice ella poniéndose el abrigo – así cuando vuelva estarás más tranquilo.

Moussa forcejea pero sólo consigue apretar más los nudos. Las manos las tiene hinchadas y va perdiendo las fuerzas. Cuando calla se oye el viento, el mar, el crepitar de la leña en la estufa.

-¡Qué frío hace! - dice la mujer entrando de nuevo- ¿Estás mejor?

-Quiero que me sueltes.

.¡Pero qué perra has cogido! Ya te he dicho que eso no puede ser. Primero me escuchas, luego podrás irte si quieres.

Ella le acerca un vaso de agua a los labios, pero él no bebe. Luego saca un pañuelo de su bolsillo, le seca las lágrimas y le limpia la nariz. Él sacude la cabeza molesto, la agacha y permanece en silencio. La señora se sienta a su lado

-Con mis padres vivíamos aquí sólo en verano, a mi madre le asustaba el mar. Eso te dejan los que se van... las manías. Qué bien estábamos..., hasta aquel maldito día - levantándose se acerca al ventanal - Ya no tuve más ganas de vivir. Sólo quedaba esperar que ese hiciera su trabajo ¿Lo ves? Ahí sigue. Un día de mala mar abre la boca y me traga,... aunque se está haciendo de rogar el desgraciado. Y dirás que por qué no me eché a la vía... Fue por el miedo. A todo, desde chica. Y aquí sigo, sola, con el miedo y con los años. Si tú te quedaras...

Animada saca de un cajón una cartilla de banco raída. Se la acerca al muchacho que vuelve la cara.

-¡Pero mírala, hombre! Tengo dinero para los dos... hasta que llegue la ola... y más. Total, ¿qué tienes tú que hacer más que trabajar? ¿No será mejor aguantar a una vieja loca?Mira..., yo sé que soy rara, pero mala... no.

Moussa levanta la cabeza.

-Señora, por favor, suéltame. Te prometo que no me voy, yo te escucho, suéltame. Mira... las manos... necesito el servicio...

-Espera un poco, me gustaría soltarte, pero hay que esperar... Ahora cuéntame, ¿de dónde vienes?- ella sonríe comprensiva. Él calla.- Pues te lo cuento yo. Vienes de más allá del mar. Yo sé que allí se vive sin nada, y se muere lo mismo, sin nada... por eso viniste, para tener algo... pero aquí tampoco hay nada ¿verdad hijo?

Moussa la mira.

-Allí tendrás a una muchacha que te quiera, siendo tan buen mozo...

-Amina..., se llama. La dejo hace pa dos años. Llora... y mi madre. Saben que muchos mueren,... pero yo tengo suerte.

-¿Y tú cómo te llamas hijo?

-Moussa.

-Bien, Moussa.

La mujer se inclina hacia el muchacho y parece que va a besarlo, pero sólo deshace los nudos. No tiene más que tirar de un cabo. Luego se dirige al ventanal y hace que mira el mar, a pesar de la oscuridad. El muchacho se levanta, y sale de la casa. Suena el viento, el mar, el crepitar de la leña... Entonces, unos golpes en el ventanal. Ella alarmada da un paso atrás, luego ríe. También Moussa, que llega con las manos repletas de leña.

jueves, 8 de enero de 2015

TERCER ACTO TERCERA ESCENA (FINAL)

                                                                                      

                                                                                      TERCER ACTO

  TERCERA ESCENA (FINAL)


(salón de la casa. Están sentadas, de luto, Agustina y Alicia, Clara, la Hermana Herminia, Olvido y Casiana. Ésta está de pie hablando para todas)

Casiana:
Ha llamado el notario. Es el de Villanueva, don Fernando está de viaje. Me ha dicho que hay que adelantar la hora... que el acto será antes del entierro...

Agustina:
(ha tomado el mando. Lastimosa) Cuanto antes mejor ¿El cura está avisado?

Casiana:
Sí, nos espera a las once.

Agustina:
Bien

(llaman a la esquila)

Clara:
(ansiosa) ¿será el notario?

(sale Casiana. Se la oye hablar con Carmelita. Entran las dos)

Carmelita:
Buenos días a todas.

Alicia:
(es la única que responde) Buenos dias, Carmelita.

Carmelita:
He traído café con leche y unos churros para que desayunen algo...

Alicia:
(lastimosa) Muchas gracias mujer... ¿para qué te has molestado?... Tenemos el estómago cerrado

H. Heminia:
(dando codazos a Olvido) Pues nosotras vamos a tomar algo que unos churritos... asientan el cuerpo... y el espíritu...

(Salen las monjas y suena la esquila. Casiana sale. Son Encarna y Josefita. Entran enlutadas y con velo)

Encarna:
(Teatral) Buenos días... ¡ay!..., ¿y esa noche?

Todas:
Buenos días

Clara:
(impaciente y malhumorada. Es evidente que le molesta la visita) Larga, Encarna, larga...

Encarna:
No somos nadie... Siéntate Josefita hija...

Casiana:
A lo mejor quiere churros la niña...

Josefita:
(levantándose contenta) si puede ser...

Encarna:
(tirando de su hija) No Casiana, gracias, la niña no quiere nada... ¡con el disgusto!... (Josefita se sienta contrariada) (bajando la voz, misteriosa) Pues en el pueblo no se sabe nada... que nosotras... como muertas... ¿verdad hija?

Josefita:
Sí, mamá

Encarna:
Hasta me he encontrado con don Julián yendo a la misa de ocho y no me ha dicho ni mú...

Casiana:
(misteriosa) Ya sabe usted que doña Luisa no quería.

Encarna:
Por eso... por eso... ¿se sabe la hora del entierro?

Agustina:
A las once... en la Puebla

Encarna:
Ah...

(llaman al teléfono. Clara se lanza a cogerlo)

Clara:
¿Diga?... ah, Gregorio... sí... no... ¿mi hermana...?

(Casiana le quita el auricular)

Casiana:
Ya te dije anoche, Gregorio, que la señora está indispuesta... que luego te llamará... Bueno... Vale.... A más ver. (cuelga)

Clara:
(extrañada) ¿ni Gregorio?

Casiana:
Ni Gregorio.

(suena la esquila y todas se ponen alerta. Sale Casiana y entra con el notario. Es doña Luisa disfrazada. Lleva pantalón, capa larga, gafas de sol, sombrero de ala ancha tapándole la cara y barba postiza. Y una carpeta debajo del brazo)

Casiana:
Don Indalecio González, señor notario de Villanueva.

Notario:
(doña Luisa con otra voz. Seria) Buenos dias

Todas:
(ávidas, menos Alicia) Buenos días tenga usted.

Agustina:
Siéntese usted aquí... (le ofrece un sillón y coloca ante él una mesita auxiliar)

Encarna:
(a Casiana) ¡Qué raro es este hombre...!

Notario:
Procedo. Vengo, por encargo de doña Luisa del Monte y Benavente para la lectura de su testamento. Nombraré una a una a las personas incluídas en el documento: Doña Agustina Fernández del Monte...

Agustina:
(ansiosa) aquí estoy

Notario:
la señorita Alicia Serrano Fernández

Alicia:
(triste) yo

Notario:
Doña Clara del Monte y Benavente

Clara:
(impaciente) Sí, sí...

(entran precipitadamente las dos monjas)

Notario:
Doña Herminia Benavente García...

H. Herminia:
(precipitada, comiendo un churro) aquí...

Notario:
Doña Casiana Gómez Alcaide

Casiana:
(con guasa) Presente...

Notario:
Las personas no mencionadas presentes en la sala deben salir de ella... a menos de que las antes mencionadas no tengan inconveniente en que permanezcan en ella.

Todas:
(impacientes, menos Alicia) ¡No hay inconveniente!

(Encarna, Josefita y Carmelita se levantan con desgana esperando tener la venia de las presentes para volver a sentarse precipitadas. Escuchan con curiosidad)

Notario:
Bien pues. Procedo. Doy pública lectura al testamento autógrafo de doña Luisa del Monte y Benavente, finada en el día de ayer como consta en certificado oficial expedido por el médico del pueblo.

(Todas asienten con curiosidad y ansiosas, menos Alicia. Casiana con guasa)

Casiana:
(al público asombrada y con guasa) ¡Lo que sabe!

Notario:
(leyendo)
“Yo, Luisa del Monte y Benavente, madre, abuela, hermana, prima y señora de todas vosotras, en un día como hoy decido escribir mis últimas voluntades. Sé que queréis saber qué os ha caído en suerte en este sorteo macabro al que ahora me entrego. Pero perdonadme si antes me permito ciertas reflexiones, serán las últimas, os lo prometo.
Nací en este pueblo hace mucho, cuando todo era distinto. Unos padres cariñosos, una situación económica desahogada y la vida pausada de entonces, hicieron que tuviera una infancia feliz. Fui la mayor de dos hermanas. Nació Clara cuando yo ya tenía recuerdos. Siempre la quise, la cuidé, la protegí, oculté sus errores y alenté sus virtudes...

Clara:
(sonríe sintiéndose protagonista) Verdad...

Notario:
...pero al parecer aquello no sirvió de nada. Con el paso de los años y la distancia, mi cariño no disminuyó, imaginaba a mi hermana añorando su pasado y a su familia... Ahora sé que estaba equivocada,...parece ser que para ella sólo soy una mujer ignorante y miserable,... con una única virtud: mi dinero...

(Clara cambia de expresión. Extrañada, decepcionada y preocupada)

También llegó mi prima Herminia,... para mí otra hermana. Como tal la traté, con amor, confianza y risas que alegraran su oscura vida. Parece que aquellas risas la marcaron de por vida y a ellas se debe su carácter huraño ¡Cuánto lo siento!... Ahora quiere ser libre... hace bien.

(H. Herminia sonríe sin saber si estar alegre o preocupada)

Me casé enamorada de un hombre bueno que murió demasiado pronto. Tuve una hija, el sol de mis días,... Agustina. Desde entonces todo fue para ella,... todo fue por ella... Demasiado quizá. Por mucho que le daba... ella más quería... y más... Nunca ha estado satisfecha mi pobre hija,...

(Agustina mira con prevención)

...pero tuvo una hija... ¡Qué alegría ser madre!... Aquello tenía que haber colmado todos sus anhelos... pero no. La pequeña Alicia sólo supuso un freno a su desenfreno... pobre Alicia, ángel de la casa, único ser puro que nos acompaña esta noche.

(Agustina mira rabiosa a su hija. Alicia llora emocionada)

Por fin Casiana, compañera, la más fiel amiga... Alicia y tú lo tendréis todo.

(Casiana ríe guasona, Alicia y las demás la miran sin entender nada.)

H. Herminia:
(se pone de pie como con un resorte)¿Cómo puede ser?

Olvido:
(ríe) (a la h. Herminia) ¡Pánfila! ¿qué te creías?

Clara:
(se deja caer desmayada y sofisticada) ¡Es el fin!

Agustina:
(gritando histérica) ¡Noooooo...!

Alicia:
(calmando a su madre) ¡Mamá!

(Doña Luisa se quita el disfraz aprovechando la confusión. Cuando la ven cunde el pánico. En ese momento entra Gregorio en el salón)

H. Herminia:
(horrorizada se tapa la cara)¡Dios mío...!

Olvido:
(asustada pero divertida) ¡la muerta!

Clara:
(agresiva, olvidando su sofisticación) ¡Espíritu infernal! ¿Vuelves... para vengarte?

Agustina:
(como loca se acerca a su madre y la zarandea por los hombros) ¡No lo conseguirás!...¡No t te tengo miedo...!

Alicia:
(acude a sujetar a su madre) ¡Mamá!...(incrédula, ilusionada) ¿abuelita...?
(Encarna y Carmelita se esconden asustadas, gritando, detrás de Casiana. o Josefita no se inmuta. Casiana ríe y hace gestos al público)

Gregorio:
¿qué pasa aquí?

Doña Luisa:
(tranquila, sabiéndose dueña de la situación. Pasea por el salón provocando el pánico en cada u una a la que se acerca) Nada, mi fiel Gregorio... Mis familiares creen haber visto un fantasma... pero no.... Ningún espíritu maligno ha venido a mortificaros, sólo soy yo, vuestra Luisa del Monte...

(Se van tranquilizando. Van encajando la situación)

Os preguntaréis el motivo de la pantomima... Pura curiosidad, ¡peligrosa afición!... Sólo  quería saber... y, sin pretenderlo, he sacado a la luz nuestras peores miserias...
(Se acerca a su hermana y ésta mira hacia otro lado con gesto sofisticado) Clara, ¿qué fue de nuestra complicidad de hermanas? Siempre te he querido,... siempre te he extrañado... Me hubiera gustado que me pidieras ayuda... antes de acudir a un usurero...

(se dirige a la H. Herminia que se arrodilla delante de ella como si fuera un santo. Doña Luisa l la levanta) ¡Herminia, levanta mujer! ...Siempre fuiste para mí otra hermana... y como a tal te traté y te quise... Mis pobres padres creyeron hacer tu bien... ¡qué equivocados estaban!... perdona su error,... los errores de todos... Parece que tu vida entre nosotros no fue más que una enorme tela de araña llena de nudos macabros que te atrapó haciendo de ti el ser miserable en que te has convertido...

(se dirige a Agustina que llora después de la histeria consolada por Alicia) Hija... creí haber sido una buena madre... ahora sé que no... Eres mi mayor fracaso... ¿Qué será de ti? No lo sé, ojalá pudiera volver atrás... Ya es tarde... el odio se ha instalado en ti tan profundo... La culpa me atormenta... no debí darte todo lo que me pedías, tuve que exigirte más,... ahora vivirás de tu trabajo, tendrás que ser responsable de ti, sólo de ti,... quizá algún día...

(se dirige a Alicia que llora emocionada y la abraza) Alicita, ángel mío, mi único amor sincero entre tanta miseria.

(se dirige a Casiana. Se cogen de las manos y ríen cómplices) Casiana, compañera,...

Sé que he vivido alejada de vuestras vidas... he confundido la bondad con el consentimiento... y eso me llena de culpa. Pero defiendo el derecho que tenemos todas a tropezar,... a caer,... a volver a levantarnos... Somos seres imperfectos,.. así debe ser.

(se dirige a Encarna, Josefita y Carmelita) Encarna, Carmelita, niña... serviréis de notarios en esto que empezó siendo una farsa y terminará siendo la única realidad.

(se dirige a Gregorio) Gregorio, a partir de hoy pon en venta las fincas, sé que hay gente interesada... no te será difícil. La casa será para ti, te la has ganado.

Gregorio:
¿pero qué hará usted?

Doña Luisa:
(llama a su lado a Alicia y a Casiana que acuden y se agarran cada una a un brazo de la señora) Las tres haremos un largo viaje... y luego... ya veremos.

Casiana:
(con la guasa de siempre enseñando su delantal) Señora... a dónde voy yo con esta pinta...

Doña Luisa:
(ilusionada) Iremos a la que dicen es tierra de oportunidades, Casiana... Dicen que está llena de luz y canguros,... y hombres (gestualizando) musculosos... (ríen las dos)

Alicia:
Abuelita... ¿y yo?

Doña Luisa:
Para ti, ángel mío, buscaré una preciosa granja donde cuidarás a tus animalitos abandonados. Porque esta vez sí,... (se agarran las tres frente al público) ¡Espéranos...

Doña Luisa, Casiana, Alicia:
… AUSTRALIA!





viernes, 2 de enero de 2015

AUSTRALIA III Acto II Escena


                                                                      
                                                                                           
         TERCER ACTO
                                                                                          SEGUNDA ESCENA


Casiana:
¡Señora!

Doña Luisa:
Ya sé... ya sé. (se levanta y se estira. Está seria)

Casiana:
le he traído el bocadillo (sacando de la bolsa el bocadillo y la botella)

Doña Luisa:
No lo quiero... dame, dame.... (coge la botella y bebe directamente de ella. Casiana la mira asombrada)

Casiana:
¡señora!

Doña Luisa:
Mi prima me ha dejado sin ganas... No sabes qué cosas ha dicho... que si tengo la culpa de sus desgracias... que si ha vivido en una cárcel... (bebe) ¡Quiere mi dinero para escapar del convento! ¡Dice que se va... a Australia!

Casiana:
¿Australia? ¿Y dónde pilla eso?

Doña Luisa:
Muy lejos... mucho ¡¿Será desagradecida?!... Debería sentirme enfadada..., pero no... (señala la botella) Será esto... (ríe y bebe)

Casiana:
Señora... el aguardiente...

Doña Luisa:
¿qué pasa? ¿crees que puedo aguantar las miserias de esta familia a palo seco? (bebe)

Casiana:
La siguiente es su hermana. (se dirige al público haciendo gestos de “ay mi madre”)

Doña Luisa:
¡Ay mi madre! (bebe y ríe)

Casiana:
Al despertarla me ha dicho que ahora venía..., que primero iba a hacer una llamada... (gesto de no entender nada)

Doña Luisa:
¿Una llamada... a estas horas?

Casiana:
No sé, señora

Doña Luisa:
Están todas locas (ríe)

Casiana:
Acuéstese... se oyen ruidos...

(la señora se acuesta y Casiana la peina, le retoca el polvo de talco exageradamente y la cubre con la colcha. Doña Luisa tiene hipo y le da la risa)

Casiana:
Si es que... tanto bebercio...

Doña Luisa:
(ríe) Hip,... dile que son... calambres... hip... (ríe, le da hipo y más ríe)

(entra Clara con su aspecto sofisticado, antipática)

Clara:
¿todavía aquí? (a Casiana)

Casiana:
Ya me voy. Volveré en dos horas (sale)

Clara:
¡Qué pesadez! (acomoda un par de sillas y se sienta sofisticada con las piernas sobre una de ellas)... Y yo sin hablar con el conde... (se levanta y pasea nerviosa. Enciende un cigarro) Así no puedo volver a Santander. En cuanto pise el aeropuerto estoy muerta... (retuerce las manos más nerviosa. Se dirige a doña Luisa)
Ya podías haberte ido antes... hermanita adorada... A ver para qué tanta finca..., tanto cuadro,... tanta plata... con esa vida miserable que llevabas... (ríe con desprecio) Ya me dirás... abanicarte mirando el reloj de la torre... rodeada de polvo y de una vieja decrépita (mira muebles y tapicerías con desprecio) ¡Decadente!... Ser poseedora de riquezas no basta... hace falta tener... clase (hace gesto de mostrarse a ella misma)... y esa, Luisa querida, no era tu mayor virtud.

(Doña Luisa suelta un hipo y le da la risa. Clara se acerca a ella asustada)

Clara:
¿Qué ha sido eso?... parece que sonríes... (se abraza con un escalofrío) pero no, estás ahí, fría como el mármol... (pasea nerviosa) Son los nervios... tengo que descansar, necesito dormir... Mañana. Eso, mañana dormiré cuando el notario me de la escritura de la Vega. No te queda otra, querida... padre te obligó: ”a la muerte de mi hija mayor, de producirse, la finca de la Vega pasará a mi hija menor, si vive” (ríe nerviosa)... ¡y vivo!... ¡Vivo! (sofisticada) ¿Sabes? me relaciono con la mejor sociedad de Santander,... aún tengo a los hombres a mis pies, (se coloca el pelo y hace ademán de sentirse guapa)... ¿que soy mayor? ¿y qué?... todos piensan que soy rica, el mejor atractivo cuando la juventud pasa... Y mañana lo seré,... otra vez....
Me voy a Australia, ¿sabes?,... tengo un enamorado en Sydney... un lord inglés de mucho abolengo y... más dinero. Pero antes tengo que arreglar lo de Armando... un usurero que me perseguiría hasta el mismísimo fin del mundo si no le pago...

Doña Luisa:
¡otra!

(Doña Luisa suelta un hipo y se mueve aguantando la risa)

Clara:
(se vuelve rápida para mirar a su hermana) ¿ni muerta vas dejarme en paz, Luisa?... ¿vuelves del otro mundo para recriminar mis actos?... ¡qué novedad!...Siempre tan perfecta... tan sensata... Pues no lo conseguirás, no me asustarás.

(Doña Luisa suelta otro hipo sin poder aguantar la risa)

Clara:
(da un salto hacia atrás asustada) ¡Calla, espíritu del más allá!

(se oyen pasos y se abre la puerta con un crujido siniestro. Clara da otro salto muerta de miedo. Aparece Casiana asomando una cabeza con redecilla de dormir)

Casiana:
Doña Clara... ya es la hora.

Clara:
(aliviada) ¡Por Dios Casiana!... ¿Qué tienes en la cabeza?

Casiana:
rulos

Clara:
(saliendo) que casa de locos...

Doña Luisa:
(ríe sin recato desahogándose, retorciéndose en la cama. Se levanta) ¡Ay, Casiana! ¡ésta también se va a Australia! ¿Qué tendrá aquella tierra... además de canguros?

Casiana:
¿Todavía le dura la alegría del aguardiente?

Doña Luisa:
Hablando de aguardiente...

Casiana:
No... ahora toca café bien cargado (saca un termo de una bolsa y sirve café en una taza)

Doña Luisa:
(bebe con disgusto) vieja ñoña...

Casiana:
¿Cómo le fue con su hermana?

Doña Luisa:
(misteriosa) Le debe dinero a un prestamista, dice que si no paga... es mujer muerta.

Casiana:
¡Pero si heredó lo mismo que usted!

Doña Luisa:
(asintiendo)¡La buena vida no puede durar siempre!... Ahora me doy cuenta, vieja Casiana, de que no debí ser tan complaciente en estos tiempos que corren... Tanto pensar en el bienestar de los demás... vigilando sus necesidades, sus más banales deseos... ahora no lo recuerdan, sólo quieren más,... Mi prima... con sus comodidades y caprichos a pesar de sus votos,... mi hermana... tantas veces la ayudé para que no tuviera que renunciar a su tren de vida... Nosotras necesitábamos poco, ¿eh, Casiana?

Casiana:
(asiente exagerada) y que usted lo diga.

Doña Luisa:
Pero ahora lo veo... con mi altruismo las he convertido en animales de carroña... ¿y mientras ellas vivían... que fue de nuestra juventud y nuestros deseos?...

Casiana:
Pues qué ha de ser... lo normal... los años pasan sin darse una cuenta... Ahora es verano... y mañana mismo estamos con los turrones... luego los oficios de Jueves Santo y... otra vez el verano... Y nosotras perdiendo las fuerzas... y las ganas. Pero hemos sido felices señora... No somos nosotras mujeres de muchos sueños como su hermana,... sólo con ver las plantas brotar en el jardín... y saber que Gregorio de vez en cuando, con el buen tiempo, nos lleva a dar una vuelta por las fincas... hemos tenido bastante.

Doña Luisa:
Dices bien... Pero las mayores alegrías nos las han dado las niñas... primero Agustinita, tan buena y formal,... luego mi nieta que es un ángel del cielo... Menos mal que tenemos a las niñas, Casiana.

Casiana:
Tiene usted razón, señora... pero ahora prepárese que pronto estarán aquí.

Doña Luisa:
Está bien Casiana... sigamos con la pantomima,... aunque confío tanto en mi Agustina...

Casiana:
(para el público) no sé... no sé

(Doña Luisa se tumba de nuevo y Casiana vuelve a arreglarla. Esta vez están cansadas y lo hacen tranquilas. Se respira cariño entre ellas. Se abre la puerta. Son Agustina y Alicia)

Agustina:
(haciéndose la triste huérfana) ¿Mujer, qué haces aquí a estas horas y con esa pinta?

Casiana:
He venido a dar una vuelta para ver cómo seguía todo.

Agustina:
A tu edad deberías descansar más..

Alicia:
Mamá tiene razón, Tata... (se acerca a Casiana y le da un beso)

Casiana:
Ya me voy... (sale y cierra la puerta)

(Agustina se sienta callada, Alicia se acerca a su abuela en silencio. Luego habla)

Alicia:
Pobre abuelita querida...

Agustina:
(cambia de actitud. Ahora es fría y dura) déjate de monsergas.

Alicia:
¿monsergas? Mi amor por mi abuelita es sincero...

Agustina:
Amores... amores... ¿de qué sirven los amores?...¡Olvídate!

Alicia:
Mamá, no empieces... no es momento.

Agustina:
(irónica) Deja de ser tan comedida, hijita querida... no te pega.

Alicia:
de acuerdo, mamá... venga... empieza con tus reproches

Agustina:
Sólo te digo que ahora que tu abuela no está y que heredaré, como su hija que soy, casi todo el capital... no quiero volver a verte por esta casa.

Alicia:
¿Crees que me importa?... ¿puede dolerme no tener tu cariño?... Nunca lo he tenido... no espero otra cosa de ti... Si mi abuela hubiera sabido...

Agustina:
(hiriente e irónica) Sí..., qué raro que la repelente Alicita no haya confesado en tantos años de sufrimiento...

Alicia:
Mamá, qué poco me conoces...

Agustina:
Puede ser... no deja de sorprenderme tu silencio... ni de chica se te escapó una palabra de más... (ríe) será por el miedo que te inspiraba...

Alicia:
Nunca te tuve miedo... sólo te quería.

Agustina:
Otra vez con tus amores...

Alicia:
¡Sí, te quería,... igual que a ella! Sabía que confesarle tus mentiras sólo os haría sufrir, por eso callé...

Agustina:
Mentiras, sí... era el único modo de que me dejara vivir mi vida... ¿Cómo crees que se habría tomado saber que no fue tu padre el que me abandonó... sino yo la que buscó un amante mas.... fogoso? (ríe) ¿Habría entendido tu abuelita querida que no soy mujer de un sólo hombre? ¿que mi trabajo con el abogado no es precisamente de... secretaria?

Alicia:
(casi gritando) No Mamá, no,... no lo habría entendido... nadie puede entender tu modo de vida... al que me has arrastrado sin sentir el más mínimo remordimiento... Te he conocido amantes de la peor calaña, he aguantado sus borracheras y sus vicios...

Agustina:
Ya salió “sor Alicia de los buenos pasos”... Pero no te preocupes... ahora pienso irme con Hugh y te liberarás de mi viciosa vida

Alicia:
(sorprendida y dolida) ¿Con Hugh? ¿No me dijiste que aquello había acabado?

Agustina:
(irónica y cruel) ¡Qué cándida puedes llegar a ser, hijita!... Te lo dije para que me dejaras en paz... ¡Cómo acabar con un hombre como Hugh, tan joven, tan fuerte,... Sin dinero... eso sí... que se vino de Australia con su mochila siguiendo el rastro de una jovencita angelical... a la que había conocido en Florencia en una habitación con vistas...

Alicia:
(pasea por la habitación y llora desesperada) No me lo puedo creer, mamá... ¿cómo puedes hacerme esto?... Sabes que aún lo quiero... me prometiste que no lo verías más...

Agustina:
(frívola e hiriente) ¡Se prometen tantas cosas!... De todos modos él no te conviene... no te quiere... me prefiere a mí... o a mi dinero...(ríe)... En cuanto tenga la herencia nos iremos a Australia, quiere presentarme a sus padres...

Alicia:
(llorando) ¡Cómo puedes ser tan egoísta!... Sabes que mi sueño era irme con él y montar los dos una granja para animales abandonados...

Agustina:
(ríe) Ay... animales abandonados... ¡pero qué ñoña eres, hija mía!

(Doña Luisa hace ruidos intentando aguantar el llanto. Le tiemblan las piernas. Se da cuenta Agustina)

Agustina:
(acercándose sin ningún miedo a doña Luisa) Pero...¿ésto qué es?...

Alicia:
(acercándose a su vez) Parece que llora... (con un pañuelo seca los ojos de su abuela)

Agustina:
Ya es lo que me faltaba... que mi madre se levante como Lázaro... (ríe)

Alicia:
No sé,... serán cosas mías

Agustina:
¡Sí, hija... serán cosas tuyas!

Alicia:
¿por qué eres tan cruel?

Agustina:
(indiferente) Debo haber sacado lo peor de cada familia (ríe)

Alicia:
(más tranquila) ¿Qué piensas hacer con Casiana?

Agustina:
Hablaré con las monjas del asilo de Llerena... si les doy una buena lismosna seguro que me la aceptan

Alicia:
No, mamá,... Casiana no irá al asilo... ya buscaré el modo de que se venga conmigo donde yo esté.

Agustina:
A mí me da igual... pero no creo que puedas ganar suficiente para las dos... Con esa cabeza que tienes... si hubieras estudiado derecho... ahora serías... registrador de la propiedad... o... inspector de hacienda... y tendrías un buen dinero... (irónica) Pero como eres tan “amor y flores”... ¡biología!... así tú no ganas ni para pipas.

Alicia:
(firme) Casiana se viene conmigo. Supongo que podremos seguir en nuestra casa mientras encuentro algo...

Agustina:
mientras yo esté aquí arreglando la casa y ocupándome de la venta de las fincas....

(se hace un silencio. Agustina se sienta lo más cómoda que puede. Alicia mira por la ventana pensativa)

Alicia:
Está amaneciendo...

Agustina:
Dentro de poco vendrán a buscarnos



domingo, 28 de diciembre de 2014

AUSTRALIA III Acto I Escena


TERCER ACTO


PRIMERA ESCENA


(Habitación de doña Luisa. Cama grande y dos cirios encendidos a los lados. Muchas sillas a su alrededor. Un cuadro de algún santo sobre el cabecero. Flores sobre los muebles. Doña Luisa tumbada en la cama con la cara blanca y grandes ojeras pintadas. Le tiemblan las piernas exageradamente y abre un ojo creyéndose sola. Lo está. Entra Casiana con una bandeja y cierra la puerta)

Casiana:
(acercándose a doña Luisa, en voz baja) Señora... que soy yo...

Doña Luisa:
(estirándose y haciendo toda clase de gestos raros. Salta de la cama) Uffff.... No podía más... Agua.... (bebe sedienta... junta las piernas porque no aguanta el pipí) ¿Y el orinal?

Casiana:
(gesto al público diciendo “no”) el camino al baño lo tiene usted libre. (misteriosa) Todas duermen, menos las monjas que están cenando... (gesto de guasa y de comer mucho)

Doña Luisa:
¡Vieja ñoña!... Si me las encuentro tú te enteras...

(sale doña Luisa y Casiana se queda sola. Arregla la cama.)

Casiana:
¡Y ahora... a aguantar toda la noche! Ella dice que sí... que puede..., y cabezona es un rato... pero... no sé yo... Ya estaban diciendo las otras que si la pobre muerta parece dormida... (guasa) que serán cosas de la pena pero... los ojos parece que se le mueven... y la boca... y hasta las manos... y jurarían con la mano en los Evangelios que si dejan de mirarla un momento, al volver a poner los ojos en ella... ¡ha cambiado de postura!(ríe)... ¡Ay!...¡Ésta señora está loca!

(entra doña Luisa)

Doña Luisa:
¿Loca?... loca tú. (levantando el paño que tapa la bandeja come hambrienta) ¿Entonces vienen las monjas? (come sopa de pan y bebe dos copas de cazalla)

Casiana:
Son las primeras

Doña Luisa:
¡Ummmm, qué rico está esto!...Luego me traes un bocadillo de chorizo, ¡ah!..y mi copita de cazalla... a ver si así... no se mueven las tripas.

Casiana:
El apetito no lo pierde, no.... que esa sopa de ajo... con dos huevos cuajaos (gesto de gran comilona)... y... (coge la botella de cazalla) media botella de aguardiente...

Doña Luisa:
¡Pues claro!, a ver si no cómo paso yo el trance...
Ah... y no te alejes... nunca se sabe...

Casiana:
No señora no... (al público) ¡qué nochecita!

(se oye ruido fuera. Doña Luisa se apresura y vuelve a la cama. Casiana le retoca la cara con polvos de talco y la tapa con la colcha. Entran las monjas)

H. Herminia:
(con voz lastimera) Casiana, mujer, ve a dormir que con tu edad...

Casiana:
(con pena fingida) Por mi señora... lo que sea... Buenas noches.

(sale Casiana y la monja mira fuera antes de cerrar la puerta con atención)

H. Herminia:
Por fin... (se quita la toca) y se deja caer en una silla

Olvido:
¿Y ahora qué?

H. Herminia:
Ahora nada,... sólo esperar... Parece que nada más terminar el entierro vendrá el notario...

Olvido:
(quitándose la toca y el hábito. Se queda en combinación ) ¡Ahhh! ¡qué descanso!... no sé cómo aguantáis con tanto trapo... (con otro tono) No me fío de la bruja de la superiora..., esa es capaz de venir a buscarnos...

H. Herminia:
¿Cómo...? Si la furgoneta la tenemos nosotras... además le dije que el entierro sería tarde... por si las moscas...
(acercándose a doña Luisa) Luisa hija... espero que después de muerta seas más generosa... porque vaya limosnas de pena nos mandabas

Olvido:
¿Estás segura de que las otras te dejarán el dinero contante y sonante?... Mira que vender las fincas llevará un tiempo...

(la h. Herminia se da la vuelta y doña Luisa, sabiéndose sin miradas, se retuerce enfadada, se incorpora y hace gestos al público. Se tumba antes de que su prima se vuelva de nuevo)

H. Herminia:
Por eso no te preocupes: (poniendo cara de pedigüeña y fingiendo) Las monjitas esperan lo que mi santa prima haya tenido a bien donar con su gran corazón y generosidad..., ¡Dios la tenga en su Gloria!... Pobrecitas mías, ni para comer hay en el convento,... que todo lo que entra... sale... para nuestras pobres pecadoras...

Olvido:
(aplaude riendo) Muy convincente

H. Heminia:
(riendo) No imaginan mis parientas dónde llegará el parné...

H. Herminia y Olvido:
(juntas y al público) ¡a...Australia! (rien y bailotean juntas)

Olvido:
(ilusionada) Dicen que es tierra de oportunidades... donde no te preguntan de dónde vienes ni a dónde vas... Allí pondremos un restaurante, Herminia...

H. Herminia:
(ilusionada) “El Convento” se llamará... (ríen las dos)
(doña Luisa vuelve a incorporarse, se araña la cara, se tira del pelo... vuelve a tumbarse despeinada. Olvido deja de bailar viendo algo raro en doña Luisa)

Olvido:
(asustada tira de la manga a la H. Herminia) Herminia... ¿tú no ves rara a tu prima?

(se acercan las dos y miran a doña Luisa con atención)

H. Herminia:
No parece..., aunque... ¡qué pelos!... ¡Esta Casiana cada día está peor!

Olvido:
Repasemos el plan

H. Herminia:
En cuanto termine el notario...

Olvido:
a Madrid

H. Herminia:
Directas al aeropuerto...

Olvido:
el avión no espera...

(vuelven a bailar juntas)

H. Herminia y H. Olvido:
(juntas) ¡a Australia! (ríen)

(se sientan alegres pero cansadas, miran el reloj)

Olvido
¿cuándo vienen las otras?

H. Herminia:
en hora y media

Olvido:
(señalando con la cabeza a doña Luisa) ¿no te da pena?

H. Herminia:
Sí...., de mí.
Olvido:
si te criaste con ella...

H. Herminia:
Por eso... aguantarla esta noche será el último sacrificio que me imponga el hábito... ¡Ja! Desde mañana se acabó... No más reclusión, (irónica) no más trabajo que me hace libre..., ni más ver el amanecer arando la tierra del huerto... Se acabaron los rezos y letanías... ¡se acabó!

Olvido:
¡viva la libertad! (ríe)

H. Herminia:
Me fastidiaron tanto la vida... querida Olvido... Sus burlas me aplastaron, hicieron de mí algo peor que una rata... Así... ¡cómo me iban a querer mis padres!... ellos sólo veían en mí el fracaso de sus vidas... Las comparaciones son odiosas... y ellas eran tan monas,... hablaban tan bien francés... y yo tan gorda... tan poquita cosa...

Olvido:
(irónica) Anda..., anda..., ya sería menos

H. Herminia:
(se acerca a H. Olvido agresiva) ¿Ya sería menos?... Mis padres se contagiaron de mi indignidad... y poco a poco fueron perdiendo la prestancia que un día tuvieron. Terminaron consumidos por la vergüenza,... cada vez más pequeños,... más insignificantes, hasta que un día...¡pluf! se desvanecieron en el aire viciado de nuestra casa.

Olvido:
¿Y cómo acabaste en el convento?

H. Herminia:
Mis tíos tenían influencia en el arzobispado... consiguieron un lugar (irónica) lleno de paz para la pobre huérfana... No levantaba dos cuartas del suelo cuando entré en aquella cárcel perpetua, … de normas perpetuas,... de silencio perpetuo... (dirigiéndose a doña Luisa con ira) ¡Gracias prima... os lo debo!... Entonces empezó la rabia
Olvido:
(irónica y cruel) ¡Pobre Herminia!

H. Herminia:
Pero un día llegásteis vosotras... las reclusas. Aquel convenio entre el obispo y la Justicia que tanto escandalizó a las mentes bienpensantes os trajo a mí (ríe)... No me asustó vuestra falta de modales..., ni vuestra violencia... Con vosotras se abrieron las puertas de mi vida y conocí el mundo.. ¡Qué ironía! Al final Dios se apiadó de mí... Dios iluminó mi encierro con vuestra miseria,... mujeres inmundas,... ratas también vosotras... como yo.

Olvido:
(ríe) cómo te corroe la envidia...
H. Herminia:
(ríe) pero ya todo se acabó.

Olvido:
(atenta) parece que se oyen pasos

H. Herminia:
(mira el reloj) Falta poco... vístete.

(Olvido se viste apresurada, H. Herminia se pone la toca, se arrodillan apresuradas ante doña Luisa. Se abre la puerta. Es Casiana con una bolsa en la mano)

H. Herminia:
(arrodillada) Padre nuestro que estás... (haciéndose la sorprendida) Casiana... ¿tú aquí?

Casiana:
Sí hermanas, ya es la hora... Vayan a dormir. Ahora vendrá doña Clara.

H. Herminia:
Vamos entonces, hermana... descansemos... mañana será un día duro.


(las monjas se levantan y salen. Casiana cierra la puerta)

jueves, 25 de diciembre de 2014

AUSTRALIA II Acto III Escena



                 TERCERA ESCENA

  (Agustina coge a su hija de un brazo y salen las dos precipitadamente del salón. Las sigue Casiana y enseguida se la escucha hablar con Clara y Carmelita, fuera y luego entrando en el salón)

Clara:
Buenas noches, Casiana...

Casiana:
Bienvenida, señora... Carmelita, ¿tú por aquí?

(entran en el salón)

Clara:
(con gestos sofisticados, cansada) ¡Qué noticia tan tremenda y repentina!...Por fin encontré un avión... ya te dije cuando me llamaste que no sabía a que hora podría llegar. Vengo... muerta... De San Sebastián a Bilbao en coche, luego en avión a Sevilla... y por fin un taxista me ha traído hasta aquí... Por cierto... págale que no tengo suelto...

(sale Casiana)

Carmelita:
(asombrada) Pero cómo se le ocurre a esta mujer no decir nada en el pueblo...

Clara:
(dejándose caer sofisticada en un sillón)(no parece afectada) Ya sabes que es muy suya... La pobre Luisa tenía el cielo ganado con ella.

Carmelita:
¡Sí, ya sé, pero esto es el colmo!

(entra Casiana que ha oído la conversación)

Casiana:
No te asustes tanto... que son órdenes de la señora,... (teatral) Me dijo antes de morir: “Casiana... en el pueblo ni mú, que si se me acerca don Julián no respondo “... así que sólo está enterado el médico... y porque doña Luisa, antes de irse...(señalando al techo), le obligó a prometerle, con la mano en los evangelios, no abrir el pico...

Carmelita:
(impresionada)Típico de la pobre doña Luisa... pero no me lo puedo creer... si ayer estaba tan buena comiendo aceitunas que daba gusto verla... (curiosa) ¿y... cómo fue?

Clara:
(interrumpiendo) Bueno, bueno... dejaros de detalles morbosos y dime qué cuarto me has preparado. Antes de ir a verla me quiero asear un poco, que estoy hecha un desastre...

Casiana:
La acompaño... Espera aquí, Carmelita.

(salen Clara y Casiana)

Carmelita:
¡qué extraña muerte... tan repentina! Ayer estaba tan buenecita..., con su genio de siempre y (haciendo gestos de que le gustaba comer) su apetito... y hoy,... ¡no somos nada!... (sospechando) Aunque esto es muy raro... ¿será que la señora habrá...(gesto de cortarse el cuello) ella sola?... o que la vieja le haya dado un empujoncito... por lo que le pueda quedar, digo... No... no puede ser... Casiana es fiel como de las de antes... y la señora... tan religiosa... aunque vete tú a saber qué ideas le habrá metido en la cabeza el cura de la Puebla...

(entra Casiana)

Casiana:
Ya estoy aquí, Carmelita... (se deja caer en la mecedora, cansada)

Carmelita:
(acercándose a Casiana con curiosidad) de piedra me he quedado...

Casiana:
(misteriosa) no te quedes tan de piedra...

Carmelita:
(curiosa) ¿y eso?

Casiana:
que las cosas nunca son como parecen...

Carmelita:
Casiana... por Dios,... que me tienes en un ay...

Casiana:
(quitando importancia) nada mujer... es la pena... que me hace desvariar.

Carmelita:
Ah, bueno... te has puesto tan... misteriosa...

Casiana:
(de nuevo misteriosa) es que no es para menos...

Carmelita:
¿Ha sido... ella misma la que...?

Casiana:
(escandalizada) ¡no, por Dios, pero qué cosas dices!

Carmelita:
¿entonces... ha sido otro el que...?

Casiana:
¡deja ya de pensar cosas raras! Qué cabeza más ceniza...

Carmelita:
¡si eres tú!...

Casiana:
(falsamente inocente) ¿yo...?

Carmelita:
Sí... con ese misterio...

Casiana:
(otra vez misteriosa) es que no es para menos...

Carmelita:
(cansada de bromas) Mira... anda... (cambiando de tema) Ah, se me olvidaba... al entrar he visto a doña Encarna con Josefita,... que tampoco sabía nada... que ahora se acerca. La pobre se ha quedado traspuesta con la noticia...

Casiana:
(espantada, para el público) ¡Otra! ¡ay, mi madre!
(asustada a Carmelita) pero... ¿ No te digo que la señora no quería...?

Carmelita:
Mujer, yo que sabía... (vuelve a la curiosidad) además no entiendo yo tanto misterio...

Casiana:
(cortando el tema) de misterio nada... cada uno se muere como le da la gana.

Carmelita:
(resignada a no saber) Bueno... me acerco al bar por un caldito y carne mechada... que no habrás podido hacer nada, y con el hambre que dan estas cosas...

Casiana:
Te lo agradezco, Carmelita... ( imitando a doña Luisa) ¡siempre tan atenta! Es verdad que de hacer hoy... poco... y (con sorna) algo querrán comer, que en los velorios...

(suena la esquila)

Casiana:
(santiguándose) las que faltaban...

(Casiana sale a abrir y entran las tres, Encarna y Josefita vestidas de negro, con un velo en la cabeza, la madre su abanico, el bolso en el brazo)

Encarna:
¡Qué desgracia! ¡Ay, qué desgracia!... Pero... ¿cuándo ha sido...?

Casiana:
(teatral)
Esta tarde, doña Encarna... que la pobre señora, Dios la tenga en su gloria, subió al palomar para ver a los pajaritos y parece que le dio un aire..., que ya sabe usted que al refrescar se levantó un viento que tenía loco al pueblo..., y parece ser que con el aire... ¡paf!...un paralís, y con el paralís... ¡catapún!... se cayó escaleras abajo.

Carmelita:
(escuchando curiosa) ah...

Encarna:
(lastimosa) Si es que no somos nadie... como mi pobre Adolfo... así... de pronto... (con aire ensoñador) y mira que le dije... Adolfo, que el agua no es para ti... pero por llevarme la contraria... ¡zas! Se lanzó al río y no salió más... ¡ay!... (volviendo a la realidad)

Josefita:
(lastimosa) ¡Ay!
Encarna:
¿Está avisado don Julián?

Carmelita:
(cotilla) Parece que doña Luisa no quería que se supiera..., ni siquiera el cura... y digo yo que alguien tendrá que dar la misa del funeral...

Casiana:
(misteriosa) Tengo orden de llamar a don Francisco, el de la Puebla, en cuanto amanezca... para que no se vaya de la lengua...

Encarna:
Ah...

Carmelita:
Ah...

Josefita:
Ah...

Encarna:
(sumisa) ¿Y dejó dicho si podíamos acompañarla un ratito...?

Casiana:
Eso, un ratito... que ya dentro poco cierro el portón hasta mañana.

Carmelita:
(a Encarna) ¿vamos entonces?

Encarna:
(a Casiana) ¿vamos entonces?

Josefita:
(al vacío) ¿vamos entonces?

Casiana:
vamos allá

(salen las tres y el salón se queda solo. Al momento entra Clara que se ha puesto un vestido negro muy elegante, va fumando sofisticada y se dirige directamente al mueble sobre el que hay unas botellas y vasos. Se sirve un Whisky doble)

Clara:
(dirigiéndose al teléfono que está sobre una cómoda) Todavía no son las doce... no sé si habrá llegado... (marca un número y espera) (impaciente) no está,... (bebe lo que queda en el vaso de un trago). (vuelve a marcar, espera)... nada... (nerviosa) tengo que encontrarlo esta noche..., no puedo volver si no pago... (se acerca a la botella y se sirve de nuevo). Esta vez Armando está dispuesto a todo... (pasea nerviosa por el salón fumando y bebiendo). Tengo que hablar con el conde esta noche... Él dice que no... pero yo sé que es incapaz de dejarme en la estacada... es mi última oportunidad... (vuelve a marcar y espera) nada... (ansiosa)

(entra Casiana)

Casiana:
¿quiere usted comer algo? Carmelita ha traído del bar un caldito que resucita a un muerto...
(para el público) Ji, ji,...

Clara:
(sin enterarse de nada) Luego... luego... Tengo que hacer una llamada importante... que con las prisas...

Casiana:
Me voy entonces...

Clara:
Espera... dime cómo ocurrió la desgracia. Pobre Luisa...

Casiana:
(teatral)
La alberca... que con el calor le dio por meterse de golpe... ¡ay!... y parece que engollipó con la perrunilla de la merienda... Eso ha dicho el médico.

Clara:
¿un corte de digestión?

Casiana:
será...

Clara:
qué raro... con lo cuidadosa que fue siempre...

Casiana:
(lastimosa) ¡ay!, la vida...

Josefita:
(desde dentro) ¡Ay, la vida!

Encarna:
(desde dentro) ¡calla hija!

Casiana:
Estas dos ya mismo se van, que es hora de cerrar el portón.

(Casiana sale del salón y deja sola a Clara)


Clara:
(de nuevo marca un número en el teléfono. Enciende un cigarro y espera impaciente. Cuelga)
Nada,... (suplicante. Paseando por el salón) ¡Dios mío, por favor, ésta es la última, te lo juro! No me dejes así... no permitas que Armando me encuentre... (pensando) Aunque... no sabe que tengo una hermana..., ni idea de mis orígenes..., aunque el conde..., no... el conde no se irá de la lengua...
(suena el teléfono y da un respingo. Con cara de susto mira a un lado y a otro, como temiendo ser escuchada)
¡ No puede ser..!. (duda si descolgar o no. Finalmente descuelga) (con voz fingida) ¿digameeee? (alivio en su cara y en sus gestos) ¡Por Dios, Gregorio, qué horas de llamar!... Síiii, soy la señorita Clara... síiiii, he llegado esta tarde..... síiii.... ¿cómo?... ¡pero qué dices! ¿mi hermana...? pero si está...

(Casiana llega por detrás atropellada y le quita el auricular del teléfono)

Casiana:
Gregorio, la señora hoy no puede hablar contigo... nooo.... síiiii.... puede..... mañana.... noooo... síiii.... Si Dios quiere. (cuelga)
(a Clara, levantando los hombros) órdenes de la señora. (hace gesto de estar callada)

Clara:
Esta Luisa... ¿cerraste ya el portón?

Casiana:
Ahora mismo, ya se han ido las visitas.

Clara:
¿Quién hará el primer turno de vigilia?

Casiana:
Su prima Herminia y la hermana Olvido. Ahora van a cenar... y mientras sí mientras no... yo me quedaré de guardia. Ustedes acuéstense que mañana será un día duro.

Clara:
(apagando el eterno cigarro, mirando el teléfono con miedo) Sí, mañana será un día duro.


Fin del segundo acto. Intermedio

martes, 23 de diciembre de 2014

AUSTRALIA II Acto II Escena

   
                              SEGUNDA ESCENA


(Agustina sale del salón y se la oye hablar con la hermana Herminia mientras entran)

Agustina:
¡Ay, tía...! ¡Qué desgracia!

Hermana Herminia:
¡Hija mía, Agustina... resignación!

(entra Agustina acompañada de la hermana Herminia y la hermana Olvido que viene cargando dos maletas)

Agustina:
(lastimosa)
Sí tía... pero ha sido tan repentino... Has llegado pronto, ¿no?

H. Herminia:
Me avisó esta tarde Casiana y, como la madre superiora sabe de mi cariño por mi prima, ha tenido la cosa de ofrecerme la furgoneta del convento y a la hermana Olvido... que tiene carnet.

Agustina:
(saludando con la cabeza a la h. Olvido) mira qué bien...

H. Herminia:
llévame a su lado... sin más tardar.

Agustina:
(dirigiéndose a la h. Olvido que sigue callada y con las maletas) ¿Y usted...?

H. Herminia:
(anticipándose) La hermana no puede hablar, tiene promesa...

Agustina:
Ah... (deja de preocuparse por la h. Olvido y se agarra del brazo de su tía saliendo de la habitación)


(La hermana Olvido permanece en el salón con una maleta en cada mano. De pronto vuelve a entrar la h. Herminia con sigilo)

H. Herminia:
(sigilosa) ¿pero qué haces? Suelta ya las maletas...(buscando) allí (señalando un lugar detrás de un mueble pero a la vista del público)..., que no se vean mucho... La vieja Casiana es más lista que el hambre.

H. Olvido:
(resoplando) por fin... ¿Y ahora qué?

H. Herminia:
(misteriosa) Tú calladita... (con ironía) ya sabes que tienes promesa. Ven y no te separes de mí, así no habrá peligro...

(entra Casiana en el salón)

Casiana:
Ah, está usted aquí... que dice la señorita Alicia que la espera, que si no iban a rezar el rosario...

H. Herminia:
Ya voy. (como para Casiana) la pobre hermana Olvido... es un poco cortita y no quiero dejarla sola. Además como no habla... (empujando suavemente a la h. Olvido salen de la habitación), vamos, vamos, no te quedes aquí sola mujer...

Casiana:
(se apoya en un mueble y hace gestos de esperar lo peor) ¡Qué lío se avecina...! Doña Luisa se empeña en hacer siempre su santísima voluntad... como si los demás fuéramos tontos y no supiéramos de sus manejos... La pantomima acaba de empezar... por ahora nadie se ha dado cuenta... y es que los polvos de talco la han dejado... como muerta... (ríe)

(entra Alicia)

Alicia:
Tata... vengo un rato contigo... que mi madre y tía Herminia me tienen loca con letanías y padres nuestros... (se deja caer en la mecedora) La mecedora... ¿te acuerdas cuánto me gustaba de chica?... Abuelita me contaba cuentos aquí sentada y yo sobre sus rodillas... (llora sincera) ¿Por qué es así la vida...? ¿por qué no he podido despedirme de mi querida abuela? (mostrando desesperación) No sé que será de mí ahora sin ella... ¡con mi madre!...

Casiana:
(queriendo entender) ¿pues qué va a ser? Lo mismo, mi niña... la abuelita te seguirá cuidando... esté donde esté... , yo siempre aquí para ti... y ya sabes cuánto te quiere tu madre...

Alicia:
(para el público) si ella supiera...

Casiana:
seguirás con tus estudios de bichos... y cuando quieras te vienes aquí para que yo te cuide, como de chica... (se acerca a ella y acaricia su pelo mientras empuja la mecedora), te haré los dulces que te gustan... y juntas buscaremos ranas en la alberca del huerto, como de chica... Verás Alicita..., fíate de mí,...
(para el público) Si ella supiera...

Alicia:
(adormeciéndose con el meneo de la mecedora y las palabras de Casiana) ¡Qué sueño tan dulce, Tata!... Haces que me acuerde de mi infancia tan feliz... y parece que de nuevo soy una niña... y os tengo a la abuela y a ti...

Casiana:
Estás cansada de tanto ajetreo... ve a dormir, mi niña... Tienes tu cuarto preparado. No tienes edad de estar toda la noche en vela... para eso estamos las viejas.

(entra Agustina que ha escuchado las últimas palabras)

Agustina:
de eso nada... Alicia. Tú te quedas conmigo como está mandado ¡Vamos! ¿A quién se le ocurre no estar con tu abuelita (irónica) con lo que tú la querías? (a Casiana) y tú no le des ideas... que la niña ya no es tan niña y tiene que apechugar como todo el mundo...

Casiana:
(sorprendida con la reacción de Agustina) Agustina, hija..., ¿qué te ha dado?

Agustina:
(de mal humor) no me ha dado nada... que ya está bien de mimos para la niña... ¿y yo qué?...A partir de ahora las cosas van a cambiar... y mucho.

Casiana:
(para el público) no lo sabes tú bien...

Alicia:
(recriminatoria) Mamá, ya está bien... (más dulce) iré contigo... la abuelita se lo merece todo.

Casiana:
(manipulando descarada) Pero Agustina... lo suyo es hacer turnos... ¿para qué estar despiertas toda la noche con lo que nos espera mañana? Tenéis preparados los cuartos con las sábanas recién planchadas como a ti te gustan... Mañana, a eso de las ocho, llegarán los de la funeraria...

Agustina:
(bostezando) quizá tengas razón... Si... Alicita y yo descansaremos ahora (irónica)... ya que está tan cansada. Dí tú a mi tía Herminia que hagan ellas el primer turno... total... están acostumbradas al sacrificio...

(suena la esquila)

Casiana:
Será tu tía Clara. Ya me dijo que llegaría tarde.

Agustina:
(sobresaltada) Ah..., vamos Alicia..., no tengo ganas de más lloros...

(Agustina coge a su hija de un brazo y salen las dos precipitadamente del salón. Las sigue Casiana y enseguida se la escucha hablar con Clara y Carmelita, fuera y luego entrando en el salón)